Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
Antes de entrar en materia sobre el tema de hoy, quiero compartir el regocijo que embarga a los editores y colaboradores de LA PRENSA por haber sido galardonada con el prestigioso Premio Mundial a la Libertad de Prensa de la Unesco, Guillermo Cano. Esa presea de rutilante brillo también debe ser compartida por nuestros lectores, que diariamente están pendientes de las noticias y opiniones que ella nos trae, a tal punto de ser considerado con gran acierto por el presidente de la SIP, José Roberto Dutriz, “como una luz en medio de la oscuridad”. Esto se produce felizmente cuando LA PRENSA está en vísperas de cumplir un siglo al servicio de los nicaragüenses. Seguramente la Divina Providencia le tiene reservados muchos años más de vida, para alegría de sus miles de seguidores y un lacerante incordio, para aquellos que por hacer el mal, son por ella públicamente denunciados. A estos últimos no hay que hacerles caso y asumirlos como Don Quijote le sugería a su escudero: “Si los perros ladran, Sancho, es señal que cabalgamos”.
Pasemos ahora al tema de esta entrega: un amigo panameño, que se dedica al comercio y que acaba de regresar de Nicaragua, me preguntaba recientemente “si la gente de mi país no estará a punto de entrar en una profunda crisis”. Y al preguntarle la razón de tan extraña interrogante, me contestó: “Porque según pude constatar en una semana que estuve en Managua, allí no se respetan los derechos humanos y una pareja, junto con su familia, son las que hacen, deshacen y aplican las leyes como en los tiempos de los señores feudales”. “Para eso —agregó el panameño— cuentan con una guardia pretoriana que denominan Ejército Nacional y con una policía cipaya, ambas instituciones corruptas según escuché decir, que son las que mantienen en el poder a los Ortega-Murillo”.
Producto de estas meditaciones es la conclusión a la que he llegado, en el sentido de que si la dictadura continúa en su tarea ingrata de destruir el país es porque nuestros dirigentes democráticos no han estado a la altura de las circunstancias. Ahí está el 83 por ciento del pueblo nicaragüense, según la última encuesta de CID-Gallup, esperando como el Lázaro bíblico el brazo levantado que le diga: ¡Levántate y anda!
No voy a caer en el error, lamentablemente cada día más frecuente en nuestra clase opositora en el exilio, de estar criticando con acritud a nuestros compañeros. Desde mi punto de vista, todos los que desean prestar su concurso en nuestra causa libertaria deben ser bienvenidos, mientras no hayan cometido algún delito grave.
Si me he permitido hacer estas observaciones, lo hago con espíritu fraternal y pensando únicamente en el bienestar de Nicaragua. Tengo información fidedigna de que en un futuro cercano se van a presentar oportunidades que favorecerán la más pronta liberación de nuestra querida patria. Ya en Miami, algunos hermanos cubanos andan hablando públicamente de un Movimiento Continental, que sea encabezado por dirigentes democráticos de los 3 países que aún gimen bajo las tiranías del Socialismo del Siglo XXI. Es necesario acelerar los procesos de unidad para que estemos dignamente representados.
Debemos estar claros, de que cada día la dictadura Ortega-Murillo se debilita más como resultado de sus propias contradicciones. Su aislamiento (UE, OEA, ONU, Unesco) es francamente irracional y el deterioro acelerado de la calidad de vida de los nicaragüenses, ponen cada vez más en evidencia su inevitable caída. Es, por lo tanto, ineludible recordar lo que sabiamente nos advierte el escritor chileno José Piñera: “Cuando una nación pierde su coraje moral comienza a deambular por la historia con paso de náufrago”. Y no le falta mucho a la dictadura Ortega-Murillo para que se hunda en el naufragio total, debido a su falta de escrúpulos y moral comprobados.
Los nicaragüenses en el interior, sin caer en acciones temerarias, deben estar preparados para cuando llegue el glorioso día de nuestra liberación. Y a todos los que estamos en el exilio por causa política, se nos deberá permitir ingresar al país, para disfrutar de los beneficios de la democracia y de la libertad. Nadie nos podrá impedir el retorno a nuestra patria. ¡Volveremos! Y nuestra consigna patriótica siempre será: ¡Dictadura, nunca más!
El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).