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El nuevo papa es el primer pontífice norteamericano, un acontecimiento que ha generado gran impacto en toda la Iglesia. Nacido en Chicago —ciudad símbolo del progreso industrial, la diversidad cultural y la resiliencia urbana en la historia de Estados Unidos—, proviene de un entorno profundamente representativo del crisol de culturas estadounidense. Chicago ha sido un motor económico clave, cuna de movimientos sociales, del jazz y el blues, y un puente entre el Este y el Oeste del país.
Hijo de un obrero siderúrgico francés y de una maestra española con ascendencia italiana, el papa León XIV es un verdadero cóctel de nacionalidades. Este entorno multicultural lo llevó, naturalmente, a ser políglota. Tampoco puede pasarse por alto la relevancia de la Diócesis de Chicago en el contexto de la Iglesia norteamericana.
Su primera formación académica fue en Matemáticas. Antes de ingresar a la Orden de San Agustín, estudió una licenciatura en Matemáticas y Estadísticas en la Universidad de Villanova, propiedad de la misma orden. Villanova es la universidad católica más antigua de Pensilvania, fundada oficialmente en 1842, aunque con raíces que se remontan a 1796. Estos conocimientos, sin duda, le serán muy útiles en la urgente reforma financiera del Vaticano, una tarea en la que sus predecesores, Benedicto XVI y Francisco, trabajaron arduamente, pero que aún permanece inconclusa.
Realizó sus estudios secundarios en el Seminario Menor San Agustín de Holland, Michigan, bajo la tutela de la Orden de San Agustín, donde se graduó en 1973. Ingresó al noviciado el 1 de septiembre de 1977, a los 21 años, en la provincia de Nuestra Señora del Buen Consejo.
Obtuvo su licenciatura en Teología en la Catholic Theological Union (CTU) de Chicago, una institución independiente patrocinada por 21 comunidades religiosas masculinas —entre ellas, agustinos, franciscanos, pasionistas y claretianos—, caracterizada por su enfoque pastoral y progresista, así como por su promoción de la justicia social, la inclusión y el diálogo interreligioso.
Posteriormente, ingresó nuevamente a la CTU, donde obtuvo una Maestría en Divinidad en 1982. Durante ese período, además de su formación teológica, enseñó Matemáticas y Física en la escuela secundaria St. Rita of Cascia, lo que evidencia la permanencia de su vocación intelectual y científica.
Tras su ordenación sacerdotal en 1982, se trasladó a Roma para continuar sus estudios en Derecho Canónico en la Universidad Angelicum, donde obtuvo una licenciatura en 1984 y un doctorado en 1987. Su tesis doctoral se tituló El rol del prior local de la Orden de San Agustín.
La formación del nuevo papa es profundamente tomista. Le interesa el diálogo interreligioso, pero sin comprometer el magisterio de la Iglesia. Es un hombre abierto, respetuoso de la tradición, sofisticado, producto del rigor académico, con una base matemática, pero también comprometido con el legado de Francisco.
Cuando llegó al Perú, lo hizo como un hombre formado, con gran riqueza espiritual y una actitud abierta al aprendizaje. Sería fascinante escribir sobre sus primeros años en Chulucanas, en la región de Piura, así como sobre su experiencia como Superior General de los Agustinos durante 12 años (2001–2013). Cabe destacar que los agustinos tienen presencia en más de 50 países y en todos los continentes. Su liderazgo se caracterizó por la cercanía, la escucha activa y el compromiso con las realidades sociales y espirituales de las comunidades agustinianas.
El 30 de enero de 2023, el papa Francisco lo nombró prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Este cargo fue la catapulta definitiva hacia el papado. El Dicasterio es responsable de la selección y provisión de obispos en la Iglesia latina, así como de organizar la visita ad limina Apostolorum que realizan los obispos a Roma cada cinco años.
Durante su gestión, Prevost se destacó por su enfoque pastoral y misionero. Su experiencia en Perú, como misionero y obispo, le dio una perspectiva pastoral y una gran sensibilidad hacia las realidades de América Latina. Además, el cargo le permitió tener un contacto casi diario con el papa Francisco y adquirir una visión directa de los desafíos de la Iglesia.
Lo que he querido presentar en estas líneas son sus raíces norteamericanas, su mentalidad sajona, pragmática, oxfordiana, hija de la revolución industrial. No estamos ante la mentalidad italiana, producto del medioevo, de la Plaza de la Señoría en Florencia y de la belleza de la estatua del David de Miguel Ángel. Estamos ante un hombre moderno, que tiene sus ideas bien claras sobre los desafíos de la Iglesia ante la modernidad, la filosofía woke, el hedonismo y el materialismo propios de nuestro tiempo. Está claro sobre: “El papel de los medios en la fabricación y manipulación del imaginario colectivo, con objeto de favorecer opciones de vida anticristianas e identificar el mensaje cristiano con modelos y referencias antipáticos y odiosos”. Está claro: “Se trata de la contracultura de la nueva evangelización. Los medios occidentales de comunicación de masas son extraordinariamente eficaces en promover en la opinión pública una gran simpatía hacia creencias y prácticas contrarias al Evangelio: por ejemplo, el aborto, el estilo de vida homosexual y la eutanasia”.
No se equivoquen: el nuevo papa proviene de una Iglesia fuerte, rica en instituciones, pragmática, con un clero, seminarios y universidades generalmente mucho más preparados y a la vanguardia que los latinoamericanos, de los cuales todavía tenemos mucho que aprender.
El autor es abogado.