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Luego de más de 24 horas de silencio, los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo enviaron una carta al papa León XIV, quien resultó electo en el cónclave el pasado jueves 8 de mayo, y en su breve misiva de apenas dos párrafos, exhortaron al sumo pontífice a «contribuir a promover la paz».
«Al congratularle, deseamos expresar también nuestra aspiración de que desde su elevada responsabilidad pueda usted contribuir a promover paz, encuentro, concordia y los valores que la familia humana tanto necesita», señalaron los dictadores en la carta que Murillo —quien es vocera de la dictadura— leyó este viernes en su acostumbrada alocución ante los medios de la familia dictatorial.
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La vocera de la dictadura no se refirió el jueves a la elección del cardenal estadounidense con nacionalidad peruana, Robert Prevost Martínez. Sin embargo, la dictadura Ortega Murillo se ha referido en ocasiones anteriores al Vaticano como una «mafia».
Antes de ser papa conocía la situación de Nicaragua
Prevost fue parte de los obispos de la Conferencia Episcopal de Perú que enviaron al presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, monseñor Carlos Enrique Herrera, una carta en 2022 en la que expresaron su solidaridad ante la persecución religiosa en Nicaragua.
En la carta enviada a Herrera —quien fue desterrado por la dictadura el 13 de noviembre de 2024— los obispos expresaron su solidaridad a los católicos, quienes «han sido privados de su libertad» y asegura que los obispos peruanos observaron con tristeza «la agresión, destrucción de imágenes y símbolos religiosos católicos, golpeando con ello no solamente la sensibilidad religiosa de un pueblo creyente, sino también defendiendo las raíces cristianas que constituyen la idiosincrasia de esa nación».
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Aunque la misiva no puede atribuírsele individual y directamente al nuevo sumo pontífice, en el momento en que se envió la comunicación, Prevost se desempeñaba como segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana, lo que refleja, además de la cercanía con el papa Francisco, un conocimiento cercano sobre las crisis que enfrentan los países latinoamericanos, incluyendo Nicaragua.
«En medio del dolor y del perdón, que llena el corazón de los católicos nicaragüenses, se eleva un clamor de justicia y de respeto que le permita poder expresar sus propias convicciones con la libertad de quienes viven en una verdadera democracia», refiere la misiva.