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El miércoles 5 de marzo de 2025, la Iglesia católica empezó el tiempo de Cuaresma. Centenares de fieles nicaragüenses acudieron a los templos a que se les impusiera la ceniza en la frente, un signo que recuerda que «Polvo eres y en polvo te convertirás». Con este acontecimiento inicia un periodo de 40 días de reflexión y penitencia. Durante años la Iglesia católica de Nicaragua ha celebrado las actividades de cuaresma y triduo pascual en total libertad, exceptuando los últimos tres años.
En la Cuaresma de 2025, la represión a la libertad religiosa no se hizo esperar. Los católicos nuevamente están siendo víctimas de prohibiciones, asedios, vigilancia y amenazas ejecutadas por agentes de la Policía Nacional, que son los emisarios de la dictadura Ortega-Murillo, contradiciendo lo que establece el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, (DDHH) que mandata que: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”.
“No tienes permiso de salir a las calles con tus santos, si lo haces vas preso”, fue el ultimátum que profirió un agente policial a un sacerdote de Nicaragua mientras finalizaba la misa del Miércoles de Ceniza de 2025. Desde el año 2019 hasta abril de 2025 se han registrado 16 mil 563 (dieciséis mil quinientas sesenta y tres) prohibiciones a las actividades de piedad popular que se desarrollan en Nicaragua. La intensidad y el grado de intimidación varía dependiendo de la presencia policial. Existen comarcas a lo interno del país donde las celebraciones religiosas son menos afectadas, pero no significa que sean completamente libres.
Los católicos continúan manifestando su fe participando en las actividades de religiosidad popular celebradas en esta época, a pesar de las prohibiciones y amenazas que reciben de parte de la dictadura por medio de sus órganos de represión. Los fieles asisten a las procesiones “intramuros”, pero no se pueden expresar su devoción cristiana públicamente en las calles, para evitar ser secuestrado como en su momento lo fue el joven poeta Carlos Bojorge, que el 1 de enero de 2024 fue encarcelado por gritar “¡Viva Cristo Rey!”en Catedral de Managua.
La persecución religiosa es liderada por la co-dictadora Rosario Murillo, quien utiliza un discurso contradictorio que se contrapone entre lo que vocifera y lo que se ejecuta. En el monólogo del recién pasado Lunes Santo 2025, dijo lo siguiente en los medios de comunicación oficialistas al servicio del poder dictatorial: “Conscientes como estamos que la fe nos une, la fe genuina, la fe verdadera, esa certeza de nuestra fe cristiana, la hermandad solidaria de un pueblo que ama a Jesucristo, un pueblo que reza a Jesucristo, un pueblo que proclama a Jesucristo como príncipe de la paz y del amor”. Sin embargo, la realidad es otra, y es la que sufren los obispos, sacerdotes y fieles que viven un reincidente calvario por la represión sandinista.
La dictadura sandinista con sus ataques y persecuciones en 16,563 ocasiones ha crucificado al pueblo católico, que tiene la esperanza de que, aunque el camino sea largo y difícil, al final podrán proclamar “¡Gloria! ¡Cristo ha Resucitado!”
La autora es abogada y notaria.