Cómo terminan las dictaduras

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Desde los albores de la Independencia de nuestros países hasta nuestros días, nuestros próceres y más recientemente nuestros políticos sensatos han advertido a nuestra juventud sobre el peligro que se cierne sobre nuestras repúblicas cuando una persona, hombre o mujer, aprovechando la coyuntura que el destino les depara, pretenden perpetuarse en el poder.

Sobre la falta de interés por la alternabilidad política que caracteriza a esas personas, ya lo decía el Libertador Simón Bolívar: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerlo y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía”. O como decía más recientemente el doctor Oscar Arias, Premio Nobel de la Paz: “Sólo los tiranos se aferran al poder”. 

En la convulsionada historia de América Latina “son incontables sus muertes y daños” como diría nuestro gran panida Rubén y si logran sobrevivir a los avatares de la vida, no hay uno solo de estos dictadores que no haya sido acusado de graves violaciones a los Derechos Humanos en perjuicio de sus conciudadanos. Algunos, como el ecuatoriano Gabriel García Moreno, tuvieron hasta la osadía de exigir a sus corifeos, que cuando muriera sus restos mortales deberían ser velados y enterrados en el túmulo con la banda puesta y el solio presidencial. Y así lo hicieron.

En Nicaragua, todo parece indicar que el dictador Ortega va por el mismo camino del ecuatoriano, ya que se está acercando a los 50 años de desgobernar desde arriba y desde abajo. En el tiempo que lleva de estar ilegítimamente haciendo desastres y destruyendo todo lo bueno que había en el país (¿ignorancia o mala fe?) han pasado, por ejemplo, 11 presidentes por el gobierno de Costa Rica, todos electos democráticamente y sin ninguna queja de fraudes electorales como ocurre frecuentemente en nuestro desventurado país.

Los resultados están a la vista: mientras el Índice del Planeta Feliz, de circulación mundial, ha clasificado a Costa Rica como “el país más feliz del mundo” (entre 141 países examinados) los nicaragüenses aparecemos en todas las estadísticas como el más desgraciado, por culpa de la pandilla de facinerosos que han asaltado a la nación montados sobre las bayonetas.

En artículos anteriores, refiriéndome a los dictadores, he sostenido reiteradamente “que quien mal anda, mal acaba”. Tengo una larga lista de estas alimañas, pero por razones de espacio solo me voy a permitir presentarles y muy brevemente, dos casos basados en personalidades que fueron famosos en sus tiempos y que acompañados, cada uno, por su corte de serviles, terminaron tristemente repudiados por sus pueblos y en el basurero de la historia.

Estos son:

Haile Selassie (1892-1975) etíope.

• Gobernó Etiopía desde 1930 hasta 1974.

• Tenía 2 millones de esclavos.

• Su fortuna: 15 mil millones de dólares.

• Una huelga general de 4 días lo destronó.

• Sus últimos días los pasó junto con su familia en prisión.

• Sus custodios le daban diariamente un vaso de agua por alimentación.

Benito Mussolini (1883-1945) italiano.

• Fundó el partido fascista.

• En 1922 encabezó la Marcha sobre Roma. Seguidamente el rey Víctor Manuel le encargó formar gobierno.

• En 1945 fue capturado por los partisanos junto con su mujer, Claretta Petacci, en el rincón de un camión donde estaban escondidos. Ambos fueron inmediatamente fusilados.

Tanto el dictador etíope como el italiano trataron con suma crueldad a sus pueblos, reprimiéndolos, desterrándolos, asesinándolos, obligándoles a hacer cosas que no querían, todo por perpetuarse en el poder. Hasta que un día… En otras palabras, anduvieron mal por lo que terminaron mal. Es lo que ha ocurrido siempre, no sólo en Europa y otros continentes sino también en nuestra América con las dictaduras de los Trujillo, Somoza y muchos más. Esto debe ser motivo de reflexión, principalmente para nuestra juventud, que no tiene razón alguna para prosternarse o doblar la cerviz frente a la dictadura bicéfala, que para desgracia de los nicaragüenses hoy rige el destino de nuestra querida patria.

Todas las dictaduras caen y por el curso que van tomando los acontecimientos estoy seguro de que la de Nicaragua también caerá.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

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