CONTENIDO EXCLUSIVO.
Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
Al filósofo lo llegaron a capturar a su casa luego de que, por varias semanas, estuvo publicando reflexiones en Facebook sobre su visión de la dictadura. En cada publicación no tenía más de diez manitas alzadas y solo de vez en cuando alguien compartía sus pensamientos, pero eso no importaba.
Lo que interesaba para los soplones que lo habían denunciado a las autoridades era que alguien sin descaro ni pudor todavía se atrevía en ese país a criticar al dictador y eso traía consecuencias.
Así fue como el filósofo fue sacado a golpes y patadas de su casa por doce policías que no tenían idea de a quién apresaban, sólo les habían advertido que la persona era peligrosa y capaz de corromper a cualquier mente desprevenida, y por eso usaban pasamontañas, cascos protectores, pecheras y armas de alto calibre.
En abril yo seguía viva
Ese relato no proviene de un archivo judicial ni de un reportaje periodístico: forma parte del libro En abril yo seguía viva y otras historias verdaderas, del escritor nicaragüense Arquímedes González, uno de los autores más persistentes en la construcción de una memoria literaria de los sucesos trágicos de abril de 2018 en Nicaragua.
Su nuevo libro, basado en testimonios reales de tortura en cárceles nicaragüenses, lo presentará el próximo 14 de abril en San José, Costa Rica, como una forma de conmemorar el inicio de la represión que aún sacude al país.
Junto a esta obra, González ha publicado también Como esperando abril y Amanecer en Venecia, novelas que narran los orígenes de la insurrección cívica y las consecuencias personales, políticas y espirituales de vivir bajo una dictadura sangrienta como la de la familia Ortega Murillo.
A criterio del escritor González, sus obras no sólo documentan la crisis, sino que desafían el silencio forzado, manteniendo viva la lucha por la justicia y la democracia. «Recurro a la memoria como un método de resistencia contra el olvido», dice González.
Para él, lo que ha pasado en Nicaragua no es algo temporal y tampoco normal, por lo cual escribir se convierte en un acto de resistencia: «Recordá que hay 355 personas que mataron a balazos, más de 400 desterrados, cientos de torturados, personas desaparecidas… es importante no olvidar esto y que se diga a través de la literatura».
Lea además: Periodista y escritora presenta «Crónicas de Abril», libro sobre lo ocurrido en Nicaragua en 2018

Contra el olvido, la literatura
A pesar del bozal impuesto por ley del régimen, la producción literaria y periodística desde 2018 demuestra una resistencia cultural significativa, con más de 50 obras publicadas en diferentes géneros y formatos.
Entre los libros se encuentra Crónicas de abril, la verdad sobre la rebelión de 2018 en Nicaragua, de Gabriela Selser, una mezcla de testimonio y crónica periodística. “La verdad son los hechos que nosotros mismos presenciamos y documentamos. La verdad son los paramilitares disparando a la gente indefensa…”, expresó la autora cuando presentó su libro en 2023 en Costa Rica.
Ahora vive en el exilio, como más de 300 periodistas y escritores nicaragüenses.
En su novela Un silencio lleno de murmullos, la poeta y escritora desterrada Gioconda Belli vuelve a hablar de la historia de Nicaragua a través de un drama humano entre una madre y su hija, marcado por las dos dictaduras que han ensangrentado al país: la de la familia Somoza y de la familia Ortega Murillo.
La autora lo dice sin rodeos: “El título va dedicado a las voces silenciadas por la represión, que siempre encuentran formas de hacerse oír”.
Libros como El preso de la celda 106, de Róger Martínez; Me duele respirar, de Carlos Alemán Rivas; y El preso 198, de Fabián Medina (perfil del propio dictador Daniel Ortega), ofrecen desde el testimonio, la poesía o la biografía no autorizada, una serie de fragmentos de este país desgarrado desde aquel abril.
El fotoperiodista Óscar Navarrete, desde el exilio, también sumó su aporte con Mi nombre es abril, un fotolibro que narra con imágenes y silencios el luto, el dolor y la resistencia de quienes salieron a las calles y no regresaron.
Mientras tanto, libros de crónicas como VolcáNICA, de Sabrina Duque, o el cómic Bestias, del periodista John Carlin, capturan desde las crónicas o la sátira visual el alcance internacional de la figura de los Ortega y Murillo, vistos como dictadores brutalmente anacrónicos en el siglo XXI.
Otros autores han apostado por la ficción poética y narrativa, como Camilo Chavarría con Abril y Casas rotas; Francisco Larios con Parece una República; o Carlos Salinas, autor de la biografía no autorizada Yo soy la mujer de la comandante, centrada en la figura siniestra de Rosario Murillo.
Desde el ensayo y la reflexión política también han publicado textos clave como La insurrección cívica de abril, de Hellen Castillo; Anhelos de un nuevo horizonte, de Alberto Cortez y Umanzor López; y Entre rebelión y dictadura, de Sergio Cedeño, todos ellos abordan desde diferentes ánulos cómo se gestó una rebelión ciudadana tan masiva y cómo la aplastó con saña el régimen obsesionado con el control.
El libro interactivo Ama & construye memoria (2021), o la compilación visual Fotos de abril, de la UCA (2019); así como El báculo del destierro, de José Antonio Cardoza, entre otros, completan este inventario de memoria con recursos digitales y documentales que escapan a la censura oficial.
Lea también: Sergio Ramírez: «La represión en Nicaragua está en todo su furor»

El intento por silenciar abril
Desde aquel abril, cuando miles de jóvenes y ciudadanos tomaron las calles para protestar por reformas impopulares y fueron brutalmente reprimidos, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha intentado sepultar la memoria bajo toneladas de propaganda, discursos de odio, leyes de censura, persecuciones, prisiones, desnacionalizaciones, destierros y más.
Con decretos como el “Día Nacional de la Paz”, campañas escolares coreografiadas y discursos místicos pronunciados en cadena nacional, el régimen ha querido instalar su versión de los hechos: que abril fue un golpe de Estado, patrocinado por potencias extranjeras y ejecutado por una oligarquía traidora.
“Pero la verdad persiste en los libros”, dice una antigua catedrática de Literatura de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua y excatedrática de Humanidades de la Universidad Centroamericana (UCA).
Desde el anonimato por razones de seguridad y desde el retiro laboral, ella comenta con “mucho agrado y con cierto asombro”, que durante siete años, la dictadura Ortega Murillo “ha desplegado un esfuerzo titánico y tiránico por borrar, manipular y reescribir los hechos de abril de 2018”.
“Frente al repudio internacional y la indignación nacional, el régimen ha elegido el camino del terror narrativo: mentir, censurar, perseguir, encarcelar y desterrar a quienes se atrevieran a contar lo ocurrido”, valora.
Y continúa: “Desde entonces Murillo, la vocera y artífice de la campaña de mentiras, ha intentado imponer una contramemoria oficialista, en la que se presentan como víctimas de un supuesto golpe de Estado, orquestado por potencias extranjeras y una oligarquía traidora”.
Indica que esta narrativa, “vacía de pruebas y llena de odio”, la han acompañado con leyes, decretos y propaganda. Este año, Murillo ha anunciado con rabia y odio que “celebrarán” el Día Nacional de la Paz, el 19 de abril, con una marcha obligada de los trabajadores del Estado, policías y paramilitares.
“Pero ni los decretos ni las amenazas, ni la cárcel ni el destierro han sido suficientes. A siete años de la masacre, el intento de disfrazar el terror como ‘paz’ ha fracasado. Los hechos resisten y la memoria sigue viva en libros de cuentos, novelas, poemas, relatos de exilios, noticias internacionales, libros de fotografías y redes sociales”, redacta la excatedrática.
“Como en la plaza Tiananmen de China, el régimen pretendió borrar abril. Pero Nicaragua no olvida y a como repite ella en su derrota solitaria: ‘con la memoria no pudieron ni podrán’”, dicta.
Le puede interesar: Como esperando abril: un libro para no olvidar la masacre de 2018 en Nicaragua

Cada palabra cuenta
El periodista nicaragüense Octavio Enríquez, exiliado desde hace años por ejercer un periodismo de investigación que incomodó a la dictadura Ortega Murillo, dice que cada palabra publicada cuenta para mantener viva la memoria.
A la distancia, Enríquez ha encontrado un nuevo lugar desde donde seguir su lucha: la lectura y la escritura como resistencia, como refugio y como desahogo.
Para él, cada uno de estos libros representa una piedra del edificio de la historia verdadera de Nicaragua. “La versión de Murillo es lo contrario: violencia, insultos y muerte. Creo que ella y Ortega han hecho un buen retrato de lo que son”, dice.
“Es una lucha entre la mentira y la verdad. Pero también entre el olvido que el régimen quiere imponer y la memoria que debemos tener presente. En una democracia, no sólo sería esto. También la denuncia bien fundamentada daría pie a que los responsables de las violaciones de derechos humanos rindan cuentas ante la justicia”, dice el periodista.
Al respecto, también citamos a un exdocente de la UCA, quien, como lector y experto en comunicación, analiza el fenómeno de la producción literaria post 2018.
Para él, la lucha de la dictadura por imponer su narrativa es una batalla perdida para Ortega y Murillo, como lo fue para el fascismo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
“Ha pasado casi un siglo, 80 años, desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, la producción de testimonios, libros, documentales, películas, archivos sigue en marcha porque el fascismo y el nazismo deben ser repudiados en tanto haya seres humanos sobre la faz de la Tierra”, dice.
Lea además: Gioconda Belli sobre su exilio: «Nada ha sido en vano, no creo en la absoluta decepción»

Derrotados en literatura y memoria
En el caso de Nicaragua, señala, apenas han transcurrido siete años desde la masacre del movimiento popular que se tomó las calles y le demostró a Ortega de quiénes eran esas calles.
“Tanto efecto tuvo esa manifestación cívica que Ortega ya no pudo reeditar aquellas masivas celebraciones en la plaza los 19 de julio”, reconoce el analista de Comunicación.
“A esa disputa física, que Ortega saldó con persecución, balas, muerte, sangre, exilio, cárcel, persecución e insultos cotidianos, se une una disputa simbólica que aún no se resuelve. Ortega vende la idea de que él, un David, fue atacado por un Goliat, ‘el Imperio Yanqui’. Él se presenta como el Sandino de nuestros tiempos y todos los que se le rebelaron son los traidores de la patria”, compara.
Para él, la guerra por la memoria de los sucesos se enfoca en una disputa por los símbolos. En la narrativa y la literatura, Ortega y Murillo la tienen perdida.
La literatura: “Acá Ortega las tiene feas. Ha vaciado el país de intelectuales y no tiene quién le escriba. Pero del otro lado tampoco hay mucha producción. El peso de la memoria ha estado sobre los hombros de periodistas y activistas de los derechos humanos. Por eso Ortega necesitaba vilipendiarlos, encarcelarlos y expulsarlos».
Lea también: Darle voz a las noticias lo llevó al exilio: historia del poeta José Cardoza

Rabiosos en abril
«Sergio Ramírez (Tongolele no sabía bailar), Gioconda Belli (Un silencio lleno de murmullos), Gabriela Selser (Crónicas de abril), Arquímedes González (Como esperando abril y Amanecer en Venecia), Roberto Samcam (Ortega el calvario de Nicaragua) están vedados en Nicaragua. También lo están quienes han producido documentales, informes y testimonios”.
La memoria: “Daniel Ortega y Rosario Murillo quisieran despertar con el milagro de que a Nicaragua llegó la peste macondiana, y que todo el mundo perdió la memoria. Pero eso no ocurre. Y por eso abril lo llenan cada vez más de gritos, insultos y actividades a las que van los obligados».
«Del otro lado persiste la memoria por la labor de activistas, víctimas de Ortega y organismos de derechos humanos que son relevados en los relatos de los medios y las palabras en foros mundiales que no dejan de asombrarse de la transformación del revolucionario en exterminador”, dice.
Para el analista, esta disputa por la memoria de lo que realmente pasó en Nicaragua se comenzará a saldar con la extinción de la dictadura de Ortega y Murillo.
“Luego se deberá desintoxicar al país del ortegato, hacer justicia para las víctimas y mantener vivas para siempre las razones por las que ocurrió la gesta de abril de 2018, a como lo cantaba Carlos Mejía Godoy: “Cuando los afiches del tirano sean referentes de una vieja historia…”.
CONTENIDO EXCLUSIVO.