Tiempos de soñar y de cumplir

El apóstol cubano José Marti escribió uno de los libros más representativos de su grandeza, La Edad de Oro, 1889, una publicación que concibió, en principio, como una revista cultural dedicada a los niños de América. Solo fueron cuatro números, a pesar de cuya brevedad han dejado una huella profunda en los que la leímos.

La niñez es el tiempo de soñar y de jugar; la juventud, el de empezar a cumplir la obra de la vida, una ruta que puede ser muy complicada y hasta traumática, no obstante, todos debemos acometerla porque solo así “la muerte no es verdad”.

La juventud en cualquier lugar del mundo, particularmente donde los derechos ciudadanos están en riesgos, es la primera en abrazar quimeras sin importarle las consecuencias, sin embargo, en democracia, cuando el usufructo de las libertades no corre peligro, la mayoría de los jóvenes tienden a vivir en un estado de relajación que les conduce a postergar el cumplimiento de sus deberes cívicos. No obstante, hay notables excepciones como pudimos apreciar en el Primer Encuentro Internacional de Jóvenes con la Memoria Histórica Cubana, que se celebró recientemente en la Universidad Internacional de la Florida.

Ese Primer Encuentro convocado por varias instituciones del exilio cubano fue presidido y organizado por el doctor Daniel Pedreira, un Pino Nuevo con un alto sentido del deber. Pedreira, reunió, virtual y físicamente, a un grupo notable de jóvenes radicados en diferentes países bajo el denominador común de querer reconstruir la república que perdimos.

El evento se desarrolló durante todo el día y fue organizado en cinco mesas de trabajo que abordaron temas diferentes: La memoria histórica en las redes sociales; la investigación histórica en el postotalitarismo; el exilio como reservorio, fuente de tradiciones y lucha por los valores de la nación cubana; la recuperación y restauración de la historia de Cuba; resistencia y lucha por la democracia: perspectivas de las nuevas generaciones sobre el legado totalitario.

Fue impresionante ver a tantos jóvenes discutir sobre el futuro de Cuba, muchos de ellos, como el propio Pedreira, nacieron lejos de la Isla y, aun así, conocían la historia y conversaban fluidamente en la lengua de sus abuelos y padres, sobre el pasado y futuro de la Patria común.

Fue mucha satisfacción escucharlos. El trabajo que se impusieron sus mayores de que no perdieran sus raíces fue fructífero y es de esperar que contribuyan, como así lo expresaron muchos, en la construcción de un país mejor a la vez que sigan contribuyendo en el progreso de la nación en la que residan.

Estuvieron presentes, aunque con una participación muy tangencial, representantes de otras generaciones, entre otros, Ramiro y Carmen Gómez, los hermanos Ángel y Armando de Fana, Saturnino Polon, Sebastián Arcos Cazabon, director del Instituto de Estudios Cubanos de la FIU, una de las instituciones patrocinadoras del encuentro, Luz Martínez y Enrique Ruano.

La experiencia fue muy relevante. Escuchar al joven Pedro Pérez sobre sus experiencias en Ucrania y la importancia de trabajar por el futuro de Cuba, oír a la señorita Yoryana Lima, hace pocos años salió de Cuba, comentar sobre sus esperanzas de un futuro mejor para nuestro país, fue conmovedor y edificante, al igual que ver al actor Ricardo Becerra, trabajó en la película Plantados, expresar que conoció mucho mejor la crueldad e injusticias del totalitarismo al trabajar en ese film, por cuya razón no deja de denunciar sus abusos, convence a todos que los muchos que cayeron en esta lucha por la democracia en Cuba y la prisión de tantos, no ha sido en vano, porque como comentó la activista Kiele Cabrera “estamos todos unidos en crear estrategias para contrarrestar las narrativas del régimen y prepararnos para la transición democrática adentro de Cuba».

Cierto que la juventud no vuelve, pero lo que sembramos en ella puede ser útil para el futuro de muchos y el propio. Sería muy conveniente que los cubanos repitamos esta experiencia que fue conducida tan brillantemente y que los políticos de nuestro hemisferio les confieran espacios públicos a las nuevas generaciones de sus respectivos países. La juventud es un divino tesoro y lo que sembramos en ella es para siempre.

Gracias a Arcos Cazabon, Ángel de Fana y los doctores Ramon Barquin y Daniel Pedreira por un esfuerzo con tan excelentes resultados.  

El autor es periodista cubano.
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