El embajador de Nicaragua ante el Reino de Bahréin, concurrente desde el Estado de Kuwait, Mohamed Lashtar, recibe el reconocimiento para Nicaragua. Foto de El 19 Digitial

Cómo es Bahréin, el país árabe que reconoció a Nicaragua «por fomentar la paz, la seguridad y la armonía»

Aunque Nicaragua y el Reino de Bahréin son países con costumbres y culturas totalmente distintas, sus gobernantes tienen prácticas autoritarias idénticas

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La dictadura de Daniel Ortega anunció a través de sus medios oficiales que Nicaragua recibió un «reconocimiento por fomentar la paz, la seguridad y la armonía entre las naciones» de parte del Centro Internacional Rey Hamad para la Convivencia Pacífica Global, un organismo gubernamental del Reino de Bahréin.

La distinción de este país de Medio Oriente fue recibida por el embajador de Nicaragua en Bahréin, Mohamed Lashtar, sobrino del dictador libio asesinado, Muammar Gadafi. Lashtar es de origen libio, nacionalizado nicaragüense y es embajador del régimen en otros países árabes.

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La nota publicada por los medios oficiales resalta que el jeque Abdullah bin Ahmed al Khalifa, ministro de transportes y comunicaciones y presidente del Centro Internacional Rey Hamad para la Convivencia Global Pacífica, «elogió los esfuerzos sostenidos de Nicaragua en el impulso y apoyo de iniciativas pacíficas y su valiosa contribución a la cooperación internacional». 

Aunque Nicaragua y el Reino de Bahréin son países de dos continentes diferentes, con costumbres y culturas totalmente distintas, sus gobernantes tienen prácticas autoritarias idénticas, que los han mantenido en el poder por mucho tiempo. En el caso de Bahréin, la dinastía de la familia Al Khalifa lleva en el poder más de 200 años.

¿Cómo es el reino de Bahréin? 

El Reino de Bahréin es un Estado formado por varias islas ubicadas en el Golfo Pérsico, entre Arabia Saudita y Qatar. Sus principales recursos son el petróleo y las perlas, además que tienen una ubicación estratégica en el Golfo pérsico, lo que hace de este país un aliado importante para los otros países de la región.

El reino de Bahréin lleva más de 200 años bajo la dinastía de la familia Al Khalifa, que profesan la religión islámica sunita e imponen sus creencias sobre la población, que es mayoritariamente de creencia chiita, otra rama del Islam.

Actualmente el rey de Bahréin es Hamad al-Khalifa, un gobernante que al igual que Ortega ha recurrido a la brutalidad para apaciguar las protestas en su contra.

Hamad al-Khalifa. Foto Tomada de internet

En 2011, el Reino de Bahréin fue sacudido por una ola de protestas alentadas por la llamada «primavera árabe», que significó la rebelión ciudadana contra las monarquías y gobiernos autoritarios de los países de Medio Oriente. Los manifestantes pedían el fin de la monarquía y exigían más espacios para los representantes chiitas.

El rey Hamad respondió al descontento con represión y brutalidad, según reportaron en 2011 los medios de comunicación que luego fueron expulsados del país.

Los protestantes resistieron los primeros actos de represión a cargo de la policía e incluso se llegaron a tomar importantes espacios urbanos del país, pero los ataques se volvieron cada vez más mortíferos, lo que tras los años ha llevado al país a una tranquilidad ficticia, impuesta por la crueldad con que son tratados los opositores.

Opositores muertos o condenados a cadena perpetua

El medio internacional BBC, que tenía una corresponsalía en Bahréin, reportó durante el clima de represión que un tribunal militar en Bahréin condenó a muerte a cuatro manifestantes opositores que fueron declarados culpables de matar a dos policías durante la ola de protestas en febrero y marzo de 2011. Otros tres manifestantes fueron condenados a cadena perpetua.

Los últimos años, Amnistía Internacional ha seguido reportando la detención de opositores, en su mayoría chiitas; torturas, malos tratos y negación de atención médica a los presos políticos, además de acusaciones sin pruebas y juicios injustos a quienes se siguen pronunciando contra la monarquía.

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Las autoridades han continuado hostigando y persiguiendo a quienes expresan críticas, reprimiendo algunas protestas pacíficas y con frecuencia impiden el acceso de chiíes a la principal mezquita de esta confesión en Bahréin, lo que significa una violación a la libertad religiosa.

Bahréin elige a sus gobernantes y diputados por voto popular, sin embargo, todo está bajo el control de la dinastía. Cada período electoral, las votaciones son denunciadas por sus grandes irregularidades y falta de transparencia, que dejan en el poder a los mismos funcionarios y a los aliados de la dinastía.

El parlamento de Bahréin es otro órgano bajo el control de la dinastía Al Khalifa, que sólo da trámite a las leyes del rey.

Todo esto explica por qué el Reino de Bahréin premia a Nicaragua por «la paz, la seguridad y la armonía» que ha puesto el dictador Daniel Ortega en el país a punta de represión armada contra los opositores y censura a todas las libertades públicas. 

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