I de II entregas
A lo largo de sus 99 años de existencia que se cumplieron el pasado 2 de marzo, el Diario LA PRENSA, decano del periodismo nacional, ha pasado muchos momentos críticos para sobrevivir hasta el punto donde ha llegado ahora, a un año de su centenario.
Son muy pocas las empresas en Nicaragua que han llegado a cumplir los cien años, que yo recuerde, solamente una: la Nicaragua Sugar Estates Limited, fundada en 1890 por don Francisco Alfredo Pellas.
A mis 73 años he vivido, la mayor parte, los principales momentos del Diario LA PRENSA desde que la casa de mi abuela Margarita Cardenal de Chamorro quedaba puerta de por medio del edificio donde diariamente despertaba la inmensa rotativa que a su vez salpicaba el ambiente todas las tardes de mi infancia con el olor a papel y tinta.
Allí aprendí durante las vacaciones del colegio, motivado siempre por mi padre, los primeros trabajos remunerados en mi vida, que fueron limpiar las placas de los linotipos que se ocupaban para hacer las conchas fundidas que luego se montaban en la rotativa para imprimir el diario en un proceso llamado letterpress, o impresión por relieve y presión.
La rotativa fue destruida por el terremoto del 23 de diciembre de 1972, pero ya para entonces LA PRENSA había adquirido 4 unidades de una nueva y moderna rotativa offset Goss Urbanite o impresión en frío que se había instalado en un nuevo edificio contiguo que sufrió daños menores. No así la casa de mi abuela Margarita y el antiguo edificio de la calle El Triunfo, que tuvieron que ser abandonados porque quedaron muy dañados.
Yo estudiaba en Montreal, Canadá y supe en la lejanía de aquella tragedia humana y más tarde, de la titánica tarea a la que se abocó mi padre con mi tío Javier y mi tío Carlos Holmann para trasladar LA PRENSA con su rotativa offset a una bodega ubicada en el kilómetro 4.5 Carretera Norte donde está ubicada actualmente y durante 3 meses el diario no circuló.
No fue sino hasta el 1 de marzo de 1973 que LA PRENSA volvió a circular con una crónica espectacular sobre el terremoto escrita por Horacio Ruiz bajo el título “En 30 segundos solo Hiroshima y Managua… un ensayo del juicio final”.
Fue entonces, que entre todos los telegramas de felicitaciones que recibió mi padre, llegó uno de particular interés que mi padre atesoraba y conservaba bajo el vidrio de su escritorio como para recordarlo todos los días. Era de su amigo, el poeta José Coronel Urtecho y decía así: “Telegrama 22-22-22: Felicitaciones reaparición La Prensa. Para la conciencia del país cuando La Prensa deja de salir es como si no sucediera nada o todo fuera mentira”.
Irónicamente, en nombre de este gran poeta nicaragüense el régimen ha rebautizado las instalaciones confiscadas de LA PRENSA nombrándolas “Centro Cultural y Politécnico José Coronel Urtecho”. Para remate, ha colgado en sus paredes un poema del poeta titulado “El pasado no volverá”, mientras paradójicamente el pasado que repudió el poeta, sólo que mejorado y aumentado, ha tocado nuevamente las puertas de LA PRENSA y de nuestra historia.
Poco antes de que cayera la dictadura de Anastasio Somoza, este ordenó el bombardeo aéreo y terrestre de LA PRENSA que fue incendiada totalmente el 11 de junio de 1979 en el sitio donde fue trasladada después del terremoto en el kilómetro 4.5 Carretera Norte. Al comenzar de nuevo de cero, en agosto de 1979 recibimos donaciones de entidades que un día recibieron el apoyo de LA PRENSA, entre ellas la alianza antisomocista UDEL, que días antes de la Revolución del 79 había sido allanada por la guardia somocista.
Entre los objetos donados a LA PRENSA me encontré un escritorio que reconocí de inmediato porque era el antiguo escritorio de mi padre y al limpiar el polvo sobre el vidrio quebrado a culatazos meses antes por la guardia durante el allanamiento a UDEL me encontré el famoso telegrama de José Coronel Urtecho y junto al mismo un pensamiento sobre el poder y la razón, escrito con la máquina de escribir de mi padre —como para recordarlo también diariamente— no sé si era de él o lo tomó de alguien, pero es muy realista y actual.
El pensamiento dice así: “Tiene poder, quien además tiene la razón, si se tiene el poder y no se tiene la razón, de poco sirve el poder y si se tiene la razón y no se tiene el poder, de nada sirve tener la razón”. Allí lo dejo para una reflexión.
Tomé el escritorio de mi padre, lo reparé porque le faltaba o tenía desprendida una de sus patas y lo trasladé de la bodega del Club Nicasio a mi improvisada oficina ubicada en el patio de LA PRENSA dentro de un viejo contenedor que sirvió también de laboratorio fotográfico durante aquella dura etapa de la segunda reconstrucción de LA PRENSA, posterremoto y post Somoza.
Desde aquel escritorio redacté mis primeros artículos críticos al proceso revolucionario desde agosto de 1979, cuando LA PRENSA volvió a salir como el ave fénix levantándose desde la rotativa del diario El Centroamericano de León.
Era una operación logística muy complicada donde el diario se levantaba en Managua y viajaba diariamente en negativo a León, donde se quemaban las planchas y se imprimía en una pequeña rotativa offset que nos alquilaban los dueños que decidieron por razones económicas no volver a publicar su propio diario.
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados”.