Evidentemente, el espíritu unionista de las repúblicas centroamericanas fue comprendido por las naciones, cuyos pabellones se visten de azul y blanco. Y lo que se llama en nuestros tiempos el Convenio CA-4, hace todavía posible el legado del adalid hondureño Francisco Morazán, seguido de los estadistas Justo Rufino Barrios de Guatemala y José Santos Zelaya de Nicaragua. Ignoro sobremanera si el unionismo de dichos forjadores deba referirse a un simple trato de países vecinos, y porque solo comparten el nacimiento como naciones. Estrictamente eso no significa hermandad en materia de derechos humanos.
La difusión de “Unión” en Centroamérica, creo que llegó a entenderse más sobre las febriles pasiones para enfrentar el yugo extranjero en dos facetas de principios del siglo XIX: el colonialismo y la anarquía. Para en la modernidad libérrima, el seguimiento de unionismo se enmarcó sobre todo a la impositiva intervención washingtoniana.
Me han de tachar de displicente en caso de consentir a la Doctrina Monroe, la hegemonía por la que se encargaría de equilibrar la discordia bélica, por supuesto bajo propósitos de ocupación; ¿y con qué otra óptica puedo ubicar este virulento episodio, si tuvo que ser necesario?
Esta imprudencia podría costarme el linchamiento de insurgentes. Aunque por libre pensador, no sería de mayor gravedad la imprudente postura de mi parte, como la del gobierno de la República de Costa Rica, en la persona de la señora Laura Fernández, quien, entrevistada, en su respuesta ha herido susceptibilidades de nicaragüenses en estado de impotencia civil, a las radiantes luces en las que ocho años, han esperado justicia y libertad.
Esta joven dama, que apenas está iniciando su gestión en la primera magistratura de Costa Rica, recibió con gran lujo a las tres últimas Miss Universo. Hasta aquí nada por discutir, es tan solo que una de las convidadas, naturalmente, fue la Miss 2023 Sheynis Palacios. La victoriosa dama de esa codiciada corona no ha podido gozar su laurel con su propio pueblo, en Nicaragua, sin duda está restringida y con certeza doña Laura lo sabe a todas las claras. ¿No se le hace a la señora presidenta de Costa Rica, fatal indignación por la que una mundialista de belleza, históricamente prohibida de entrar a su país, deba fingir óptima felicidad?
Y entonces, en discurso populista resalta que los nicaragüenses tenemos el gobierno que elegimos, para luego agregar en su perorata aclarativa: “A duras penas me alcanza para arreglar los problemas de Costa Rica, como para yo irme a meter en problemas ajenos”. Esto, luego de ser atacada por su tocaya y antecesora Laura Chinchilla, a quien increpó indirectamente de majadera. Esto no resulta nada ético para una jefa de Estado.
Notable su ligera indiferencia que la ha puesto en temible ausencia ante la comunidad internacional. Su profesión en ciencias políticas se encamina hacia la contraproducente y penosa legación representativa de su gobierno para el Derecho fundamental. No puedo hallar acomodo para comprender a doña Laura, si tenemos entendido que Costa Rica data su adhesión en los Convenios de Ginebra; al margen de que ella deba velar por los intereses de su país, también la Carta Democrática Interamericana fundamenta con toda maravilla, la obligación de defender las garantías por los derechos básicos, la esencia netamente democrática de las naciones de América.
Falta no hace enumerar las violaciones de la tiranía Ortega-Murillo, pero sí causa pavor que doña Laura reitere las mismas palabras, aún aduciendo ella que no se mete en patio ajeno. Desde luego que lo dice, pero se está metiendo. Pero es mejor que calle si su voluntad no está en condenar enfáticamente a la tiranía de Nicaragua.
He aquí la patraña de la llamada Unión. No puede haber tal hermandad de naciones, si un país firmante del Derecho Universal, y por suma fundador, se muestra alcahuete para con la usurpación y el uso del mando represor en calidad de acto genocida. ¿A qué debemos llamar Unión Centroamericana? ¿A las típicas relaciones comerciales y diplomáticas o a la fraterna disposición en práctica de los protocolos establecidos?
Para doña Laura, hemos sido electores de la usurpación y el genocidio. Al parecer, en sus años ministeriales y titular a la Presidencia, le fue en vano la preparación de camino al poder. Es invisible para ella el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos del Grupo de trabajo de la OEA, y encima desecha la evidente violación al Estado de derecho. ¿Para ella, es de sano juicio apresar y desterrar a candidatos presidenciales? Quienes con nuestros votos debían aniquilar el poder absolutista de un amo, porque simplemente nuestro ejercicio al sufragio así los elegiría.
Nicaragua fue la nación responsable de la invasión filibustera, la sede de dicho yugo de naturaleza esclavista. Centroamérica siendo políticamente inestable, conllevó a aliarse por un enemigo común. El enemigo que los nicaragüenses nunca eligieron para tomar control del gobierno. No creo que don Juan Rafael Mora, haya ido a tomarse el fresco con una taza de chocolate, y de manera campante le diga al centinela: Nicaragua eligió a ese extranjero de los ojos azules, yo no debo meterme en problemas ajenos.
El autor es poeta y declamador actualmente en el exilio.