«Escalando la montaña”, biografía de Plutarco Cortez en la Nicaragua sandinista

(Parte final)

Si la cultura en la época sandinista, al igual que en los vestigios (aún presentes) de la cubana con todo y sus chivatazos, en Occidente fue altamente dañina para el desarrollo de un arte libre y creativo, en la actualidad el marxismo cultural, sobre todo en Europa, pero también en toda Hispanoamérica y Estados Unidos, continúa hacienda de las suyas. Y es por eso que narradores y poetas como Plutarco Cortez, nacido en Managua en 1947, son importantísimos ante las amenazas de una cultura perniciosa y oficialista y sumisa a la estirpe de la gobernanza socialista.

Estas memorias, fijadas en Escalando la montaña, merecen ser leídas por muchos de esos lectores que fueron atrapados por las mafias culturales enquistadas en el poder de los regímenes socialistas, que gozaron de muchos privilegios los cuales fueron concedidos por sus cabecillas con el comandante Fidel Castro a la cabeza, tanto en Cuba como en los otros países, sabiendo estos la importancia que tenía la cultura para sus propósitos políticos marxistas.

Haber sido poeta, escritor, ensayista, teatrista, músico o pintor, contado con las bienandanzas, manutenciones y apoyo oficial no resultó nada mal para muchos, pero estos, como bien lo establece el novelista Guillermo Cabrera Infante en el caso de Cuba, fue oportuno para ellos, pero no para la consagración de sus obras desde el punto de vista estético.

Eso mismo ocurrió en Nicaragua donde ahora sólo quedan cementerios de pinturas naif y millones de páginas vacías ya ante la historia de testimonios   seudoliterarios, canciones himnos al partido sandinista, toneladas de versos que se perdieron en el albur de exteriorismo o en el panfletismo típico de la época.

Qué oportuna la lectura de estas memorias de Plutarco, no sólo desde el perfil social e histórico en que narra sus días más acuciosos, sino también desde la perspectiva humana que le tocó vivir, entre la tragedia familiar que desde niño cambió su estatus de poder crecer en cuna de oro y vivir una infancia feliz y normal, al caos emblemático prácticamente de la orfandad tras la muerte de su padre,  para quien este era “un hombre extraordinario”, cuyas leyendas creció escuchándolas en boca de parientes y amigos.

“Tuvo muchas peleas, algunas por honor y otras por puro machismo, y todas las ganó, pero no mató a nadie. No fue un hombre malo. Vencía a sus enemigos, pero no los remataba, como si la bala asesina lo estuviese guardando especialmente para el mismo…”, narra el autor en el capítulo 5 de la primera de las 3 partes en las que está compuesto el libro y descripción desde la cual da pie a gran parte del mismo. Al igual que otras biografías, como la de García Márquez, por ejemplo, que dedican un amplio paginaje a los años de infancia y familia.

Una de las partes que más me cautivó de esta lectura es la de sus años en Managua, cuando lo conocí a inicios de los 90, y de su vida  inserta en el mundillo intelectual capitalino, donde nacen sus primeras publicaciones tanto  en La Prensa Literaria del venerado y recordado poeta Pablo Antonio Cuadra, como en otros medios pero también  en donde fue rechazado en un principio por algunas figuras literarias de ese entorno, lo que lo motivó a escribir una carta de ruptura con ese medio dirigida a su amigo el también poeta Álvaro Urtecho. También resultan valiosas sus notas sobre sus viajes a Miami, donde conoció a figuras como Ángel Cuadra y Rubi Arana (ya fallecidos) y a muchos otros a quienes gustaron sus obras y lo llevaron a ofrecer sendos recitales.  Publicado además en Portugal y ya traducido a otras lenguas, el autor  vive la madurez plena de su vida y de su obra en estos siempre difíciles tiempos.

Los profesores de literatura, los incautos aún vivos y siempre con tanto entusiasmo por esa cultura socialista y desvencijada, deberían invitar a Plutarco a conversar con sus alumnos sobre su obra; otros deberían hacer lo mismo.  Verán, al final, la frente alta y digna de un hombre con la referencia moral de haber vivido y escrito, lejos de los rituales del compromiso político ni de la venta de su alma a los impostores del comisariato oficialista.  

El autor es escritor y político nicaragüense exiliado en Estados Unidos.  Columnista internacional.

Opinión
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