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Desde el 24 de enero de 2025, el abogado José Manuel Urbina Lara debió haber sido liberado a como establece la condena a la que fue sentenciado en marzo de 2021 y que le inculpó por el delito de homicidio imprudente.
Urbina Lara fue encarcelado tras sufrir un accidente de tránsito en Jinotega en el que falleció el campesino José Antonio Ruiz Rizo, a quien le daba raid en su camioneta. Ese 24 de enero de 2021, Urbina Lara perdió el control del vehículo y se volcó, provocando la muerte de Ruiz.
La Fiscalía lo acusó por homicidio imprudente, pese a que la familia de la víctima aceptó mediar con Urbina Lara para llegar a un acuerdo económico y evitar la prisión. Sin embargo, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo a través de la misma Fiscalía lo impidieron. En febrero de 2021, la jueza local penal de Jinotega, Diana Isabel Jarquín, ordenó su libertad en una audiencia preliminar, pero pocas horas después revocó la orden.
El abogado fue encarcelado en el Sistema Penitenciario de Waswalí, en Matagalpa, hasta que en mayo de 2022 fue trasladado a La Modelo, como castigo porque había estado en huelga de hambre. “Esa vez lo golpearon bien feo y se lo llevaron castigado a La Modelo. Ahí también lo golpean y casi no le dan de comer”, cuenta una fuente allegada a la familia que solicita el anonimato.

De aquel abogado polémico, de rostro serio, recio, con voz fuerte digna de acusador y dicharachero que aparecía en televisión comentando sobre casos judiciales, señalando a funcionarios y generando polémica con sus declaraciones, ya casi no queda mucho. La cárcel lo ha golpeado, dice la fuente.
“Él ya no es el mismo. Está triste, como en depresión y bien enfermo”, relata. Sus familiares han notado que Urbina Lara ha perdido mucho peso. “Como unas 60 libras”, dice el allegado a la familia y agrega que temen que muera en prisión, como sucedió con el general en retiro Hugo Torres.
“Todo esto que le están haciendo es por no pensar como ellos. Él siempre ha sido antisandinista, desde la cuna”, señala la fuente.
En marzo de 2019, Urbina Lara entregó una carta personal al exembajador de Estados Unidos en Nicaragua, Kevin Sullivan, en donde le dijo que “toda mi vida he sido un férreo opositor a los que aprovechándose del poder cometen todo tipo de crímenes, vejámenes y torturas contra el pueblo de Nicaragua”.
Y agregó que sus acciones “me han generado como consecuencia una virulenta represión y asedio constante por funcionarios sandinistas de diversas instituciones”.
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El 9 de febrero de 2023, Urbina Lara iba a ser desterrado hacia Estados Unidos junto con otros 222 presos políticos, pero ese país se negó a recibirlo. La familia no entiende por qué si el régimen estuvo dispuesto a liberarlo en ese entonces, ahora que ya cumplió su condena, lo mantiene en prisión.
De familia antisandinista
Urbina Lara cumplió 62 años el pasado 16 de diciembre. Él es el cuarto hijo de los cinco que procrearon don Luis Urbina Chávez y doña Ofelia Lara Carrillo. Esta era una familia liberal de Granada que tenía poco tiempo de haberse mudado a Managua cuando se dio el triunfo de la Revolución sandinista, el 19 de julio de 1979.
Para entonces, Urbina Lara era un jovencito de 15 años y la influencia política de su familia no lo hacía simpatizar con los sandinistas, sobre todo porque sus familiares fueron encarcelados por los guerrilleros apenas tomaron el poder.
“Nos pusieron desnudos, nos tomaron huellas de pies y de manos. Mi hermana, que en ese entonces tenía 14 añitos, la desnudaron a como Dios la echó al mundo”, relató Amada Urbina Lara, hermana del abogado, a la revista Magazine en 2022. A sus familiares los liberaron, pero todos se convirtieron en opositores del nuevo régimen.
En 1984, Urbina Lara había comenzado a estudiar Derecho en la Universidad Centroamericana (UCA) y fue líder estudiantil. Él y un grupo de jóvenes protestaban en contra del Servicio Militar obligatorio y tenía vínculos con la guerrilla contrarrevolucionaria de Edén Pastora, Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE).
Por esa razón, el gobierno sandinista empezó a perseguirlo y Urbina Lara se refugió en la Embajada de Costa Rica en Managua, en junio de 1984. Ahí fue recibido por el entonces embajador costarricense Jesús Fernández, quien lo acomodó y gestionó con la Cancillería de Nicaragua un salvoconducto para que Urbina Lara pudiera viajar a Costa Rica como asilado político. El permiso jamás llegó y el joven tuvo que confinarse al terreno de la embajada para mantenerse a salvo.

Doña Amada contó a Magazine que el 24 de diciembre de 1984 Urbina Lara recibió la visita de su padre por la mañana. En la tarde llegaron sus hermanos, y por la noche llegaría su esposa. Urbina Lara esperaba aquella visita y por una ventana vio que frente a la embajada se parqueó un vehículo similar al de uno de sus hermanos.
A los pocos minutos, un guarda de seguridad que estaba infiltrado por los sandinistas le dijo a Urbina Lara que podía abrir la puerta porque había llegado su esposa. Él abrió y lo que vio fue a una mujer desconocida con tres hombres más detrás de ella. Intentó cerrar la puerta, pero sus captores actuaron rápido y se metieron a la fuerza.
El joven trató de correr y esconderse a lo interno de la embajada, pero no pudo. Los tres hombres lo agarraron, lo golpearon y le dispararon en una pierna. Después, Urbina Lara fue obligado a subirse en el vehículo que habían llevado los agentes de la Seguridad del Estado. “Subite y manejá. Sos libre”, le ordenó uno de ellos.
Como no podía caminar por su cuenta debido a que tenía la pierna izquierda herida, sus agresores lo subieron al vehículo a la fuerza. Urbina Lara sabía que era un engaño, así que decidió estrellar el carro en el portón de la embajada. Ahí se desmayó y la familia no supo nada de él hasta varios días después que apareció detenido en El Chipote.
El Gobierno de Costa Rica reclamó por el asalto a su embajada y los sandinistas alegaron que Urbina Lara había sido capturado en las afueras de la sede. El caso creó fricciones con el Grupo de Contadora conformado por México, Venezuela, Panamá y Colombia que por aquellos años mediaban para una pacificación en Centroamérica, y por peticiones de estos países, además de que los sandinistas debían dar muestras de buena voluntad, Urbina Lara fue liberado y enviado a Costa Rica en marzo de 1985.
Con la Contra
Una vez en Costa Rica, Urbina Lara estudió Comunicación Social y terminó de estudiar Derecho. Le otorgaron la nacionalidad costarricense y terminó vinculándose con la Contrarrevolución.
El antiguo comandante contra, Luis Fley, dice que conoció a Urbina Lara en 1990, cuando se desmovilizó la guerrilla con la llegada de Violeta Barrios de Chamorro al poder. “Él siempre ha sido antisandinista hasta las cachas”, comenta.
El 8 de marzo de 1993, Urbina Lara lideró al “Comando Yolaina”, que se tomó la Embajada de Nicaragua en Costa Rica. Los reportes de la época indican que los secuestradores pusieron varios galones de gasolina y colocaron explosivos en las puertas y entradas principales a la embajada.
Todos iban encapuchados, pero uno de ellos se asomó a la ventana y se descubrió el rostro. Era José Manuel Urbina Lara, quien sacó un megáfono e hizo saber sus exigencias ante la policía costarricense que acordonó el sitio, y ante el gobierno de doña Violeta.
Exigían la destitución del entonces jefe del Ejército, Humberto Ortega, además de procesar judicialmente al jefe de la Inteligencia militar, Lenín Cerna, a quien acusaron de dirigir los asesinatos a desmovilizados de la Contrarrevolución. Además de seis millones de dólares. “Estamos dispuestos a salir de este recinto victoriosos o muertos”, aseguró al terminar de leer sus demandas.
El comando tuvo a un total de 25 rehenes. Desde el guardia de seguridad al que desarmaron fácilmente, hasta al mismo embajador, Alfonso Robelo.
El gobierno de doña Violeta envió al ministro del Interior, Alfredo Mendieta y al viceministro José Pallais, además del cardenal Miguel Obando y Bravo para negociar.

Tras dos semanas de secuestro, el comando aceptó 250,000 dólares que ofreció el gobierno nicaragüense, pero no consiguieron la destitución de Humberto Ortega, ni el procesamiento de Lenín Cerna.
El 21 de marzo de 1993 liberaron a los últimos 11 rehenes y dejaron la embajada. Urbina Lara salió en un helicóptero hacia República Dominicana donde le otorgaron asilo político. Ahí vivió por cinco años y se especializó en Derecho Internacional.
De regreso en Nicaragua
Urbina Lara regresó a Nicaragua en 1997 por el aeropuerto, pero ahí mismo fue detenido porque estaba acusado de los delitos de plagio, exposición de personas al peligro, asociación para delinquir y daños a la propiedad pública por el secuestro de la Embajada en Costa Rica.
Sin embargo, estuvo solo cuatro meses en prisión porque Arnoldo Alemán utilizó sus influencias para liberarlo, según contó la hermana de Urbina Lara a la revista Magazine. “Él puede venir porque es nicaragüense y las puertas de Nicaragua están abiertas para todo nicaragüense que quiera regresar a su patria”, dijo Alemán cuando Amada Urbina, quien trabajaba con los liberales, le preguntó si su hermano podía regresar al país.
El mismo Urbina Lara declaró entonces a los medios de comunicación que “en Nicaragua todas las personas que se han visto en medio de la problemática política, militar, han sido perdonadas, han sido indultados. Se han dictado varias leyes de amnistía. ¿Por qué yo iba a ser la excepción?”
En Nicaragua empezó a ejercer como abogado y trabajó como asesor jurídico de la Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN), liderada por Luis Fley, quien recuerda que a Urbina Lara no le gustaba involucrarse en política partidaria, pero sí les ayudaba en cuestiones legales. “Era buen abogado en ese sentido. A veces le ayudaba a algunos contras que tenían problemas legales”, señala Fley.
El 6 de octubre de 2011, Pablo José Urbina Lara, hermano del abogado, fue asesinado en un hotel de su propiedad llamado “Yolaina” y que quedaba en Reparto San Juan, en Managua.
Urbina Lara denunció que esta había sido una represalia en su contra porque ese mismo día, cuando salía de un juicio en los juzgados de la capital, recibió una llamada y solamente le dijeron: “Ya cumplimos el mandado”. Luego colgaron.
El abogado tenía meses recibiendo amenazas después de que contradijo la versión de la Policía sobre la muerte del sacerdote Henry Pupiro, en La Concepción, Masaya. El religioso fue encontrado muerto el 23 de agosto de 2011 en un basurero, envuelto en un colchón y con señales de tortura.
La Policía presentó a Yasker Blandón como la única persona vinculada con el crimen y explicó que el móvil fue el robo de una camioneta Mitsubishi, blanca, propiedad del religioso. Familiares y allegados al padre Pupiro jamás creyeron la versión oficial y después de presenciar la audiencia inicial, Urbina Lara tampoco la creyó y en un programa que él tenía en radio El Pensamiento, decía que las autoridades estaban encubriendo a los verdaderos criminales.
A partir de ahí empezaron a llegar las primeras amenazas. Tuvo que sacar a sus hijos del país por temor a que les sucediera algo, pero finalmente fue su hermano Pablo José el que terminó asesinado. “Él siempre creyó que los sandinistas tuvieron algo que ver en la muerte del hermano, porque si no eran ellos, ¿quién más iba a ser?”, señala la fuente allegada a la familia.

La hermana de Urbina Lara, en 2021, relató que este había sido el golpe más duro emocionalmente que había recibido su hermano, y que, a pesar de sus sospechas, prefirió “dejar las cosas en paz”.
El mismo Urbina Lara dijo en marzo de 2019 al Canal 12 cuando entregó su carta al embajador Kevin Sullivan, que en el escrito le hacía un recuento de lo que él había sido víctima en Nicaragua por parte de los sandinistas, “desde cuando mandaron a asesinar a mi hermano”.
Preso y sin poder ejercer
Con el regreso de Daniel Ortega al poder, en 2007, Urbina Lara empezó a aparecer con mayor frecuencia en los medios de comunicación criticando al Gobierno y haciendo acusaciones fuertes contra algunos funcionarios.
A Alba Luz Ramos, la entonces presidenta de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) la llegó a tildar de “etílica” y “delincuente”, además la señaló de encubrir al narcotraficante Henry Fariñas.
“Alba Luz Ramos es una delincuente que va a tener que rendir a nivel internacional cuentas por todos los criminales que están libres, por los narcotraficantes que están libres. Incluso tiene que rendir cuentas por su yerno, ella tiene que decirle a la opinión pública y al mundo por qué su yerno Fariñas (en referencia al narcotraficante Henry Fariñas), está en libertad”, declaró Urbina Lara en octubre de 2019 a medios de comunicación.
Después de estas acusaciones, la CSJ le suspendió su licencia de abogado y notario público por cinco años, alegando supuestas quejas de que Urbina Lara cobraba a los clientes y les incumplía con el trabajo. En mayo de 2023, cuando ya estaba en prisión, la Corte le suspendió de forma definitiva la licencia junto a otros 23 abogados que han sido opositores al régimen Ortega Murillo.
Por considerar que su vida está en peligro en las manos del régimen, la Corte Interamericana de Derechos Humanos le otorgó medidas provisionales el 4 de octubre de 2022. Para entonces, ya estaba detenido en La Modelo y se encontraba muy enfermo, relata la fuente.
“Él tiene más de 60 años y el calor que hace en esas cárceles es inhumano. Una subida de presión lo puede matar de un infarto o un derrame”, teme el allegado a la familia.
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