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Monseñor Rolando Álvarez, quien fue excarcelado y desterrado a Roma por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo como parte de su ataque frontal a la Iglesia católica de Nicaragua, reafirmó que sigue siendo el obispo de la Diócesis de Matagalpa y administrador apostólico de la Diócesis de Estelí, en medio de la persecución que persiste en el país, particularmente en esa jurisdicción.
«Fui ordenado obispo para Matagalpa, soy cabeza visible de Matagalpa y administrador apostólico de Estelí y lo seguiré siendo hasta que Dios quiera», expresó Álvarez en su primera entrevista al medio de comunicación EWTN, tras un año de destierro.
A lectura de Martha Patricia Molina, abogada y autora del informe: Nicaragua: ¿una Iglesia perseguida?, las palabras del obispo Álvarez manifiestan que «sabe cómo estar cercano a su pueblo, y aunque esté a miles de kilómetros de distancia estoy segura que se encuentra más unido a sus fieles y sobre todo de su clero».
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A su vez apuntó que «lo que sucede en la Diócesis de Matagalpa también es sobrenatural, a pesar de las embestidas ilegales e inconstitucionales cometidas por la dictadura, es una Diócesis que continúa su camino pastoral y ellos siempre caminan guiados por su pastor».
Por su parte, Manuel Obando, exencargado de medios de comunicación de la Diócesis de Matagalpa y desterrado, enfatizó que la reafirmación del obispo Álvarez «es al final algo que todos sabemos y agradecemos porque el papa Francisco le ha dado esta misión y mientras tanto no ha habido ningún nombramiento ni causa para que su santidad decida hacer cambios».
Obando aseguró que aunque al obispo «no se le mencione en la plegaria eucarística y en las oraciones de los fieles en las misas, la ordenación que hizo el papa Benedicto XVI en marzo del 2011 sigue vigente. Monseñor aprovechó la oportunidad de enviar su mensaje de amor que le tiene a la Diócesis».
En lo que va del año, la dictadura persiste en su frontal ataque contra la Diócesis de Matagalpa al punto de haber confiscado las instalaciones del Seminario Mayor de Filosofía San Luis Gonzaga, de Matagalpa y el Centro Pastoral La Cartuja.
También, según reportes en redes sociales, el régimen habría instruido vaciar la Curia Episcopal de Matagalpa y pintarla de color blanco y que podría utilizarse como oficinas del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS).
Monseñor es «un hombre lleno de fe»
En su primera entrevista pública, monseñor Álvarez afirmó que «estoy muy contento en Roma porque siempre que estuve detenido pensé que, a la hora de la liberación, después de Nicaragua la mejor ciudad en la que podía vivir es la Eterna. Precisamente porque estoy cerca de Pedro y eso renueva mi fe».
A su vez aseveró que «yo no me siento exiliado, sino liberado» y respecto a su estado de salud el día que fue desterrado, Álvarez confesó que llegó a Roma «en menos cero» en todas sus capacidades, tanto la física como la psicológica y espiritual, «ahora, un año después puedo decir que estoy en un 90 por ciento recuperado».
Molina analiza el mensaje del obispo Álvarez y apunta que en primer lugar «evidencia que es un hombre de Dios, lleno de fe, esperanza y fiel a su ministerio. Si menciona que su salida fue algo sobrenatural, un suceso extraordinario que se lo acredita a Dios porque el calvario que vivió en prisión no fue nada fácil, posiblemente algún día nos enteremos de todo lo que sufrió o a lo mejor no».
Molina también indicó que si la dictadura tenía planes de asesinarlo «estoy segura que su martirio fue inhumano y degradante por el odio que le tiene la pareja dictatorial Ortega-Murillo».
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El obispo fue secuestrado por la Policía orteguista la madrugada del 19 de agosto de 2022 de la Curia Episcopal de Matagalpa; posteriormente fue mantenido en prisión domiciliaria hasta ser enviado el 9 de febrero de 2023 al Sistema Penitenciario Jorge Navarro mejor conocido como La Modelo, tras negarse a ser desterrado a Estados Unidos junto con otros 222 prisioneros políticos.
Al día siguiente, monseñor Álvarez fue condenado a 26 años y cuatro meses de prisión y despojado de su nacionalidad y suspendido sus derechos ciudadanos de por vida, por delitos considerados «traición a la patria». Estando preso en Nicaragua, se negó al destierro en dos ocasiones antes de ser obligado al destierro por orden del Vaticano. Fue desterrado a Roma junto con 18 religiosos más, incluido el obispo Isidoro Mora, por el orteguismo el 14 de enero de 2024.