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Después de un año de haber sido desterrado de Nicaragua, el obispo Rolando Álvarez, concedió una entrevista al medio de comunicación EWTN, en la cual afirmó que se siente contento en Roma. «Yo no me siento exiliado, sino liberado», dijo.
«Estoy muy contento en Roma porque siempre que estuve detenido pensé que, a la hora de la liberación, después de Nicaragua la mejor ciudad en la que podía vivir es la Eterna. Precisamente porque estoy cerca de Pedro y eso renueva mi fe», dijo el obispo de Matagalpa.
Álvarez afirmó que se siente parte de la diáspora porque «en la diáspora crece la fe y se fortalece la esperanza».
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«He tenido un año de recuperación ciertamente de salud integral, pero en el que he venido consiguiendo la paz interior que tanto necesitaba», continuó.
Rezó el credo mientras era desterrado
Monseñor Álvarez, contó que, mientras estaba a punto de subir al avión que lo desterraría de Nicaragua, rezó la oración del credo, ya que, afirma que fue por su fe que fue encarcelado por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. «Fue una experiencia de fe porque en ese momento recité y profesé el credo, que es por lo cual sufrí esa experiencia, por mi fe», dijo el obispo nicaragüense.
Agregó que él siempre pensó en su libertad, aunque no sabía cuándo y que fue la oración quien lo sostuvo en esos momentos.
Un estado de salud físico y emocional «en menos cero»
Respecto a su estado de salud el día que fue desterrado, Álvarez confesó que llegó a Roma «en menos cero», en todas sus capacidades, tanto la física como la psicológica y espiritual. «Ahora, un año después puedo decir que estoy en un 90% recuperado».
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Finalmente, aprovechó el espacio para decirle a los nicaragüenses que los ama, que ama a su pueblo «y decirles que soy un obispo para la iglesia universal. Fui ordenado obispo para Matagalpa y lo seguiré siendo hasta que Dios quiera».
«Quiero enviar mi bendición en el nombre del Padre, del Hijo y del Espítitu Santo a todo el pueblo de Nicaragua y a toda América Latina», finalizó monseñor.