Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
Estados Unidos pretendió deportar el domingo 26 de enero a más de doscientos ciudadanos colombianos, a los que pretendía trasladarlos en vuelos de aviones militares y con grilletes en manos, cintura y pies, humillados y tratados como criminales. Sin embargo, ellos no fueron juzgados, son deportados por su situación irregular migratoria, a los inmigrantes que son verdaderos criminales no los deportan, esos están presos, esperando cadena perpetua o sentencia de muerte.
El presidente de Colombia, al percatarse que sus compatriotas estaban siendo tratados como verdaderos criminales, reclamó fuertemente por el trato indigno e inhumano que estos seres humanos estaban recibiendo por parte de la nación más poderosa del mundo. (Lo sucedido es del dominio público). Entre los deportados había más de 70 mujeres, incluyendo 2 embarazadas, y varios niños.
Según el canciller colombiano, los deportados no tenían registro criminal en Colombia ni en los mismos Estados Unidos, en otras palabras, eran personas que no tenían sus documentos de permanencia de manera regular en esa gigante potencia del norte.
Finalmente, los colombianos fueron deportados el martes 28 de enero, pero transportados en un avión colombiano y sin llevar esposas en las manos ni grilletes en los tobillos, es decir, con respeto a su dignidad humana.
Lo extraño en esta situación es que los opositores al presidente colombiano en su país se dedicaron a criticarlo ferozmente por las consecuencias que tendrían las medidas económicas que Trump le había impuesto a Colombia por la negativa del presidente de no permitir el aterrizaje de las naves militares en suelo colombiano. Obviaron la dignidad de sus compatriotas en todo momento. Posteriormente, por la marcha atrás que dio Petro, detractores internos y externos hicieron mofa de ello, obviando todos, o no queriendo ver el asunto de fondo, que los más de doscientos colombianos deportados, en realidad, representan a los miles de latinoamericanos que lo serán el día de mañana y serán tratados en idénticas condiciones, en otras palabras, como criminales, a como le gusta a Trump denominar a los inmigrantes latinoamericanos.
El hecho de que diga que Petro tenía razón, no significa que estoy de acuerdo con él y su gobierno. Para nada, esto es otra cosa. Condeno enérgicamente la forma en que han sido tratados los inmigrantes de México, Guatemala, Colombia, Brasil, y de cualquier otro país del mundo por parte de la terrible administración Trump.
Donald Trump es el verdadero criminal debidamente sentenciado y que ocupa la Casa Blanca. No quiere mirar el recuerdo de su señora madre, que llegó de Escocia a Estados Unidos con visa de inmigrante a la edad de 18 años, con cincuenta dólares en la cartera, y su abuelo paterno que llegó a Estados Unidos procedente de Alemania, a la edad de 16 años. El abuelo de Trump era un emigrante ilegal y según periódicos especializados, sus ingresos incluían el alcohol y la prostitución algo que estaba prohibido en la época. Este señor posteriormente fue deportado de su propio país natal porque se le acusó de salir de Alemania de forma ilegal y de evadir el servicio militar.
Trump, sin la emigración de sus antepasados, no hubiera nacido nunca en Estados Unidos, y quizás nunca hubiera existido.
El autor es comentarista político