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La tía Chepita está muy triste por los incendios en Los Ángeles. Le duelen los once muertos que ha habido, no sabe que ya son diez y seis, y que cien mil personas tienen órdenes de evacuación obligatoria, lo cual no es su caso, pero su hija Adalgisa le pidió hace dos días que hiciera una maleta con lo esencial que necesitaría ante una emergencia que las obligara a salir intempestivamente.
Simi Valley, donde vive la tía, no está tan cerca de las lenguas de fuego, pero el cielo está oscuro, y el aire enrarecido por el humo negro y las partículas llevadas desde los incendios por los fuertes vientos que han soplado desde el martes, día de inicio de estos siniestros. Desde la extensa planicie de la ciudad se observan a lo lejos en los cerros las manchas amarillas, rojas y anaranjadas de una gran cantidad de sitios con fuegos que casi han rodeado a Los Ángeles.
La ciudad está estremecida, y golpeada, pero su espíritu de lucha sigue intacto: los centenares de bomberos que luchan contra los incendios sin precedentes, se han ganado el reconocimiento y la simpatía de la gente; y miles de jóvenes se han volcado a ayudar, como mi sobrino Eldryc, quien ha estado apoyando varias labores en Hollywood.
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Palisades, refugio de multimillonarios, quedó destruida: ocho mil hectáreas afectadas y cinco mil súper viviendas quemadas. Las lenguas de fuego se banquetearon la opulencia de los privilegiados que construyeron aquí mansiones de ensueño. Los seguros les evitarán pérdidas materiales, pero no sus vivencias en esas residencias excepcionales. Como un gran contraste, muy cerca había una ciudad de pobres que vivían en casas rodantes, muchos de los cuales lo perdieron todo.

Mucha gente quedó solo con lo que anda puesto
Entre personas de bajos y medianos recursos hay muchos que quedaron en la calle, como la mayoría de los afectados en Pasadena, unos porque no pudieron pagar un seguro, y otros porque muchas compañías aseguradoras en algunos lugares han encarecido los precios, debido a la frecuencia de los incendios. En los canales de televisión, todos los días y a toda hora, los angelinos ven impactados los rostros llorosos de quienes han perdido familiares, y también de mucha gente que quedó solo con lo que anda puesto.
La tía Chepita, quien tiene 50 años de vivir en California, vio en un canal de televisión cuando una señora decía: “Yo miraba las llamas desde mi casa, pero estaba segura de que Dios nos protegería, de que jamás nos abandonaría.” Y no se movió de su hogar, ni le hizo caso a su joven hija, quien le rogaba que hicieran maletas con lo que más necesitaban. Lo perdió todo.
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Los bomberos han identificado los principales incendios como: Palisades (el más terrible), Eaton, Hurst, y Lidia. Hay refugios temporales en Pasadena Convention Center, Calvary Community Church, en Westlake Village, y dos en Los Ángeles, el Stoner Recreation Center, y Westwood Recreation Center. Al acceso vehicular está restringido en vías principales, como la Pacific Coast Highway y Mulholland Drive.
Muchas mascotas murieron o están desaparecidas, pero la mayoría fueron evacuadas por sus dueños, o están a salvo en el Agoura Animal Care Center.
Bombardeo de escombros en llamas
Las llamas incontenibles se tragaron en un santiamén una mansión de más de ocho millones de dólares de la familia del novio de una nieta de la tía Chepita, y aunque las pérdidas las cubre el seguro, el valor sentimental no se puede asegurar, por eso la mamá llora a mares igual que una madre pobre que lo hubiera perdido todo, aunque la diferencia es abismal.
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El Encino también es un reducto de mega millonarios, aunque hay muchos negocios, y lugares de pobres o de medianos recursos. Las afectaciones son graves. Una amiga de la tía le contó que la mayoría de las casas se incendiaron por los escombros en llamas que llevados por los intensos vientos caían sobre las residencias como si estuvieran bajo un inclemente bombardeo.
A una semana del inicio de los incendios, mucha gente en las montañas y en la ciudad de Los Ángeles, ha comenzado a apagar el televisor. Están tristes, devastados, con la moral en el suelo, y ya no quieren oír más de este desastre sin precedente en la historia plagada de incendios de esta gran ciudad.