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La Asociación para la Conservación y Desarrollo Sostenible de los Cerros de Escazú (Codece), de Costa Rica, tiene 39 años de existir, nació para proteger esta zona, pero desde hace 10 años estaban teniendo problemas con la invasión de ganado en sus zonas de protección.
«Si bien no es una actividad muy rentable en el área, hay muchos propietarios que tienen algunas cabezas de ganado y nosotros teníamos estas propiedades en procesos de restauración, ya fuera con reforestación o regeneración natural y nos sucedía que otros propietarios metían ganado, porque todavía había zonas de pasto entre donde se habían sembrado árboles y entonces nos echaban a perder el trabajo por así decirlo», cuenta Meylin Chamorro, quien es la coordinadora general de Codece.
La importancia de proteger esta zona, es que en estos cerros, cercanos a la capital de Costa Rica, San José, hay nacientes de agua, está cercana a ríos y es una zona de recarga. Codece, que es una organización sin fines de lucro, está enfocada en proteger los suelos, pero también los recursos hídricos de la zona.
Para poder sostenerse, ofrecen el servicio de senderismo en la zona, pero eso no ha sido suficiente para cumplir todos sus objetivos.
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Reforestaban pero el ganado de fincas vecinas estropeaba el trabajo y contaminaba las fuentes de agua. En 2015, Codece decidió unirse a Agua Tica, el primer fondo de agua de Costa Rica, que se dedica a la protección de las fuentes del recurso hídrico ubicadas en las subcuencas del río Grande y río Virilla, en alianza con sociedad civil, empresas privadas e instituciones estatales. Estos dos ríos son de los más importantes de ese país, dado que albergan las principales poblaciones de Costa Rica.
Agua Tica, no solo protege las fuentes de agua, sino que da asistencia técnica a los finqueros sobre qué especies de árboles sembrar, además de ayudar con la reforestación de las áreas para que el agua no escurra y logre infiltrarse, y así reabastecer millones 1.3 millones de metros cúbicos de agua a la naturaleza.

Chamorro cuenta que desde que se unieron a la iniciativa, ellos les ayudaron para poder pagar y cercar los linderos de las fincas para evitar el paso del ganado y también en la regeneración de árboles. «Ellos nos han apoyado en esa parte y hoy por hoy las fincas se han regenerado, una de ellas es bosque secundario que ya está un poco encaminada, que es una de las que tiene la naciente (de agua) y la otra finca que está a la par en ese momento era ya charral, pero ahora ya está encaminada».
¿Cómo funciona?
Agua Tica tiene tres proyectos estrellas para la conservación del agua, uno de ellos es Agua por el Futuro, con este tienen en protección 683 hectáreas de tierra. El programa funciona pagando dinero a los finqueros por cada hectárea que protegen, pero también les ayudan a reforestar para que la calidad del agua aumente.
Manuel Guerrero, secretario técnico de Agua Tica, explica que para que un finquero sea beneficiado con la iniciativa, primero realizan un estudio técnico previo para revisar las fuentes de agua como nacientes y quebradas y que tengan una buena infiltración.
«Porque puede ser que no sea totalmente un bosque, puede ser que sea un pastizal o que sea un área en recuperación, pero si nosotros llegamos y la dejamos conservar o la restauramos, vamos a aumentar el proceso de infiltración y entonces esto va a aumentar el proceso de reabastecimiento de agua también», detalla el biólogo.
Luego identifican las áreas a intervenir, «porque si ya es un bosque bueno, nada más lo protegemos, identificamos dónde están las nacientes, se toma un punto de GPS y se está revisando con periodicidad», añade. Cuando revisan el área, dos o tres veces al año, confirman que no haya habido una tala ilegal, desastre natural o incendio.
Infiltración del agua
«Al final digamos lo que la gente tiene que entender es que el agua no aparece por arte de magia, sino que en el ciclo del agua tiene que haber el ambiente propicio para que esa agua llegue hasta sus hogares, entonces cuando es agua precipitada, ella necesita de un ecosistema que le permita ser interceptada, que caiga con una velocidad digamos razonable para que llegue al suelo y no escurra directamente, sino que se empiece a infiltrar y eso solo lo pueden dar coberturas forestales como bosques o reforestaciones o regeneraciones, podría ser hasta tipos de agricultura con algunas buenas prácticas», explica Guerrero.
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El especialista detalla que cuando llueve no toda el agua entra a la tierra para la infiltración, ya que algunas áreas se han impermeabilizado porque se ha construido casas o edificios en las zonas, se ha talado árboles y esto no permite la infiltración correcta.

«¿Qué es lo que pasa si el agua no se infiltra y no llega a las a las zonas de recarga acuífera? A estos acuíferos que después van a aflorar en nacientes y que esto le van a dar origen a los ríos y de ahí es de dónde viene el agua dulce. Después de todo un proceso de infiltración en el suelo y demás que puede ser aprovechada si es agua superficial como los ríos, no está disponible, no porque no haya agua, pero porque está contaminada, entonces nos lleva a ese proceso también de lo que estamos viviendo ahora, una escasez de agua a pesar de que somos un país tropical y que tenemos mucho acceso o mucha disponibilidad de agua más bien».
Luis Gámez, del área de Investigación y Desarrollo de la Empresa de Servicios Públicos de Heredia (ESPH), explica que en estas épocas de cambio climático, «entre mejor salud tenga un bosque en un área más forestal, el bosque nos puede beneficiar con ese efecto esponja de que cuando llueve se detenga el agua y no se vaya, no se escurra el agua, entonces podríamos mejorar la salud de la cuenca hidrográfica».
Lo que se ha logrado
Con Agua por el Futuro, hay 7 familias beneficiarias y más de 650 mil metros cúbicos de agua reabastecidos a la naturaleza. Además 683 hectáreas son las que están protegidas con este proyecto. Las áreas de conservación están ubicadas en la Cordillera Volcánica Central de Costa Rica y parte de los cerros de Escazú, también en Grecia, ubicada a 50 kilómetros de San José.
En 2020, Agua Tica fue seleccionada como una de las cinco mejores iniciativas a nivel mundial en lo que refiere a seguridad hídrica, en el marco del SDG Action Zone, llevado a cabo en las Naciones Unidas en Nueva York. «Los encargados de la selección destacaron el potencial de Agua Tica de ser adaptada, replicada y escalada para lograr un mayor impacto global», reportó la iniciativa.
Meylin Chamorro cuenta que con el proyecto en dos años han semabrado 600 árboles donde los técnicos les han indicado que es necesario reforzar. «Ahí hemos trabajado más que todo el cuido de la naciente y la protección de los linderos de la finca».
Según Manuel Guerrero, con el proyecto se pueden traducir las hectáreas de bosque protegido o restaurado a metros cúbicos de agua, «entonces nosotros no solo conservamos el bosque, no sólo le pagamos al dueño por ese servicio ecosistémico que nos brinda, que es el de reabastecimiento, sino que también calculamos esos metros cúbicos de agua reabastecidos».
En promedio, por hectárea se reabastecen 1045 metros cúbicos de agua al año, los que equivaldrían —con el proyecto de Agua por el Futuro— a 717,915 metros cúbicos reabastecidos por las 687 hectáreas. Con esa cantidad de agua se podrían llenar 287 piscinas olímpicas.
«Transformamos hectáreas de bosque a metros cúbicos de agua y no sólo eso, sino que también lo hacemos de una manera técnica científica, no es solo porque a Manuel Guerrero se le ocurrió que ahí era bueno proteger verdad, se hacen estudios preliminares para saber cuánta agua se recarga, se podría recargar o reabastecer ahí», explica. Luego se mide la calidad del agua, precipitación y temperatura, evapotranspiración con las estaciones hidrometeorológicas y usan drones para ver la cobertura forestal. «Hacemos muestreo de suelos y para para ver el estado del suelo y para calcular la pérdida de suelo también», agrega.
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Asimismo, las comunidades se involucran en el programa porque realizan difusión con las áreas aledañas. Se les cuenta sobre Agua por el Futuro y la importancia de la conservación del agua. «Sí hay un contacto, digamos directo entre entre el proyecto y las comunidades alrededor para que ellos vean, porque muchas veces ni siquiera saben de dónde viene el agua, los niños a veces piensan que el agua viene del tubo, pero no saben que por encima de ellos hay fincas que conservan ese recurso hídrico, tienen nacientes y de esas nacientes es que se toma el agua para llevarla a sus comunidades», manifiesta el biólogo.
Pago a beneficiarios
Para que el proyecto funcione, la alianza con la empresa privada es importante, para así poder pagar los fondos a los finqueros. En Agua por el Futuro, la empresa aliada es Coca-Cola. Agua Tica firma un contrato con los productores, donde se comprometen a proteger el bosque por un periodo de cinco años.

Las fincas tienen que cumplir una serie de requisitos para poder recibir el incentivo. En Costa Rica, el Fondo Nacional de Financiamiento Forestal (Fonafifo) también utiliza este mismo método, pero paga por una base y luego si cumplen otros requisitos como fijación de carbono, belleza escénica, entre otros, el pago va aumentando.
Mientras que Agua por el Futuro paga bajo un mismo esquema, el cual es de 64 dólares al año por hectárea protegida.
Las limitaciones del proyecto
Luis Molina es otro de los finqueros asociados al programa Agua para el Futuro. Su finca La Cornelia, está ubicada en San Luis de Grecia, a unos 33 kilómetros del Aeropuerto Internacional Juan Santamaría en Alajuela.
De su propiedad, hay 40 hectáreas en protección, del total de 304 que tiene la finca. Molina tiene la filosofía de que uno como ciudadano del mundo tiene que cuidar la naturaleza, así que vio con buenos ojos integrarse a la iniciativa hace cinco años.
En su finca hay poco ganado y caballos que le permite tener a sus trabajadores. La propiedad se ha usado más para conservación. «Una de las grandes bendiciones que tiene la finca es que tiene la forma de tu palma de la mano, entonces de un lado está el río Sarchí y del otro lado está el río San Juan, entonces está bendecida», cuenta.
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Entre las limitaciones del programa, Molina estima que el incentivo no es considerable. «Eso es muy poco, eso ni para pagar el personal que tengo. Ni para pagar las personas que me cuidan la finca».
Molina compró la finca a inicios de la década del 2000, pero desde siempre se ha dedicado a las buenas prácticas. Hace como dos meses el proyecto le ofreció reforestar y sembraron cerca de 500 árboles.
«Nosotros siempre le hemos dado enfoque sí desde que la compramos y todo, hemos cuidado al medio ambiente. Por iniciativa propia», añade Molina.
A pesar de esas limitaciones, el beneficiario explica que la iniciativa es buena y por eso se unió a ella. «Porque a diferencia de la finca nuestra, hay gente que ha desbaratado las fincas, entonces cuando este tipo de programas comienza con cosas tan buenas, eso hace que otras personas comiencen a analizar y a pensar en que uno debe amar la naturaleza».

«Si a mí me dicen que van a sembrar mil árboles, yo los dejo porque eso es parte de los buenos programas que tiene Agua Viva», manifiesta Molina y agrega que al programa lo admira y respeta «porque esto es dar buenos pasos para ayudar a la naturaleza y ayudar al mundo».
Para Meylin Chamorro, de Codece, tener más apoyo para que otras fincas se integran sería una mejora. «Hay cosas que uno por sí solo no podría hacer y con este apoyo, pues lo ha logrado, por ejemplo, la asistencia técnica, verdad que es muy buena, entonces hay muchos otros propietarios que estarían interesados en ingresar a un tipo de proyecto así. Creo que que el patrocinio de este tipo de actividades sería importante, que otras empresas se sumen a apoyar este tipo de iniciativas».
Luis Gámez, del área de Investigación y Desarrollo de la Empresa de Servicios Públicos de Heredia (ESPH), considera que esta iniciativa es pionera y ve más beneficios que limitaciones.
«Tiene que haber mucha educación» y explica que en todos los niveles, incluso a nivel de empresas. «Que haya personal en las empresas capacitado para conocer, llevar a cabo para ejecutar, para implementar los programas de gestión», dice y añade que con suficiente personal esto se puede lograr, «en el sentido de que muchas instituciones no tienen recursos, sí tienen buenas intenciones, tienen objetivos, tienen un programa de gestion, pero no tienen objetivos para ir un poco más allá».
«Las limitaciones pueden ser de recursos financieros y la otra parte de la educación o el entendimiento de para qué estoy haciendo esto», explica Gámez.
Mientras que el secretario técnico de Agua Viva, Manuel Guerrero, dice que siempre quieren hacer más, y que tal vez podrían unirse con más entes gubernamentales para que los esfuerzos sean conjuntos.
El proyecto Agua por el Futuro estará vigente hasta 2026, pero Guerrero estima que se renovará.
