Se ha vuelto una política de Estado el destierro y confiscación inmediata de los bienes de nicaragüenses a quienes la dictadura Ortega/Murillo considera “traidores a la patria” por el mero hecho de oponerse o manifestar su desacuerdo con el estado de terror que impera en Nicaragua.
Si bien cualquier destierro es un crimen de lesa humanidad de acuerdo con el Estatuto de Roma, hay algunos destierros más desgarradores y graves que otros. Es el caso del periodista y emprendedor de San Rafael del Sur, Henry Briceño y su familia, quien la semana pasada en una entrevista exclusiva con el periodista Carlos Fernando Chamorro, de Confidencial, relató, con vívidos detalles, el testimonio de su captura y destierro forzado por veredas a Costa Rica.
Este hecho inédito tuvo lugar el pasado 24 de noviembre, fecha en que él, su hija, su esposa y su hijo, un menor de apenas 11 años, fueron secuestrados después de almuerzo en su casa de habitación, en San Rafael del Sur, durante un operativo policial por 20 agentes policiales bajo el mando del comisionado mayor Lázaro Clemente Quintanilla Álvarez. Desde ese día Henry Briceño y su familia estaban en la lista de desaparecidos, hasta que el pasado 6 de diciembre este concedió la entrevista en San José de Costa Rica.
El destierro era una pena muy severa que se aplicaba en la Edad Media para castigar diversos delitos contra la religión o la legislación y consistía en excluir a una persona de la comunidad por un tiempo determinado, o incluso de por vida. El destierro ha sido rescatado de la Edad Media por la dictadura Ortega/Murillo que la ha puesto “de moda” actualmente en Nicaragua.
El “delito” que le imputó verbalmente el comisionado Quintanilla al emprendedor y adulto mayor Henry Briceño, de 75 años, fue que él era el “líder de la oposición” en San Rafael del Sur, una condición que en todo caso no es delito, y aún si lo fuera, la pena no tiene por qué trascender a su familia, mucho menos a un hijo menor de edad.
El dolor que reflejaba en su cara don Henry cuando relataba diáfanamente su odisea desde su captura, hasta que en la oscura noche del 24 de noviembre fue puesto en un lodoso camino colindante con Costa Rica, provoca sentimientos de empatía, indignación e impotencia, a cualquiera que ve la entrevista.
De no ser por el humanismo de las autoridades migratorias costarricenses que los socorrieron aquella noche y en los días subsiguientes, don Henry y su familia estuvieran durmiendo en una banca del Parque La Merced, tal como aseguró en la entrevista. Los sacaron de su casa sin permitirles llevar absolutamente nada, más que la ropa que andaban puesta y ya en la guardarraya les entregaron cuatro pasaportes nuevos con fecha de emisión el propio día de su captura y expulsión del país.
Según Briceño el “operativo” tuvo 3 etapas: la captura, traslado y constante reporte durante todo el trayecto desde San Rafael del Sur hacia El Crucero del aseguramiento del “objetivo” al comisionado general Horacio Rocha. Allí le entregan un “paquete” a Quintanilla y siguen hacia Rivas. Luego el traslado de la Policía de Rivas hacia Peñas Blancas y tras meterse en un fangoso camino que corre paralelo a la guardarraya, la Policía de Rivas los entrega a una patrulla fronteriza del Ejército de Nicaragua que les hace toda una sesión fotográfica. Luego les entregan el contenido del paquete (los pasaportes) y en la oscuridad de la noche les ordenan ingresar ilegalmente, cruzando un portillo, a territorio tico.
“Nos trataron como si fueran unos peligrosos delincuentes”, según relata Briceño, ni en la Edad Media se les trataba así a los desterrados.
Pero eso no es todo, don Henry Briceño había incursionado exitosamente en varios negocios turísticos contribuyendo así honestamente con su trabajo y su visión empresarial, al crecimiento de esta industria turística en San Rafael del Sur, por ende, a la economía.
Desde el 2012, seis años antes de la crisis sociopolítica, sus negocios se los había heredado en vida a sus hijos y su esposa por ser ya un adulto mayor con varios padecimientos crónicos de salud.
La saña contra él es tal, que para asegurarse que no pueda sobrevivir en el exilio con el usufructo de sus bienes bien habidos en Nicaragua, las cuatro propiedades de su familia, que tienen un valor estimado en un millón de dólares, se encuentran ocupadas por la Policía orteguista y presumiblemente serán confiscadas (robadas), a como ha ocurrido con otros desterrados.
Solo falta que ahora, para justificar estos actos barbáricos, la dictadura les invente a “quemarropa” el “delito” de moda “traición a la patria”, que tendrán que enrostrarle también a un niño de 11 años, el primero que ha sido desterrado como no lo hicieron ni la Edad Media.
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, expreso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados”.