La Iglesia católica nicaragüense ha sufrido en su historia cinco persecuciones abiertas. La primera, y la que me referiré en este artículo, ocurrió a escasos años de la llegada de los primeros clérigos en 1528: Fr. Francisco de Bobadilla y cuatro mercedarios más. El mismo año llegó a León un contingente de dominicos y, en 1532, seis frailes franciscanos con sus sayales oscuros, pies descalzos y tonsura monástica.2.
Pronto estos hombres, que habían dejado la seguridad de su patria para evangelizar a los nativos, descubrieron como estos eran maltratados por conquistadores codiciosos. Es un crédito a favor de la Iglesia que fueron ellos quienes alzaron la voz en defensa de los aborígenes, labor que les costó la animosidad de muchos conquistadores y, en ocasiones, la vida.
El primero en alzar su voz profética fue el famoso Fray Bartolomé de las Casas. Tras visitar Nicaragua denunció los crímenes que el primer gobernador, Pedrarias, cometía contra los indios. Estas llevaron a que el papa Paulo III amenazara con la excomunión a todo aquel que intentara reducir los indios a la esclavitud, o despojarlos de sus bienes. En palabras de la historiadora Helen Rand, Las Casas “consumió ‘cincuenta años mortales’ dirigiendo quizás el mayor esfuerzo para los derechos civiles y la justicia racial en la historia de la humanidad”.3
En Nicaragua el pionero de la defensa de los aborígenes fue el padre Diego Álvarez de Osorio, enviado por la corona en 1527 y consagrado como el primer obispo en 1531. Enfureció al entonces gobernador, Francisco de Castañeda y sus secuaces, cuando tras sus visitas al puerto del Realejo encontró que estaban tratando de exportar a indios como esclavos pretextando que eran rebeldes. Producto de sus denuncias, en 1533 la corona prohibiría totalmente la venta o exportación de indios.
Las tensiones se agudizaron tras la ascensión a la gubernatura, en 1534, de Rodrigo de Contreras, casado con una hija de Pedrarias, doña María de Peñalosa. El era dueño de una flota de navíos con la que se había enriquecido exportando indios y madera. Odiaba a los religiosos e inició la primera persecución: se las ingenió para sacar de Nicaragua a los dominicos, así como para acusar judicialmente a Fr. Bartolomé y arrinconar económicamente a los clérigos. Los comerciantes le negaron el crédito al obispo Álvarez de Osorio, forzándolo a vivir de la caridad pública. Más grave aún fue su altercado con el padre Pedro de Mendavia, español, designado por la reina como Deán —juez eclesiástico— a quien clavó un puñal en la mano y deportó a España.
El padre Mendavia regresó encendiendo la furia de la vengativa Peñalosa. En 1543 lanzó sus turbas contra el Deán y sus acompañantes. Estas quebraron las puertas del templo de La Merced, donde se refugiaban y mataron con un disparo de ballesta al franciscano Pedro de Chávez —primer religioso ultimado en el país— y a tres fieles más.19 El padre Mendavia sobrevivió, pero fue enviado a España como prisionero para enfrentar los tribunales. Allí fue absuelto por la Inquisición, pero no regresó.
Poco después llegó a Nicaragua, como obispo, fray Antonio de Valdivieso. No le tomó mucho tiempo descubrir las tropelías de los Contreras. Por un período de aproximadamente seis años dirigió doce cartas destinadas al emperador Carlos V. Sus gestiones epistolares surtieron efecto; la corona despojó a los Contreras de sus encomiendas y ordenó que acataran las Leyes Nuevas que protegían a los indios. Era un trago amargo para la poderosa familia. En la tarde del 26 de febrero de 1550, y mientras don Rodrigo visitaba España, sus hijos Hernando y Pedro, acompañados de una treintena de cómplices, asaltaron la residencia del obispo y lo asesinaron. La fractura de su brazo derecho, evidente en su esqueleto encontrado en las ruinas de León Viejo, testimonia que fue muerto a golpes de espada. Tras el crimen los hermanos Contreras tomaron brevemente el control militar de León y Granada. Luego se embarcaron hacia Panamá, lugar donde su loca aventura terminó al ser muerto uno por las autoridades y el otro tragado por la selva.
Seguiré con las siguientes persecuciones a una Iglesia que siempre ha estado a lado de su pueblo.
El autor fue ministro de educación en el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro y es el autor del libro de historia Buscando la Tierra Prometida (Historia de Nicaragua 1492-2019) de venta en librerías locales y en Amazon, versión digital y física.