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Frente a una multitud de miles de personas, con un micrófono en la mano que apenas podía mantener firme por los nervios y con luces frente a su rostro que lo hacían parpadear intensamente, el joven nicaragüense Yodenis González dijo casi en susurro: “Gracias, Dios, por permitirme empezar a pagar mi promesa”.
Ese día de mayo de 2025, en una plaza de la fría ciudad de Chicago, cerró los ojos y empezó a cantarle a la virgen María.
Era la primera vez, en sus 23 años de vida, que cantaba en público y ahora no sabe si lo hizo bien o lo hizo mal, solo sabe, por lo que dijeron luego, que parecía inspirado.
Buscar vida en el extranjero
Como muchos jóvenes de las zonas rurales del norte de Nicaragua, Yodenis González creció viendo partir a familiares, vecinos y amigos hacia Costa Rica, España o Estados Unidos.
Algunos regresaban con algo de dinero para construir una casa; otros nunca volvían. Él también terminó convencido de que debía marcharse. Tenía 19 años cuando tomó la decisión de emprender el viaje hacia Estados Unidos, sin más equipaje que una mochila y la determinación de llegar.
Lo que no imaginaba era que aquella travesía de casi dos meses terminaría convirtiéndose en el origen de una historia que hoy narra entre obras de construcción, talleres de carpintería, concursos de canto y canciones religiosas escritas por alguien que jamás estudió música.
En cada frontera encontraba migrantes que contaban historias de secuestros, asaltos y desapariciones de migrantes a manos de narcos y sicarios.
En los albergues improvisados se hablaba de grupos criminales que controlaban territorios enteros y de personas que habían perdido todo cuanto llevaban encima.
México fue el tramo que más lo marcó. Allí escuchó relatos de mujeres violadas en masa, viajeros asesinados y familias separadas por la violencia.
El origen de una promesa
Mientras las noticias sobre peligros se acumulaban a su alrededor, Yodenis González comenzó a experimentar una sensación que todavía hoy le cuesta describir. Era algo más profundo que el miedo. Quizás era terror.
Cada relato lo obligaba a pensar en su familia y, especialmente, en su madre. “Pensaba yo: ¿qué será de mi madre si no vuelve a saber de mí?”, recuerda.
En medio de aquella incertidumbre hizo una promesa que, según cuenta, cambió el rumbo de su vida. Cada vez que el temor aparecía durante el viaje, le pedía a Dios que le permitiera llegar con vida a Estados Unidos.
A cambio, ofrecía dedicar su voz y sus pensamientos a escribir canciones religiosas. La idea resultaba extraña incluso para él. No sabía tocar instrumentos, nunca había estudiado música y jamás había imaginado convertirse en cantante.
Cuando finalmente logró entrar a Estados Unidos sintió que había sobrevivido a algo que para muchos otros terminó en tragedia y decidió cumplir su palabra desde el primer día.
Gracias a la Virgen
La primera canción nació poco después de establecerse en Nueva Jersey. Fue una composición dedicada a la virgen María. Yodenis no sabía cómo estructurar una melodía ni cómo convertir una letra en una pieza musical, pero comenzó a escribir.
Luego llegaron otras canciones, todas inspiradas por la misma experiencia que había marcado su viaje: el agradecimiento por seguir vivo.
Durante el día buscaba trabajo; al regresar a casa escribía. El proceso era completamente intuitivo. Simplemente intentaba plasmar en palabras las ideas que aparecían en su mente.
Cuando comenzó a tocar puertas para grabar sus canciones encontró el mismo obstáculo que enfrentan muchos artistas emergentes: el dinero. Los estudios cobraban entre 600 y 700 dólares por producir un tema, una cantidad imposible para un inmigrante que atravesaba periodos de desempleo y trabajos temporales.
Canciones en Youtube
Durante algún tiempo pensó que sus composiciones permanecerían únicamente en papel. Pero la misma perseverancia que lo había acompañado durante el viaje volvió a aparecer. Si no podía pagar a productores profesionales, tendría que aprender por su cuenta.
Empezó a experimentar con programas básicos, pistas improvisadas y herramientas que encontraba a su alcance. Poco a poco logró construir versiones sencillas de sus canciones y escuchar aquello que hasta entonces solo existía en su imaginación. Al menos 12 de esas canciones están en su cuenta en Youtube.
Mientras se adaptaba a la vida estadounidense, pasó por distintos empleos. Trabajó en construcción, realizó labores físicas de todo tipo y finalmente encontró oportunidades en la carpintería.
Yodenis aclara que, aunque se identifica como católico, no pretende escribir para una denominación específica.
“Mi intención es crear canciones que sirvan para alabar a Dios y transmitir esperanza a cualquier ser humano que siente la necesidad de acercarse al Supremo”, dice.
De Wiwilí a Chicago
Una de las oportunidades más importantes en sus planes —dice Yordenis— apareció en Chicago. Después de participar en concursos y actividades vinculadas a la música religiosa, recibió una invitación para interpretar una de sus canciones en un evento multitudinario.
Para un joven que había crecido entre cafetales y montañas en Wiwilí, la experiencia resultó difícil de asimilar.
Frente a él se extendía una multitud que calcula en unas 30,000 personas. La mayoría había llegado para asistir a la presentación de Ge’La, una de las figuras más reconocidas de la música católica en español.
Con más de tres décadas de trayectoria y más de veinte discos grabados, la cantante mexicana ha desarrollado una intensa labor evangelizadora en América y Europa. Sus canciones acumulan millones de reproducciones en las redes sociales y es figura reconocida entre la música religiosa.
Cuando Yodenis subió al escenario para interpretar una de sus composiciones, pensó inevitablemente en el camino recorrido desde Nicaragua.
Aquella presentación marcó un punto de inflexión. Después del concierto mantuvo contacto con Ge’La y asegura que la cantante le ha expresado interés en desarrollar una colaboración musical en el futuro.
Luego viajó desde Wisconsin, donde trabajaba, a un concurso popular denominado Estrellas del Canto, donde talentos de todos los Estados disputan una audiencia en busca del éxito.
Yodenis se presentó a New York y le dieron la oportunidad. Pasó una primera fase y en la segunda lo descartaron, pues dice que la música cristiana no tiene mucho impacto ante otros géneros musicales.
También afirma haber recibido mensajes de otros intérpretes cristianos reconocidos que han mostrado interés en revisar sus composiciones y explorar posibles acuerdos relacionados con la autoría de algunas piezas.
Por razones vinculadas a los derechos de autor y a negociaciones todavía en curso, Yodenis dice que prefiere mantener esos nombres en reserva.
Entre la carpintería y la música
A pesar de esas oportunidades, la realidad cotidiana de Yodenis sigue siendo la de un inmigrante que depende de su trabajo físico para sostenerse.
Después de participar en concursos, conciertos o actividades religiosas, regresa a las mismas rutinas que comparten millones de trabajadores migrantes en Estados Unidos.
Durante el día trabaja hasta el cansancio; por la noche escribe, escucha melodías y manda correos y mensajes relacionados con sus proyectos musicales.
Lejos de sentirse frustrado por la lentitud del proceso, suele interpretarlo como una prueba de paciencia.
Recuerda que hace apenas unos años atravesaba México sin saber si llegaría vivo a su destino. Comparado con aquella incertidumbre, los obstáculos de la música le parecen menores.
Por eso, cuando habla de sus sueños, menciona la posibilidad de grabar con artistas reconocidos o de presentarse en escenarios más grandes con la frase “Si Dios quiere…”.
Hoy lo que más destaca Yodenis es haber sobrevivido al viaje y empezar a cumplir la promesa que hizo durante aquellos días difíciles. Si alguna vez el éxito llega, dice, será otro milagro de Dios.