Rebuznan los burros y quienes, según el léxico popular, dicen estupideces flagrantes. El exmandatario mejicano AMLO, y la nueva presidente Claudia Sheinbaum, podrán ser muy inteligentes, pero en ocasiones parecen ser dignos de ese verbo. El primero, por escribir al rey de España, en 2019, que pidiera públicamente perdón por los atropellos cometidos en la conquista. La segunda, por negarse a invitarlo a su toma de posesión al no haber contestado a semejante exigencia.
La actitud de ellos es típica de la multitud de líderes izquierdistas que año tras año, y particularmente alrededor del 12 de octubre, rasgan sus vestiduras acusando a España de haber saqueado y destruido civilizaciones indígenas pacíficas, para imponer el opresivo imperialismo occidental. Atrapados en sus rígidos y simplistas marcos ideológicos no reconocen matices: los indios eran buenos buenos y los españoles malos malos. Así no tienen ojos para ver las siniestras opresiones y el atraso que sufrían los primeros, y a los extraordinarios aportes y bondades que trajeron los segundos. Inventan por eso que el 12 marca el día de la “resistencia indígena” y buscan derribar las estatuas de Colón.
Pero son afirmaciones que develan flagrante ignorancia o mala fe. Porque quienes de verdad oprimían, saqueaban y mataban a la mayoría de las tribus del hoy México, eran los aztecas; indios sanguinarios y caníbales afincados cien años atrás —la película Apocalypto ilustra muy bien el horror de sus sacrificios humanos—. La realidad es que siete de las grandes etnias aborígenes, entre ellos los tlaxcaltecas, lejos de rebelarse contra los españoles de Hernán Cortés, los vieron como sus liberadores y se aliaron con ellos para derrotar a los aztecas.
Obviamente los españoles no eran santos. Como todos los hijos de Adán y Eva, muchos cometieron abusos. Pero vale consignar que historiadores tan célebres y creíbles como Toynbee consideran que la conducta imperial de España, medida contra la de otras potencias fue, con mucho, la más humana. Ni los franceses, belgas, portugueses e ingleses se preocuparon por incorporar a sus conquistados a sus culturas sino en apartarlos, esclavizarlos y saquear sus riquezas. No así en los dominios españoles. Mientras en Norteamérica los indios eran masacrados y confinados a reservaciones, mientras en Sudáfrica los negros sometidos al sistema del apartheid, y mientras en ambos casos se prohibían los matrimonios interraciales, en la América hispana los indios eran evangelizados y educados por los misioneros y el mestizaje promovido activamente por la iglesia y la corona. A todos España los integró étnica, social y culturalmente a su imperio y sociedad. Se creó así una nueva raza que, junto con los indios puros, fue deliberadamente asimilada a la cultura europea. Los virreinatos que la corona española estableció en América fueron tan prósperos que, en palabras del historiador mejicano Juan Gabriel Zunzunegui, ciudad México llegó a ser más próspera que Madrid.
El gran bien que significó integrar a tribus aborígenes a la cultura más avanzada del mundo es otro aspecto que tampoco quieren ver los izquierdistas, que parecieran preferir que los indios se hubiesen quedado estancados en la edad de piedra. No ven, o no quieren ver, que con los españoles vinieron los libros, las imprentas, las escuelas, los hospitales, la ciencia, la contabilidad, magníficas iglesias, nuevas artes e industrias, un idioma unificador; en suma, el tesoro inigualable de la cultura occidental y, sobre todo, su corona de oro: la religión más humanizadora de la historia. A indios imbuidos de religiones pródigas en dioses crueles y voraces, los misioneros les presentaron a un Dios amor y a una madre amorosa que terminó cautivándolos.
Realmente se necesita ser muy obtuso de miras —y quizás muy burro— para no considerar el 12 de octubre como una de las efemérides más afortunadas en la historia de los indígenas y de la misma humanidad, y muy desnaturalizado para no exclamar como Rubén: “¡Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda!”
El autor fue ministro de educación en el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro y es el autor del libro de historia “Buscando la Tierra Prometida” (Historia de nicaragua 1492-2019) de venta en librerías locales y en Amazon, versión digital y física.