El pasado 20 de septiembre, el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, reconoció públicamente que considera que el régimen Ortega-Murillo es una dictadura, pese a que el exmandatario panameño, Ricardo Martinelli —quien es directivo del partido que lo llevó a la victoria electoral— permanece en la Embajada de Nicaragua en Panamá refugiado.
“Martinelli está en la Embajada de Nicaragua ejerciendo, o valiéndose, de un derecho bilateral que existe en tratados internacionales. Eso no tiene nada que ver con la condición de régimen que tiene Nicaragua, que sin duda alguna es una dictadura política, reprochable desde todo punto de vista lo que está pasando en ese país”, afirmó el mandatario Mulino en una entrevista para la cadena de noticias Deutsche Welle (DW).
A consideración del catedrático y especialista en relaciones internacionales costarricense, Carlos Murillo, la reacción de Mulino es «atinada» al calificar al régimen de Nicaragua como una dictadura.
«Me parece atinada la postura del presidente Mulino que califica a Nicaragua como una dictadura. Me parece atinada la posición del presidente panameño en diferenciar la opinión política en cuanto al Gobierno de Nicaragua. Esto se veía venir desde antes de las elecciones: habría que ver cómo va a manejar Managua la situación de Martinelli ante las declaraciones de Mulino», dijo Murillo.

El analista político y periodista panameño, Edwin Cabrera, aseguró a este Diario que las declaraciones que brindó Mulino el pasado 20 de septiembre «son las más fuertes» y que podrían surgir a raíz de una fisura entre el mandatario panameño y Martinelli.
«Son las más fuertes que ha dado sobre la dictadura nicaragüense. Eso podría generarle algún nivel de incomodidad a Martinelli, pero no a la cancillería nicaragüense o a la persona que ejerce como embajadora en Panamá, porque los regímenes autoritarios son caraduras», señaló Cabrera.
A finales de agosto, Mulino brindó declaraciones a CNN en Español en las que opinó que la dictadura Ortega Murillo «ya es un problema para la región».
Por esta razón, Cabrera consideró que «si el régimen de Nicaragua fuera serio, ya habría llamado a consultas a su embajador, al menos».

Luego de las críticas de Mulino, la dictadura publicó hasta este 24 de septiembre un comunicado que envió el 15 de este mismo mes el mandatario panameño a los dictadores con motivo del 203 aniversario de la independencia de Centroamérica.
«Reitero a vuestra excelencia mi firme voluntad de continuar trabajando mancomunadamente para fortalecer las tradicionales relaciones de amistad y cooperación que existen entre nuestros dos pueblos y sus gobiernos», señala el comunicado.

¿Está en riesgo la «estadía» de Martinelli en la Embajada de Nicaragua?
A consideración de Murillo, la estancia de Martinelli en la Embajada de Nicaragua en Panamá no está en riesgo, puesto que no le convendría a la dictadura Ortega Murillo expulsar al exmandatario de la sede diplomática.
«Sería un gran error del régimen de Ortega expulsar a Martinelli de la Embajada porque se expondría a que el exmandatario presente un recurso ante instancias internacionales, porque es una cuestión de derechos humanos, aunque el régimen no lo reconozco», señaló Murillo, y añadió que «ya no sería una represalia contra Martinelli, sino contra sus derechos humanos».
Mulino dice que no es títere de Martinelli
Desde que ganó las elecciones, impulsado por la popularidad de Martinelli, Mulino lanzó señales de tomar distancia del exmandatario y asegura que no tiene “ningún acuerdo” con el expresidente, quien permanece asilado en la Embajada de Nicaragua desde febrero para no ir preso. Además negó ser un «títere» de Martinelli, pese a que lanzó su candidatura luego de la inhibición del exmandatario por los procesos en su contra.
“Este que está aquí no es títere de nadie (…) Yo no estoy aquí porque me puso alguien ni por el dedo de alguien”, dijo Mulino durante su discurso de victoria en un hotel de la capital, en medio del júbilo de sus seguidores el pasado 5 de mayo.
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En opinión de Cabrera, esto demuestra que, pese a que Mulino participó en los comicios ante la inhibición de Martinelli, el exmandatario se convirtió en un obstáculo para la nueva administración panameña.
«Cada día que pasa, Martinelli se convierte en una piedra en el zapato para la gestión de Mulino, porque desde la Embajada de Nicaragua escribe mensajes en las redes sociales, se reúne con diputados, dirigentes políticos de su partido y con eso le manda mensajes a Mulino», dijo Cabrera.
Estas acciones de Martinelli desde la Embajada de Nicaragua y ante la falta de medidas por parte del régimen Ortega-Murillo, provocarían un incremento de las críticas de Mulino ante la dictadura de Nicaragua, a consideración de Cabrera.

«Con esto, tal vez, vamos a ver que Mulino suba cada vez más el tono frente a la dictadura de Nicaragua, porque lo procede es que (Ortega) le diga a Martinelli que no puede violar los acuerdos internacionales al hablar de política desde la Embajada de Nicaragua», afirmó el analista.
«No me sorprendería que en algún momento se pueda dar un resquebrajamiento total (entre Martinelli y Mulino)», añadió.
Martinelli cumplió siete meses de estar en la Embajada de Nicaragua
El 7 de septiembre, el expresidente panameño Ricardo Martinelli cumplió siete meses asilado en la Embajada de Nicaragua en Panamá, asegurando que en su país enfrenta persecución política. La justicia panameña condenó el pasado 2 de febrero a Martinelli a una pena de 10 años y seis meses de prisión por lavado de activos, convirtiéndose en el primer expresidente de Panamá en la historia democrática de ese país en ser condenado a cárcel por ese tipo de delitos.
Entre analistas y políticos panameños existe mucho hermetismo sobre el tema de Martinelli y su permanencia en la Embajada de Nicaragua en Panamá. Sin embargo, algunos consultados por este Diario, que prefirieron no se publicaran sus nombres, aseguran que la idea del expresidente no es salir del país, sino lograr por todos los medios quedarse, pese a la condena.
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«La situación plantea un desafío considerable para la diplomacia regional, pues el asilo otorgado a figuras políticas con antecedentes penales complejiza la cooperación entre naciones, y en el marco del Sistema de la Integración Centroamericana, ha demostrado que lo ha complejizado aún más. Si bien Nicaragua defiende su derecho soberano a conceder refugio, Panamá por su parte, insiste en que el caso de Martinelli debe ser tratado bajo el marco de la justicia», señaló el analista político costarricense Guillermo Zeledón Flores, en declaraciones a LA PRENSA.
Zeledón Flores consideró que «una solución diplomática que respete los principios de justicia y soberanía será clave para evitar una escalada mayor en las tensiones y garantizar que los lazos bilaterales no se vean permanentemente dañados».