¿Cuál es la filosofía política del actual régimen nicaragüense? ¿Cuál es la ideología o el sistema político que hoy impulsa su partido? Aunque por sus acciones podemos vislumbrarlo, sería de esperar que lo explicitaran razonando el porqué de su escogencia. Los regímenes políticos, desde los más autoritarios hasta los más democráticos, han buscado legitimar sus acciones con base en su adhesión hacia algún credo o ideología política en cuyas virtudes creen, los gansteriles no lo hacen pues en vez de ideas tienen pistolas.
Los comunistas justificaron su totalitarismo con base en los principios del marxismo leninismo según el cual la clase obrera debía derrocar a los capitalistas y sustituir a la democracia “burguesa” por la dictadura del proletariado. En ella la vanguardia revolucionaria, situada por encima de la ley, tendría un poder absoluto, sin frenos o contrapesos, sobre la función legislativa, la judicial, la educación, los medios; sobre todo.
Los gobiernos fascistas llegaron a la misma conclusión aunque desde otro ángulo: alegando que la democracia liberal era nociva para la meta suprema de unificar la nación alrededor de la meta sagrada de engrandecerla. Criticando al pluripartidismo el falangista español Primo de Rivera, dijo que “partido viene de partir y lo que nosotros queremos es una España unida, no una España partida en pedazos”. La frase de Mussolini: “Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado” resume su filosofía. Curiosamente, algo prácticamente igual repetiría el comunista Fidel Castro en 1961: “Dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada”.
Las democracias liberales, por el contrario, proclamaron como principio fundamental la libertad individual, la existencia de derechos humanos inalienables —entre ellos el de propiedad— y la limitación del Estado. Este debía estar sujeto a frenos y contrapesos a través de la independencia de sus ramas legislativas, ejecutivas y judicial. Su única función sería asegurar el respeto a los derechos individuales y su única fuente de legitimidad la voluntad popular, expresada en elecciones periódicas y multipartidistas.
Existen, evidentemente, matices y variedades entre estos polos de autoritarismo y libertad, como la social democracia; que busca dotar al Estado de una mayor cuota de poder para establecer políticas más igualitarias y redistribucionistas. Pero entre el espectro de opciones políticas, ¿dónde su ubica el régimen nicaragüense? Es evidente que tras los acontecimientos del 2018 ha implementado las medidas típicas de las más autoritarias. Pero le queda pendiente la importante tarea —a menos en las sociedades pensantes— de explicitar ante la sociedad y sus propias bases las razones por las que consideran el nuevo modelo superior al sistema de democracia representativa que se quiso establecer desde 1990. Milei, por ejemplo, ha hecho elocuentes alegatos a favor de las ventajas del modelo libertario sobre el socialista. En Nicaragua, en cambio, ninguna voz o ideólogo ha hecho esfuerzo alguno por razonar las virtudes del nuevo orden. Si lo hiciesen tendrían que explicar sus repuestas a interrogantes como los siguientes:
¿Es buena la separación de poderes o es mejor que todos se subordinen al ejecutivo? ¿Deben asegurarse elecciones periódicas, libres y competitivas para elegir autoridades o dejar que el partido en el poder las seleccione? (como en Cuba). ¿Deben existir partidos con posibilidad de acceder al poder o es mejor el sistema de partido único? ¿Pueden los particulares formar asociaciones o gremios independientes del Estado? Y en cada caso las repuestas deberían ir acompañadas de sus correspondientes razones a menos que se decrete la suspensión del pensamiento.
Igualmente, en las facultades de Derecho sería de esperar que antes las prácticas actuales algunos se pregunten: ¿Debe suspenderse el principio de la irretroactividad de la ley? ¿o la prohibición de que trascienda a terceros las penas impuestas a los infractores? ¿Debe sustituirse la presunción inicial de inocencia del acusado por la de culpabilidad? ¿Debe suprimirse el habeas corpus?
Desafortunadamente, es casi seguro que preguntas como estas caerán en el vacío pues da la impresión de que en el FSLN, y cuidado que también en las universidades, la mayoría ha renunciado al hábito de pensar o cuestionar. ¿Dónde están, podríamos preguntar, los intelectuales del régimen; los ideólogos del nuevo camino? ¿Será que tendremos a resignarnos a oír, como única explicación, las cansonas denuncias contra los imperialistas, los europeos, y los golpistas, o las letanías a la Nicaragua bendita, solidaria y heroica?
El autor es sociólogo e historiador. Fue ministro de Educación de Nicaragua.