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Cuando reunieron a las presas políticas en un salón del Establecimiento Penal Integral de Mujeres (EPIM) La Esperanza para ser desterradas hacia Guatemala, Evelyn Guillén fue la última que las custodias llevaron.
“Se miraba como disociada. No respondía. Estaba dopada a lo mejor”, sospecha la excarcelada Adela Espinoza, quien vio a Evelyn Guillén cuando la llevaron al salón. “Se miraba como perdida. Estaba como maltratada ella. Se miraba bien mal realmente su apariencia. Su situación psicológica asumo que era lo que la tenía de esa forma”, agrega.
Gabriela Morales, otra de las presas políticas desterradas y que estaba en ese salón, se acercó a Guillén para saludarla. “Su mirada estaba perdida, así como ida. Se miraba como que la habían sedado”, relata Morales, quien afirma haber sido cercana a Guillén durante sus días en prisión. Morales describe que Guillén tenía los ojos rojos, así como los párpados inferiores.
Después de juntarlas en el salón, las custodias llevaron a las presas a un autobús que las trasladó al Sistema Penitenciario de varones La Modelo. Eran cerca de las ocho de la noche del pasado 4 de septiembre.
En La Modelo, les pasaron lista y verificaron sus nombres en unos pasaportes recién hechos. Ahí estaba el de Evelyn Susana Guillén Zepeda, de 52 años.

Fue en ese lugar, después de verificar su pasaporte y que funcionarios de la Embajada de Estados Unidos les explicaran que iban rumbo a Guatemala, que Guillén dijo que no se iba a subir al avión.
—Evelyn no. ¡Vos te vas! —le respondió la alcaide de La Esperanza, Janeth Huete.
Los estadounidenses le dijeron que no se apresurara a dar una respuesta, que lo meditara en el camino hacia la Fuerza Aérea.
—No, yo ya tomé mi decisión. Yo me quedo en mi país —insistió.
Cuando llegaron a la Fuerza Aérea, cerca de las dos de la mañana, Guillén seguía diciendo que se quedaría en Nicaragua. Ni sus compañeras presas, ni los funcionarios de la embajada estadounidenses, y ni siquiera las custodias lograron convencerla. “No podemos obligarla a subir. Tiene que aceptar”, insistían los diplomáticos.
Los mismos funcionarios de la embajada fueron a buscar a Alex Gómez Bustos, de 50 años, quien había sido detenido por el mismo caso de Guillén y era un viejo amigo de ella.
Gómez Bustos cuenta que cuando él estaba subiendo al avión, un funcionario le pidió que hablara con Guillén para convencerla. Se regresó al hangar donde estaban las presas y ahí la vio. “Ella no estaba bien”, dice.
–Vamos al avión. Subí —le dijo Gómez
–No, yo no me quiero ir de Nicaragua.
–Pero si te quedás ahí adentro te vas a morir.
–No, yo tengo mis hijos.
–Cuando estés afuera podés arreglar cómo ves a tus hijos.
–No, no me voy.
Gómez Bustos regresó al avión. “No logré convencerla. Me partió el alma porque sé lo que se sufre allá adentro”.
Antes de que despegara el avión, los funcionarios estadounidenses pasaron lista para saber si ya estaban todos. Llamaron a Evelyn Guillén, pero no hubo respuesta. “También llamaron a doña Nancy (Henríquez), pero a doña Nancy nunca la sacaron”, comenta Adela Espinoza.
Por la manera en que se comportaba en prisión, además del estado en que la vieron las presas por última vez antes de ser desterradas, consideran que Guillén tiene algún problema mental.
El pasado 20 de agosto de 2024, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) le otorgó medidas cautelares y advirtió que Guillén padece “de una enfermedad mental como resultado de haber sido víctima de violencia sexual”.
Su amigo Gómez Bustos señala que la agresión sexual que sufrió Guillén fue a manos de paramilitares que la secuestraron en 2018, cuando ella ayudaba a los jóvenes atrincherados en la Upoli. “Ella me contó eso y sé que es verdad. La secuestraron unos tipos y le hicieron barbaridades”, confirma.

Presa por demandar libertad de Rolando Álvarez
El 1 de agosto de 2023, durante la procesión de Santo Domingo de Guzmán en Managua, Evelyn Guillén y Alex Gómez Bustos exhibieron una pancarta en donde demandaban la libertad del obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez, quien entonces permanecía detenido por el régimen de Ortega.
Gómez relata que conoció a Guillén hace unos 12 años a través de amistades y familiares. Siempre ha sido muy devota de la religión católica, dedicada a sus cuatro hijos y a su negocio que era un salón de belleza en las cercanías de la Upoli.
Con la detención del obispo Álvarez, Guillén estaba muy indignada y junto con Gómez decidió hacer el piquete de protesta aquel 1 de agosto. Su amigo dice que estaban consientes del riesgo que corrían, pero que no querían quedarse de brazos cruzados al ver la injusticia que cometía la dictadura con el obispo.
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Apenas sacaron la pancarta, unos civiles se las arrebataron y Guillén salió corriendo con Gómez para evitar ser secuestrados. Días después, el 5 de agosto, Guillén se había ido en un viaje familiar a Pochomil y fue detenida por la Policía en la playa. Gómez, por su parte, fue detenido en su casa.
“Recibí maltrato psicológico y tortura física por pedir la libertad de monseñor Álvarez”, cuenta Gómez y por lo que él vivió en prisión, no duda que Evelyn Guillén también sufra algún tipo de maltrato cruel por parte de sus carceleras.
Cuando ambos fueron detenidos, algunos medios de comunicación reportaron que Guillén y él eran esposos. “Ella no es mi pareja. No sé de dónde sacaron eso. Más bien me ha traído problemas con mi pareja”, aclara.
Engrilletada en su celda
Adela Espinoza conoció a Evelyn Guillén cuando fue trasladada al pabellón 6 de la cárcel La Esperanza, en septiembre de 2023. Guillén estaba sola y aislada. Las demás presas solamente podían verla cuando las sacaban y tenían que pasar frente a su celda. “Hacía gritos de protesta y a veces no le encontrábamos sentido a las cosas que decía”, relata.
“Eran cosas incoherentes. En ocasiones gritaba como que se estaba defendiendo y la escuchábamos pelear con la teniente, pero también había periodos en que no la escuchábamos absolutamente para nada”, agrega.

De acuerdo con el relato de otras presas que prefirieron no ser citadas, Guillén pasaba casi todo el día gritando y siempre que miraba a otras presas políticas, las saludaba poniéndose una mano en el pecho o levantando su puño.
“A ella la trataban de una forma más cruel de la que nos trataban a nosotras”, señala Espinoza.
Gabriela Morales supo de Guillén el 23 de agosto de 2023, un día después de que ella fue detenida. Desde entonces Guillén ya gritaba desde su celda: “Viva Cristo Rey”, “Vivan los campesinos”, “Libertad para los presos políticos”, “Viva Nicaragua Libre”.
También la recuerdan cantando la misa campesina y algunas canciones de Katia Cardenal, y como ella tiene buena voz, algunas presas comunes le pedían algunas canciones y ella las complacía. Había otras presas que se le burlaban, cuenta Morales, y le cantaban la canción de “El comandante se queda”.
Morales vio varias veces a Guillén en su celda cuando la sacaban para visita. Permanecía engrilletada todo el día. “Esos grilletes estaban sarrosos”, recuerda. “Estoy segura que la golpeaban para ponerle los grilletes porque se escuchaba que forcejeaban con ella”.
Hubo un tiempo que la dejaron de escuchar, más o menos para octubre de 2023, y volvieron a saber de ella hasta en enero de 2024. “La sedaban para mantenerla tranquila, pero esto te lo puedo decir que es cierto y que lo hacían porque había una presa común enfrente de mi celda que era rebelde, necia y para mantenerla tranquila, la inyectaban y después pasaba tranquilita”, relata Morales.
Por su parte, Adela Espinoza recuerda que las custodias se quejaban de que Guillén no las dejaba descansar por las noches porque les pasaba gritando. “Por eso es que querían que se fuera, porque ella les da guerra”, dice.
—Vos te vas a ir porque no es solo decisión tuya. Se van a ir todas —le insistió la alcaide Huete una vez más antes de que despegara el avión.
—No, yo no me voy de mi país —volvió a responder Guillén.
Los 135 presos políticos ya habían subido al avión y Guillén fue montada a un microbús que se la llevó presuntamente al penal de mujeres. La aeronave despegó y Guillén se quedó en Nicaragua, en donde permanece detenida por el régimen de Ortega. “Yo estoy extremadamente segura de que ella no estaba consciente de haber tomado esa decisión”, insiste Gabriela Morales.
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