Cuando somos jóvenes sentimos que podemos comernos el mundo, todo es posible para nosotros, nos damos cuenta de que no es así cuando la vida empieza a poner a prueba nuestra tenacidad.
En el año 2018, con las protestas en contra de las reformas de Seguro Social, fuimos miles de jóvenes los que salimos a las calles a enfrentarnos con un monstruo gigante sin saber las grandes consecuencias que esto dejaría, o al menos yo no las sabía: persecución, prisión, muerte. Esto en su totalidad nos cambió la vida; dejamos de ser jóvenes con vidas normales y nos convertimos en activistas, políticos, defensores de derechos humanos, cualquier cosa que fuera menos jóvenes.
Cuando yo fui secuestrado pensé que sería poco tiempo, pero cuando sentí que los años pasaban, perdía la esperanza de algún día ser un chavalo normal. Terminar mis estudios era una de las cosas que más pensaba, y no lo pensaba con la esperanza de continuarlos, sino más bien con el dolor de que no podría hacerlo. Sentí que el tiempo y las oportunidades se habían acabado para mí.
Y es lo mismo que han sentido tantos jóvenes que no han podido continuar sus estudios. Lo piensan los 9 mil exestudiantes de la UCA, o al menos los que no han podido ingresar a ninguna universidad después de la confiscación el año pasado. Por muchas razones, las principales son económicas, porque les retienen sus expedientes académicos, y falta de información, y la mayor, por miedo de buscar una opción en el exterior.
Miles de jóvenes en el exilio dejaron la opción de estudios. En el exilio, tus prioridades cambian, tienes que subsistir, y las opciones que tenemos los jóvenes en el exilio para estudiar son muy reducidas. La falta de empatía ante la situación vivida por nosotros, hoy en día, la cantidad de jóvenes que han podido retomar sus estudios es mínima.
Hoy en día, en libertad, y ante la gran necesidad de que los jóvenes nos preparemos para construir un mejor futuro para Nicaragua, la esperanza y las fuerzas de retomar mis estudios están más vivas que nunca. Estoy creando mis oportunidades y trato de motivar a más chavalos que no es hora de que nos demos por vencidos.
Yo, con 25 años, sin expediente académico alguno, recibí la gran noticia de que fui becado en la Universidad Complutense de Madrid. Sabiendo que tendré que empezar de 0, me entusiasma la idea de tener la oportunidad de volver a ser un chavalo normal.
El autor es estudiante universitario nicaragüense y activista de derechos humanos. Ex preso político ahora desterrado.