La unidad de la fe frente a la tiranía

La dictadura de Daniel Ortega ha desatado una ola de represión que se extiende más allá de sus fronteras habituales, afectando no solo a la Iglesia católica, sino también alcanzando con fuerza a las comunidades protestantes y evangélicas, incluyendo a la Iglesia Morava. Lo que comenzó como un ataque frontal contra la Iglesia católica, con sacerdotes encarcelados y desterrados, templos profanados y procesiones religiosas prohibidas, se ha transformado en una persecución religiosa de amplio espectro, que amenaza con desgarrar el tejido espiritual de toda la nación.

La Iglesia Morava, una institución con raíces profundas en la historia nicaragüense desde su establecimiento en 1849, ha sido un faro de esperanza, paz y desarrollo en la región del Caribe nicaragüense. Sin embargo, en la mente distorsionada de Ortega, cualquier voz que no se someta a su control es una amenaza que debe ser silenciada. Los recientes ataques a la Iglesia Morava son un reflejo de la paranoia de un régimen que, en su desesperación por aferrarse al poder, ve enemigos donde solo hay pastores, maestros y líderes comunitarios dedicados a servir a los demás.

¿Por qué Ortega teme a la Iglesia Morava? Porque la Iglesia Morava representa todo lo que Ortega no puede controlar: autonomía, dignidad y un compromiso inquebrantable con el bienestar de las comunidades indígenas y afrodescendientes del Caribe. Esta iglesia no solo ha sido un pilar espiritual, sino también un agente de cambio social, fundando la primera institución educativa del Caribe nicaragüense en 1921 y proporcionando asistencia humanitaria durante desastres naturales. En los ojos del régimen, este legado de servicio y educación es una amenaza porque empodera a las comunidades y fomenta la resistencia a la opresión.

La excusa utilizada por el régimen para cancelar la personería jurídica de la Iglesia Morava, bajo el pretexto de que no reportó sus estados financieros entre 2018 y 2023, es una farsa inverosímil. Sin embargo, al igual que la Iglesia católica y las otras denominaciones cristianas, la misión de la Iglesia Morava no depende de un reconocimiento legal o de una formalidad impuesta por un Ministerio de Gobernación, especialmente cuando este es parte de un gobierno ilegítimo. La Iglesia Morava seguirá cumpliendo su misión pastoral aún bajo persecución, porque no se puede anular la fe de todo un pueblo con actos legalmente inválidos ante los derechos humanos universales y, aún más, ante las leyes de Dios. Las leyes inmorales no se pueden ni deben obedecer.

Como católico, me veo en la obligación moral de alzar mi voz en solidaridad con la Iglesia Morava y todas las iglesias perseguidas en Nicaragua. La persecución religiosa en nuestro país no es solo un ataque a una fe o a una denominación; es un ataque a la libertad misma. Es un intento desesperado de Ortega de fragmentar y dividir a las comunidades de fe, utilizando el vil truco del «divide y vencerás». Pero la respuesta a esta tiranía debe ser la unidad inquebrantable de todos aquellos que creemos en la libertad religiosa, en la dignidad humana, y en el derecho inalienable a practicar nuestra fe sin miedo a la represalia.

Es en este espíritu que invoco la Cultura del Encuentro que su santidad el papa Francisco ha proclamado con tanta fuerza. Esta cultura nos llama a reconocer la dignidad de cada ser humano, a buscar la unidad en la diversidad y a construir puentes donde otros intentan levantar muros. En un tiempo en que las divisiones son sembradas por aquellos que buscan el poder, debemos responder con una fe que une, una fe que trasciende fronteras y denominaciones, y una fe que encuentra en el otro no un enemigo, sino un hermano.

La Iglesia Morava ha sido, y sigue siendo, un símbolo de resistencia pacífica y un faro de esperanza en tiempos oscuros. Su legado en la rica historia cultural del Caribe nicaragüense, su impacto positivo en la educación y su labor filantrópica en momentos de crisis humanitaria, son testimonio de una fe viva que trasciende fronteras y desafía a la tiranía. Este es el momento en que debemos recordar las palabras del apóstol Pablo en su Carta a los Efesios: “Procurad conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a la que habéis sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.» (Efesios 4:3-6, Biblia de Jerusalén).

Estas palabras nos recuerdan que, aunque nos enfrentemos a intentos de dividirnos, nuestra unidad en la fe es más fuerte que cualquier fuerza opresora. La unidad es nuestra respuesta al «divide y vencerás» de Ortega. La unidad es nuestra fortaleza, y con ella, derrotaremos la opresión y restauraremos la dignidad y la libertad en nuestra amada Nicaragua.

La persecución de la Iglesia Morava no es solo una afrenta a los moravos; es una afrenta a todos los creyentes. Y es nuestro deber, como personas de fe y defensores de la libertad, permanecer juntos, firmes en nuestra convicción de que la fe, la esperanza y la caridad prevalecerán sobre la oscuridad de la tiranía. Ortega ha elegido el camino de la división, pero nosotros elegimos el camino de la unidad, de la resistencia pacífica, y de la defensa inquebrantable de nuestros derechos fundamentales. Porque al final, sabemos que la verdad y la justicia siempre triunfan, y que la libertad religiosa no es un privilegio concedido por gobiernos, sino un derecho otorgado por Dios, que nadie puede arrebatar.

El autor es politólogo, académico y activista político nicaragüense.

Opinión

COMENTARIOS

  1. Hace 2 años

    Maradiaga, Esiste una repuesta a » porque nuestras nuestras organizaciones democráticas no han emitido un documento a la comunidad internacional, con relación al Fraude en Venezuela)?.

  2. Hace 2 años

    Felix, muy diáfana tu ponencia alrededor de la libertad de culto en todas las vertientes del cristianismo, emanadas del dios supremo a los hombres de buena voluntad. En las Atlánticas tierras de las Zelayas: Norte, Central y Sur, era y sigue siendo impresionantes los legados de valores cristianos inculcados a sus pobladores indígenas y afrodescendientes de esas regiones, agregado a ello, la incalculable educación colegiada de los institutos Moravos, que esparcieron y continúan germinando a través de nuestros tiempos.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí