En contextos represivos como el de Nicaragua, Cuba y Venezuela, la figura de los defensores de derechos humanos desempeña un rol todavía más importante.
Según la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), la expresión «defensor de derechos humanos» se utiliza para describir a la persona que promueve o protege derechos.
«Se les conoce sobre todo por lo que hacen, y la mejor forma de explicar lo que son consiste en describir sus actividades», refiere la Oficina en su sitio web.
Según la ONU, los defensores abordan una amplia lista de problemas relacionados con los derechos humanos, que pueden comprender desde las ejecuciones sumarias hasta la tortura, la detención y prisión arbitrarias, la mutilación genital de las mujeres, la discriminación, las cuestiones laborales, las expulsiones forzadas, el acceso a la atención sanitaria o los desechos tóxicos y su impacto en el medio ambiente.

También investigan casos de vulneración de esos derechos, reúnen información sobre estos y presentan informes al respecto. Sobre la importancia de la denuncia, la ONU destaca que el hecho de investigar y hacer públicas las violaciones a derechos humanos contribuye a ponerles fin, evitar que se repitan y a que las víctimas puedan llevar sus casos ante los tribunales.
En 1998, la Asamblea General de la ONU aprobó la resolución 53/144 de la declaración sobre el derecho y el deber de los individuos, grupos e instituciones de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales universalmente reconocidas.
La empatía y compromiso como pilares fundamentales
A consideración de la defensora de derechos humanos cubana y directora de Justicia 11J, Camila Rodríguez, los defensores de derechos humanos basan su desempeño en el compromiso y la empatía.
«Para mí, un defensor de derechos humanos es una persona comprometida con la defensa de los derechos humanos, que asume responsabilidades sostenidas en el tiempo, mayormente de manera pública, pero sin que el factor de la proyección pública sea determinante, ni tampoco el factor de la profesionalización en el área», dijo Rodríguez a LA PRENSA.

El defensor de derechos humanos nicaraguense, Pablo Cuevas, coincidió con Rodríguez y agregó que la empatía es otro de los principales elementos que debe tener en cuenta un defensor.
«Es una persona que siente empatía hacia las víctimas de atropellos y que de manera cívica y pacífica ayuda a estas personas para restituirle derechos conculcados. A mi criterio, debe tener una convicción de entrega al servicio de las demás personas con compromiso, que le guste enseñarle a las personas a defender sus derechos y con ganas de ser generador de cambios», dijo Cuevas
Valentía y sentido de justicia
A consideración de Cuevas, los defensores que viven contextos como los de Nicaragua y Cuba, con altos niveles de represión y vigilancia, es primordial que se cuente con un buen manejo de emociones.
«Creo que también debe controlar el miedo, sobre todo en contextos como el de Nicaragua. También debe ser altruista y creativo porque en este trabajo hay muchos obstáculos y se deben buscar soluciones y alternativas»,dijo Cuevas.
Por su parte, Rodríguez puntualizó que el defensor debe contar con sentido de justicia y responsabilidad con la defensa de la dignidad humana.

Defensores de derechos humanos: generadores de confianza
A consideración de Rodríguez, es fundamental que entre el defensor de derechos humanos y una víctima exista una relación de confianza, aunque refiere que es algo que no se puede forzar.
«Para mí, la autenticidad es la clave. Creo que las personas tienen la mayor parte de las veces la capacidad para darse cuenta de cuáles son las intenciones de quienes le salen a hablar. Y esto tampoco se puede forzar», señaló.

Por esta razón, considera que el defensor de derechos humanos demuestra su trabajo a través de la constancia.
«Si alguien impulsa una acción encaminada a defender la dignidad de otro ser humano o de todos los seres humanos, de manera constante o sostenida en el tiempo, ya se ganó el mérito de ser reconocido como tal», refiere.
Cuba, Nicaragua y Venezuela con escenarios similares para defensores de derechos humanos
Rodríguez expuso que en contextos como el de Cuba, los defensores muchas veces temen dar declaraciones y compartir información por miedo.
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«Porque ha sido muy habil el régimen cubano para sembrar la duda o la posibilidad de que cualquiera, o todos, pueden delatar. Claro que he dejado de tener comunicación con víctimas directas e indirectas, y alguna vez he pensado que se habría activado algún temor, pero la verdad, ha sido muy pocas veces», señaló.

Cuevas, quien se encuentra en el exilio, detalló que en el caso de Nicaragua, la situación es muy similar. El régimen Ortega Murillo arremete contra cualquier voz crítica y siembra el terror entre víctimas de violaciones a los derechos humanos.
«En Nicaragua, al defensa de derechos humanos es una vocación agridulce. Es agria cuando la gente te busca y hay muy pocas maneras de ayudarle y dulce cuando podés ayudarles», dijo Cuevas.
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Finalmente, Cuevas señaló que, sobre todo en contextos como el nicaraguense, los defensores de derechos humanos deben tener «vocación de paz».
En el caso de Venezuela, luego de las elecciones en Venezuela, señaladas de fraudulentas por la comunidad internacional y la oposición venezolana, el régimen de Nicolás Maduro implementa patrones de violaciones a los derechos humanos y represión similares a los que su homólogo nicaragüense, Daniel Ortega, implementó a partir de 2018, año en el que estalló la crisis sociopolítica en Nicaragua.
Rafael Uzcátegui, sociólogo y defensor de derechos humanos dijo en una entrevista anterior a LA PRENSA que a partir del fraude electoral del pasado 28 de julio se abrió una nueva etapa de represión y violaciones a los derechos humanos que podrían repercutir en otros países de la región.
«Creemos que vamos hacia un cierre total del espacio cívico en Venezuela y creo que Nicolás Maduro va a seguir los pasos de Daniel Ortega. Entonces, creo que se va aumentar la salida del país de líderes sociales y políticos, que puede haber restricción para las organizaciones no gubernamentales que en este momento estamos documentando la situación», dijo Uzcátegui.
La ONU reconoce en la resolución 53/144 que los Estados tienen la responsabilidad primordial y el deber de proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales.
Además, en el artículo 7 señala que toda persona tiene derecho a desarrollar y debatir ideas principios reconocidos por los derechos humanos, algo que, en contextos como el de Nicaragua y Cuba es difícil debido a los altos niveles de represión por parte del régimen Ortega Murillo.