Lesther Alemán fue desnacionalizado y desterrado después de haber sido encarcelado de manera arbitraria. LA PRENSA

Lesther Alemán: “A Daniel Ortega lo único que le hace falta es matarme”

El joven habla sobre sus días en prisión, sus empleos en el destierro, y responde a las críticas que ha recibido tras revelar su graduación de una maestría en España. Además, nos cuenta qué le diría a Daniel Ortega y Rosario Murillo si los tuviera de frente nuevamente.

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Daniel Ortega ha definido gran parte del destino de Lesther Alemán. Tras encarar al dictador en 2018 solicitándole su renuncia y recriminándole las muertes de manifestantes opositores, fue perseguido, encarcelado, desterrado y desnacionalizado. “No me arrepiento” dice, mientras asegura que lo haría “las veces que sea necesario”.

En su exilio forzado trata de retomar su vida académica y personal, sin dejar de pensar en Nicaragua, dice. Recientemente se graduó de una maestría en Comunicación por la Universidad de Loyola, en España, lo cual despertó algunas críticas en redes sociales por parte de personas alegando que a Alemán se le han facilitado muchas cosas, mientras que otros estudiantes no pudieron terminar sus carreras tras la cancelación de la Universidad Centroamericana.

En esta entrevista, Alemán, de 26 años, responde a esas críticas y nos cuenta sobre su vida después del destierro, sus días en prisión, los padecimientos que tiene, su aspiración de realizar un doctorado, además de su anhelo de regresar pronto a Nicaragua.

¿Qué ha sido lo más difícil tras su destierro?

La separación familiar. Ha sido una reestructuración total de mi estilo de vida. Veo con mucho agradecimiento los meses y los días que estoy en libertad, valorando los pequeños instantes que tengo al día, valorando los espacios, las personas, los momentos, pero es imposible que no conectés a un recuerdo en la cárcel y esos recuerdos no son los mejores, evidentemente.

Percibo que lo golpeó mucho la cárcel en su vida.

Yo siento que después de ser liberado nací de nuevo y nací de nuevo con un compromiso: restablecer lo que dejé pendiente. En este caso la continuidad de mis estudios. Y también luchar para cenar un día en familia. Quisiera tener un espacio físico al que le llamara casa. Quisiera poder tener la experiencia de cenar con mis padres viendo un noticiero informativo como lo hacíamos antes y quisiera también poder abrazar a los niños de mi barrio, pero esa no es mi realidad. Lo otro, en todo caso, es no desatender lo que me convocó. Yo fui encarcelado por demandar justicia, libertad y democracia en Nicaragua, y ahora con un cuarto elemento: retorno. Mi retorno es la garantía de continuar mi vida.

¿Cómo recuerda sus días en prisión?

Estar en la celda 17, la celda 18, la celda 8 y la celda 9 de máxima seguridad hace que los días se sientan eternos. Mi paso por máxima seguridad fue la prueba de fuego. Nuestro régimen carcelario fue de excepción porque las visitas eran cuando Rosario Murillo tenía voluntad de concederlas. A nosotros se nos atendía con médicos o con alguna pastilla cuando Rosario decidía. Nosotros pudimos recibir parte de lo que nuestras familias llevaban cuando Rosario decidía. Este régimen de excepción te hace vivir en la incertidumbre de cómo se levantará el día de mañana doña Rosario.

Recuerdo que, en los momentos de aislamiento total, donde estuve en celdas de máxima seguridad totalmente selladas, dos por dos, donde lo único que veía era a Silvana (marca de bujía de luz) y con quien hablaba era con Silvana, además de Miguel Mendoza con quien compartí celda en esos días grises, hubo un momento que llegué a solicitar comida y le dije a un oficial que por favor me regalara un poquito más de comida. El carcelero vino y me pasó un poquito más de comida. Por la tarde, en la cena, le digo en medio de la ventanilla donde pasaban el alimento: “Oficial, muchas gracias por el alimento”. Yo en una actitud de agradecimiento. Y me dice: “Mira, yo lo hago porque te parecés a mi nieto, pero si hoy mismo me dan la orden de matarte, te tengo que matar”. Me quedó claro que estaba ante autómatas.

Lesther Alemán en los juzgados de Managua cuando fue acusado de traición a la patria por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. ARCHIVO

Mucho se habló de que cuando salió de prisión se le vio pasado de peso.

Cuando Rosario Murillo traza la estrategia de la presentación en el Tribunal de Apelaciones un año y meses después, que fue nuestra primera aparición pública, yo comencé a recibir comida hasta para vomitar, los tres tiempos. Yo entré (a prisión) de 156 libras, y llegué a bajar a 128 libras. Tenían que reponer eso y más, entonces hubo ese intervalo de alivio en el alimento, pero con una maldad detrás. Y yo ya padecí hambre. No me voy a morir de hambre. Entonces yo lo que hacía era comerme mi alimento.

¿Por qué cree que era Rosario Murillo quien decidía lo que pasaba con ustedes ahí dentro?

Yo insisto mucho en la figura de Rosario porque entre nuestros ires y venires, que a la clínica, que si nos vacunaban, que si había visita, yo tenía un despliegue de medios (oficialistas) encima de mí. Cuando mi madre llegaba a dejar cosas también tenía medios de comunicación. Había de vez en cuando un desliz. “La compañera no va a aceptar eso”, “a la compañera no le va a gustar”. Entonces era tan práctico como escucharlo y saber quién es la compañera que está permanentemente vigilando nuestra condición.

¿Cómo fueron los interrogatorios?

En mi primer interrogatorio recuerdo en cuanto llego esposado al cuartito de interrogación que aseguraban e insistían en que era un cuartito de entrevista. Yo les decía: “Yo estudié Comunicación. Yo sé lo que es una entrevista y esto no es una entrevista. Esto es un interrogatorio con tácticas de tortura porque tenés un aire acondicionado tres veces más frío de lo que puede estar el exterior, totalmente aislado, en un escritorio esposado permanentemente hacia atrás, sin poder verles los ojos”.

Y me dice uno desde el primer momento: “Por lo que vos hiciste lo mínimo que te pondría es colgado de los huevos cabeza abajo. Pero tranquilo. El comandante es misericordioso, bondadoso y te ha perdonado la vida y debés estarle agradecido”.

¿Cómo fue la noche que lo desterraron?

En la mañana yo había cantado Las mañanitas a uno de los seminaristas de la Diócesis de Matagalpa que estaba encarcelado. Yo había sido trasladado al área que le decíamos “la Basílica” porque ahí estaban solo los sacerdotes, seminaristas y los laicos comprometidos. Nos trasladaron a unas celdas que habían sido construidas durante nuestro encarcelamiento. Nosotros tuvimos que lidiar con el ruido del trompo, que es la mezcladora del cemento. Estaba funcionando día y noche para que esas celdas estuviesen completadas en meses. Fui trasladado entonces a ese pasillo, canté Las mañanitas y la oficial que estaba de turno en la mañana me dice que me van a trasladar a la celda de máxima seguridad por el desorden que hice cantando Las mañanitas.

Yo me fui a acostar molesto, muy enojado y sobre todo con el nervio de que, si yo iba para la Chiquita me iban a quitar mis cosas. “Voy a pasar hambre”, me digo. De repente escucho la voz del comisionado Victoriano Ruiz. “Alistate, ya te van a pasar tu ropa”, me dice. Y me pasan mis zapatillas y mi faja, misma que no me quedaba ya. Me acerco a los barrotes y veo que están pasando más vestimenta al resto de presos. La primera impresión es una liberación, pero los planos no cuadran en esto, había muchas incongruencias. Cuando ya estamos en fila, dice Victoriano: “No les puedo decir para dónde van porque entonces podría yo perder mi trabajo, solo les pido que vayamos en orden y siempre en silencio”. Nos juntaron en varios grupos que iban a ser las divisiones en que íbamos a ir en los autobuses.

¿Pensó en algún momento que los iban a enviar fuera del país?

Mi idea es que era un traslado a La Modelo, pero de repente el autobús ya fue pasando el puente que está por un casino en Carretera Norte. Pasamos La Subasta, Las Mercedes y los buses se detienen y van a la derecha. “Esto es el aeropuerto”, digo yo, y ya voy ansioso. Hasta que veo que salimos de frente a la pista. Nos hacen firmar un consentimiento y cuando bajamos del autobús, están los funcionarios de la embajada norteamericana y Patrick recuerdo que me dice: “Bienvenido a la libertad”. Entonces me dirijo hacia la escalinata del avión, me arrodillo, beso la pista, el suelo que me ha visto nacer y subí las escalinatas evidentemente sabiendo que dejaba todo atrás.

Lesther Alemán aspira a estudiar un doctorado después de haber estudiado una maestría. CORTESÍA

¿Cómo está de salud ahora? Se decía entonces que tenía un problema en la pierna y el corazón.

Yo recuperé la movilidad de mi pierna en Estados Unidos. Yo falseo la pierna derecha. Soy hipertenso ahora y padezco de un problema en el corazón. Decían los doctores que llegaban del hospital de la Policía que era una malformación congénita. Esa era su versión. Y por ende tenía que tomar pastillas y me suministraron corticoides. Eso pudo haber provocado otros problemas que yo sigo sin conocer hasta el momento. Hoy mis días son entre tomarme las pastillas tanto para la presión como para el corazón y hay momentos muy puntuales en que se me dispara la crisis de la pierna y pierdo la movilidad. Podríamos estar en la calle y de repente te digo que no puedo caminar.

¿Le explicaron qué le provoca la inmovilidad de la pierna?

Me dicen que pudo ser una inflamación del nervio ciático dado a la plancheta de cemento y a la inmovilidad por ser una celda dos por dos. Lo otro que puede ser es que yo recibí una patada exactamente en el ciático, en la Catedral de Managua en 2020, en el entierro del padre Ernesto Cardenal, por parte de un fanático de la dictadura. Mi sensación al momento de estas crisis es de desgarro. Yo siento desgarro y dolor, pero es un dolor profundo.

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¿Cómo fue para usted enterarse que fue despojado de su nacionalidad?

Cuando aterrizamos está todo el despliegue que se hizo en el aeropuerto de Washington y Martha, del Departamento de Estado, se acerca y nos dice: “Les tengo que dar una noticia. Les han quitado la nacionalidad”. Era la primera vez que yo escuchaba ese término. Fue un silencio muy doloroso. Aunque solo es un decreto, una ley en papel higiénico, no deja de ser oficial. Yo voy a pedir mi partida de nacimiento y no existe. No existe ni mi tarjeta de vacuna, registro de salud, ni académico porque evidentemente la universidad en la que estudié y me gradué no existe. A Daniel Ortega lo único que le hace falta es matarme. Lo único, pero yo en mi vida y en esta que estoy viviendo y de la que estoy muy agradecido, no voy a dejar de ser nicaragüense.

El pasaporte que les dio la dictadura, ¿funciona? ¿Puede viajar con él?

Fijate que yo nunca viajé con él. No conozco a alguien que haya viajado con ese pasaporte. El mío tiene exactamente la misma información que tenía mi pasaporte anterior que estaba en vigencia. A mí no me pusieron una fotito nueva, no tiene ningún número o cambio, y esos pasaportes fueron emitidos el 3 de febrero, seis días antes (del destierro), esa es la fecha que tienen.

¿Estados Unidos qué beneficios les otorgó al recibirlos?

Estados Unidos lo que nos otorga es un parole humanitario. No incorpora vivir de los impuestos de los contribuyentes estadounidenses. Sí incluye el social security, el permiso de trabajo y ahí terminamos de contar. Es decir, mayor beneficio que ese no hubo porque a nosotros nos pidieron que, por ejemplo, en 14 días debíamos estar vacunados y esas vacunas las debíamos pagar nosotros. Todo lo que vino después de un pie puesto fuera del hotel iba por cuenta propia.

Yo en el aeropuerto ayudé a completar muchos formularios porque es desgarrador saber que en el mismo vuelo iban personas que no sabían leer ni escribir y te puedo asegurar que más del 30 por ciento de los 222 no tenían un familiar en Estados Unidos, que ya para mí era una bendición porque yo sí tenía.

¿Cómo fueron esos primeros días en Estados Unidos?

Primero llegué buscando leche agria (en casa de sus familiares), salpicón, me fui a la fritanga, un nacatamal, pero ya estaba tocando la puerta la necesidad económica, y sobre todo ayudar a mis padres. Primero fui a trabajar en pintura, en casas, edificios, después en remodelación de interiores, como ayudante, y luego fui a buscar en empresas donde se estaba buscando personal y una de ellas fue una constructora muy grande donde me ofrecieron el puesto de despacho entonces despachaba camiones y asuntos logísticos.

Recientemente se graduó de una maestría, ¿cómo surgió esta oportunidad?

Me propuse estando en la cárcel como una terapia hacer un doctorado. Yo todos los días tomaba como inspiración, además de orar, pensar en mi madre, pensar en el joven que tiene la ilusión de libertad en Nicaragua igual que yo. Yo tengo que, al momento de salir, retomar mi vida profesional, mi vida académica que me tracé desde un inicio, es decir, lograr mi doctorado. Eso lo tenía yo claro desde el día uno que entré a la UCA y esto me llevó a tener metas. No hubo mucha respuesta, te lo confieso, muchas puertas se cerraron dado a nuestra condición migratoria en Estados Unidos. Y de repente recibí una llamada del director de la Oficina de Relaciones Internacionales de la Universidad de Loyola, en España, porque me iban a otorgar una beca para continuar con mis estudios. Claro, con el tilde en el área de Comunicación. Fueron muy claros que en el área de Comunicación.

Tal vez no era lo que yo en un primer momento planifiqué dentro de las opciones académicas que yo quería porque ya había terminado una carrera, pero, esto quiero dejarlo muy en claro, sufrimos la anormalidad de lo que es tener un título universitario que no cuenta con el apostillado del Estado. Ahorré lo más que pude mientras estuve trabajando y me permitieron avanzar una parte en línea. Luego había un requisito que tenía que estar presencialmente de tal fecha a tal fecha. Entonces ya este año ha sido total de vida académica. Y también con la oportunidad de trabajar en un medio de comunicación internacional.

Dentro del máster también tuve experiencias muy bonitas como ir a Dubái a trabajar. Iba incorporado en el plan de estudios una asignación en Dubái. Cualquiera diría que he andado disfrutando de la vida, pero no ha sido disfrutar de la vida. Yo me siento muy agradecido porque puedo ayudar a mis padres con mi trabajo y sobre todo también rendirle a Nicaragua. Estos últimos meses fueron de mucho empeño en el tema académico y el tema laboral en este medio de comunicación internacional que exige aún más, y lo otro, por este tema personal que lo limito a una palabra: Nicaragua.

Lesther Alemán se graduó de su maestría en la Universidad de Loyola, en España. ARCHIVO

En redes sociales ha recibido críticas. Hay quienes dicen incluso que su título de la UCA fue regalado.

Yo terminé mi pensum de clases en diciembre del año 2020. En el 2021 yo ya no debía ninguna sola clase y lo que hice fue pagar mi graduación que iba a ser en agosto y me encarcelan en julio. Es por eso que yo no recibo el título en mis manos, sino que lo recibe mi madre. Eso se hizo, se supone, que un poco privado, pero también por la coyuntura porque el Gobierno había incorporado la inhabilitación de ejercer mi profesión, a pesar de que me gradué con honores. Ahí están las notas: son notas sobresalientes, pero desde el primer año, eso no viene después del 2018.

También se ha criticado mucho el hecho de que hizo una maestría, mientras otros jóvenes no pudieron continuar sus carreras tras la cancelación de la UCA.

Yo comprendo la realidad que están viviendo centenares de jóvenes por lo que también estamos haciendo cosas. Por ejemplo, en España, abriendo las posibilidades para ayudar. Ya el proyecto está encaminado y lo estoy hablando con diásporas, con asociaciones nicaragüenses para ayudar a estudiantes que quedaron varados en su vida profesional en Nicaragua para que se incorporen al sistema educativo superior de España, pero hace falta digamos un puente y el puente es que, mientras estudio ¿cómo vivo?, ¿dónde vivo? Es ahí donde personalmente estoy involucrado en hacer un mayor tejido de red para hacer casas o residencias estudiantiles que ayuden a estos jóvenes.

Yo también he pasado por estas residencias estudiantiles o casas de acogida y no me voy a revictimizar por lo que he tenido que pasar. No tengo por qué decirlo porque hay personas que han vivido mayor crudeza a consecuencia del régimen. No pretendo ahondar en los detalles de las dificultades que uno puede sobrellevar en el camino, pero quiero decirte que el culpable de que yo no haya concluido mi carrera normal en Nicaragua es la dictadura y el culpable que estos jóvenes no estén dándole continuidad a sus estudios es la dictadura.

A nosotros nos queda en las manos toda la voluntad, pero muy poco esfuerzo para ayudar a la cantidad tan abrumadora de jóvenes que están quedando en el limbo. Tenemos una mayor dificultad que es que nuestras realidades son distintas. No es lo mismo alguien que ya terminó su carrera que no tenemos los títulos apostillados, a una persona que puede iniciar el grado. Los casos son muy particulares y que hasta este momento yo estoy también lidiando con una limitación. A mí me impulsa que, contra todo pronóstico en medio de todas las adversidades, pude terminar mi carrera.

¿Cómo recuerda sus días en la UCA?

Los extraño porque recuerdo que fue una universidad de puertas abiertas, que me acompañó y facilitó en mí cambiar la perspectiva del país en que yo vivía. La UCA me permitió pensar fuera de la caja, traer conciencia ciudadana y sobre todo proponerme destacar en lo que hacía. Tuve profesores que pusieron un ladrillo en lo que hoy soy profesionalmente. También compañeros de clase que construyeron lo que yo soy hoy humanamente. Recuerdo con mucha melancolía porque hay momentos en los que viajo hacia la UCA, salgo de ella, me compro un elote asado, me monto en la 120 y me voy a mi casa. Ahí estaba viviendo la realidad nicaragüense en vivo y a todo color.

La UCA fue el oasis que yo necesitaba para considerar que mi voz valía, que en realidad yo tenía un rol importante en la sociedad como joven y estudiante nicaragüense, ciudadano promedio, lo que sea y que tenía también la posibilidad de cambiar esa realidad que tanto nos atormentaba. Yo no me creo el mejor del mundo, pero sí de los mejores para ese mundo. Soy parte de esa generación que escribió la historia de Nicaragua y espero que sea el antes y el después en la historia de Nicaragua.

¿Qué le diría a Daniel Ortega si se lo encontrara nuevamente?

No me arrepiento de haberle dicho que es un asesino porque hoy la comunidad internacional también lo dice. Lo volvería a hacer cuantas veces fuera necesario, pero lo primero es que esto no se resume a una persona. Abril y toda la sublevación nacional no se va a resumir jamás a una sola persona. Le diría a ambos (Ortega y Murillo) que han destruido un país, han destruido una generación y que son una vergüenza. Posiblemente elaboraría las mejores palabras.

A pesar del encarcelamiento, de la persecución, del destierro, de la desnacionalización, el sueño de una patria en libertad no lo van a arrebatar. El día de mañana que haya una negociación lo que se va a negociar es cómo y cuándo se van, y las expectativas de la población también pasan por la salida de Ortega. El país los desprecia. Son detestables y son inútiles en el poder. La gobernabilidad, la paz, la seguridad no necesita de Daniel Ortega. Es exactamente todo lo contrario. Ellos son quienes provocan la inestabilidad, la inseguridad, la intolerancia, la persecución y la crisis.

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COMENTARIOS

  1. Hace 2 años

    Totalmente de acuerdo vivo en USA desde hace 38 años llegue el tiempo del gran Reagan. Si preguntan mas cuando vi en Europa a finales de 2000 x trabajo eres American si le digo desde que nací Nicaragua es parte de America y también soy ciudadana Estado Unidense. Me gustaría con que pastoree viaje este chico los de payroll humanitario no pueden salir del país. Como viaje? En medio de su desgracia es privilegiado por ser mediático le han dado ciertos privilegios no no nada malo pero en todo hay destacados y otros que son esos rostros que asoman en la multitud (PAC).

  2. Hace 2 años

    No me explico porque dicen ‘Norteamericana’ o Norteamericano cuando se refieren a los EE.UU. Los ciudadanos de los otros dos países de Norte America se enojan por ésto puesto que tanto Canada como México están situados en Norte América también. El nombre oficial de los Estados Unidos es Estados Unidos de América. «De América» es una frase proposicional funcionando como adjetivo para comunicar que los Estados Unidos están situados en el continente americano. Los ciudadanos de los EE.UU. son estadounidenses, no ‘norteamericanos’. Los mexicanos y los canadienses son norteamericanos también.

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