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Kevin Solís es uno de los 222 presos políticos que fue desterrado hacia Estados Unidos en 2023. CORTESÍA/HOUSTON CASTILLO

Kevin Solís: “Me intenté quitar la vida en dos ocasiones”

El joven desterrado político habla sobre sus días en la cárcel, las torturas que recibió y la manera “sádica” en que fue tratado por los funcionarios del Sistema Penitenciario que lo llevaron a quebrarse y a tener momentos en los que prefería morir.

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Por su juventud, es difícil imaginar que Kevin Roberto Solís ha sobrevivido a cárcel, torturas, persecución, tiroteos y otras cosas más en los últimos seis años y por lo cual todavía acarrea algunos traumas, dice.

Nació el 27 de julio de 1998. Tiene 25 años y es originario de Diriamba. “Orgulloso de ser diriambino”, comenta. En 2018 estudiaba el tercer año de Derecho en la Universidad Católica (Unica), pero cuando estallaron las protestas dejó sus estudios y se atrincheró en la Upoli y en la UNAN-Managua.

Es sobreviviente del ataque a la parroquia Divina Misericordia, sucedido entre el 13 y 14 de julio de 2018. En esa ocasión, Solís asegura que presenció la muerte de Gerald Vásquez y de Francisco Flores.

Después de eso, fue detenido por primera vez el 20 de septiembre de 2018 y excarcelado el 4 de abril de 2019. Posteriormente, fue recapturado el 3 de febrero cerca de la extinta Universidad Centroamericana (UCA) en donde había participado en una protesta. De las dos detenciones, dice que la segunda fue la más “sádica” debido a las torturas que recibió.

El 9 de febrero de 2023 fue desterrado hacia Estados Unidos junto con otros 221 presos políticos, y despojado de su nacionalidad nicaragüense.

En esta entrevista habla sobre aquellos días en prisión y omite algunas cosas porque no se siente preparado para hablar sobre ellas. Sin embargo, después de tres años encarcelado, Kevin Solís siente que está empezando a tener felicidad en su vida al lado de su pareja, la también desterrada política Samantha Jirón, con quien tiene planes de retomar sus estudios y algún día regresar a Nicaragua.

¿Cómo se encuentra a más de un año de haber sido desterrado?

Bien en lo que cabe. Tres años de trauma no se curan en año y medio, y mucho menos seis años de cosas que han pasado estando fuera del hogar, huyendo de que me disparen, en prisión, recibiendo torturas.

¿Recibe algún tipo de ayuda profesional para sobrellevar esos traumas?

No realmente. Hasta el momento he tenido varias ofertas de terapia psicológica, pero no he aceptado ninguna porque creo que cada quien tiene su tiempo para sanar y aunque mucha gente lo puede ver de esta manera, que ya pasó un año, ya debería estar bien, pero eso no sana así por así. Hay personas que tardan una vida en sanar y yo trato de hacer una autosanación entregando lo que soy y lo que pueda a Dios que es el mejor sanador. No tengo ayuda profesional en sí porque todavía no es momento ni me siento listo.

¿De qué sobrevive en Estados Unidos?

Tengo dos empleos. Uno en el Aeropuerto de San Francisco y otro en una aplicación de entregas. Y viendo qué sale más adelante y qué nos depara el futuro.

Kevin Solís tiene 25 años y fue encarcelado en dos ocasiones por protestar contra el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. CORTESÍA/HOUSTON CASTILLO

¿Cómo se involucró en las protestas de 2018?

Empecé como todos el 18 de abril cuando empezaron a agredir a las personas de la tercera edad y como la gran mayoría de jóvenes salimos a las calles. Yo estaba en la universidad en ese momento y todos salimos al centro de Managua a protestar y fuimos agredidos. Fui parte de los miles de jóvenes que se involucraron en esto y se quedaron por los hechos de injusticia que estaban pasando. Yo literalmente abandono todo. Me uno a las protestas por completo y me atrinchero como muchos jóvenes en rebeldía estudiantil. Primero pasé por la Upoli (atrincherado) y después terminé en la UNAN hasta el día del ataque a la Divina Misericordia.

¿Cómo recuerda esa noche en la parroquia Divina Misericordia?

Espantoso. Fue una noche oscura. Fueron 19 horas bajo lluvia de balas. En ningún momento cesó el ataque. Sí teníamos miedo, pero al fondo de aquel callejón, y te lo digo desde mi perspectiva, yo en el fondo miraba una luz y no de salir vivo porque si te soy honesto, en un momento pensé que no la iba a librar. Yo dije: “Bueno, aquí quedé”. Llamé a quien tenía que llamar para despedirme y pedirles perdón a quien tenía que pedir perdón y darle las gracias a quien tenía que darle las gracias. Pero la luz de la que te hablo era tan solo pensar que si moría iba a pasar algo bueno en el país porque el mundo entero iba a ser testigo de la masacre de 200 jóvenes, que gracias a Dios no se dio, pero como te digo, hablo desde mi punto de vista. Ya estaba resignado a morir y por algo que valía la pena que era la democracia.

¿Vio el momento en que murieron Gerald Vásquez y Francisco Flores?

Sí, yo vi el momento en que Gerald Vásquez se levantó para sacar su mortero. Él andaba una bandera enrollada en el cuello y en eso le entró una bala trazadora en la cabeza.

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¿Cómo fue la primera vez que lo detuvieron después del ataque a la Divina Misericordia?

Después de que nos logran sacar a Catedral, felices porque habíamos sobrevivido, seguía la incógnita de qué iba a pasar con nosotros. Mucha gente estaba buscando casas de seguridad. Yo en ese momento no tenía ninguna, pero unas personas muy lindas me escondieron en un lugar religioso en el que estuve un par de días. Después decidí moverme a la casa de un amigo y nos quedamos varios, pero allanaron la casa y logramos salir a Costa Rica.

Estuvimos en Costa Rica como 25 días y luego nos regresamos. Nos instalamos en una casa de seguridad en Carretera a Masaya y una madrugada llegó un operativo de la Policía y paramilitares y nos arrestaron a todos, nos golpearon y nos trasladaron al Chipote.

¿Cómo vivió esa primera detención?

Fue muy diferente a mi segunda captura. Nos golpearon. En los interrogatorios te golpean de mil maneras, pero no llegaron al punto sádico como la segunda vez.

¿Cómo fueron las torturas que recibió en su segunda detención?

Me levantaban con una manguera a presión en la cara. Me llevaron a máxima seguridad del Sistema Penitenciario y ahí pasaron muchas cosas que hasta el momento no me siento cómodo hablándolas.

¿Esas torturas fueron durante todo el tiempo en que estuvo detenido?

Prácticamente sí. No te digo que todos los días me sacaban y me torturaban. No hay cuerpo que lo resista, pero sí en un sinnúmero de ocasiones (fue torturado) sin ninguna justificación. Solo abrían la puerta, me sacaban una madrugada, encadenado y hacían lo que tenían que hacer conmigo y lo hacían al punto de que yo estaba entrando en un nivel de demencia. Yo no estaba bien emocionalmente. Yo estaba solito en una celda de dos por dos sin ver luz solar. Yo estaba mal mentalmente. Yo le dije a mi mamá: “Creo que estoy loco”, porque estaba hasta creando amigos imaginarios. La última vez que lo hicieron fue en enero del 2023, un mes antes de liberarme.

¿En algún momento pensó que las torturas acabarían?

Me intenté quitar la vida dos veces porque, qué más puedo hacer aquí, me dije. Nada va a funcionar. Lo que hice fue tener una conexión con Dios que me mantuvo hasta el último momento. Yo estaba mal. Lloraba todas las noches, no sabía qué hacer, me desesperaba. Ya no quería estar ahí. Duele estar en esa situación. Me sentí olvidado porque sí, no solo yo te lo voy a decir. El que estuvo más de tres, dos años preso, te lo va a decir. Me sentí olvidado. Creí que para el mundo, para los medios de comunicación, nosotros ya no éramos relevantes y es normal, es natural que por lo menos los noticieros se enfoquen en los más populares y cuando empezaron a caer presos los precandidatos y la oleada de capturas del 2021, nosotros no teníamos forma de tener comunicación, solo nuestras familias cuando llegaban.

Nuestras visitas eran de 25 minutos a través de un vidrio y un teléfono, y lo que me decían era que ya no hay nada, que todo el mundo se está peleando y obviamente vos te sentías abandonado y de tanto escuchar a los funcionarios del Sistema Penitenciario decirte: “Ustedes no le importan a nadie”, “ustedes son una basura”, te lo creés. Y llegás al punto de caer en una depresión que es inimaginable.

¿Cómo hizo para desistir de quitarse la vida?

Yo me intenté quitar la vida en dos ocasiones, hasta que un día yo recibí el llamado de Dios, de que había algo mejor para mí al final. Yo retaba a los funcionarios. Les decía que hicieran lo que hicieran, no me iban a quebrar, pero finalmente lo lograron. Yo estaba muy adolorido, vomitando sangre en el camarote de mi celda. Me puse a llorar como un niño y sentí algo que te mueve que no son tus fuerzas, pero que te lleva a orar. Caí de rodillas y no hablé, simplemente lloré. Sentí una paz tan grande que lo hice religiosamente tres veces al día y las tres veces al día no podía hablar. No es que no quisiera, no podía. Lloraba, pedía perdón y fui sanando y cuando miré, estaba bien y sabía que tendría una vida hermosa y que algún día iba a valer la pena todo lo que estaba sufriendo, me aferré mucho a un versículo bíblico: “El preso agobiado será liberado pronto. No morirá en las mazmorras ni faltará su pan”.

Kevin Solís tiene dos empleos para poder sobrevivir en Estados Unidos. CORTESÍA/HOUSTON CASTILLO

¿Tenía acceso a una Biblia en la prisión?

Un par de meses, como seis meses la tuve y logré leerla toda, pero después me la quitaron porque me dijeron que si leo la Biblia y quiero seguir las cosas de Dios, debo respetar a mis gobernantes, lo cual yo no hago. Entonces me la quitaron, pero un preso común que lo sacaban a limpiar (el pasillo) rompió una Biblia y me pasaba las hojas. Hoja tras hojas y así la leía.

Además de él, ¿hubo otros presos o funcionarios que fueron solidarios?

Sí, muchos siguen en prisión y es mejor no mencionarlos, pero sí hubo presos muy solidarios. Una persona que a mí me apoyó mucho fue un colombiano que gracias a Dios está en libertad ya, fue deportado a su país con todos los colombianos que estaban en la prisión de máxima seguridad, y otra persona que a mí me ayudó mucho y que es mucha controversia decirlo, pero fue el Chino Enoc. Cuando a mí me sacaban arrastrado y encadenado ningún preso decía nada por miedo a que le pasara lo mismo. El único que golpeaba la puerta o trataba de hacer algo, era él. Otra persona que me apoyó mucho fue John Cerna también.

¿Cómo vivió la noche en que lo llevaron al avión para desterrarlo hacia Estados Unidos?

Me había dormido y eran como las 10:30 de la noche. Solo me dijeron que agarrara mis cosas porque iba de traslado. Cuando estás ahí, vos aprendés a no preguntar porque si preguntás te dan tu bocón. Entonces me pongo mi traje azul, agarro mi única pertenencia dentro de la celda que eran mis chinelas y unos bóxeres que tenía. Me llevan a un área que le llaman de descargue en máxima seguridad, me quitan toda la ropa y me dan una ropa que tenían ahí, apestosa, por cierto, y miro que vienen todos mis compañeros, nos montan a un bus y nos trasladan a unos módulos donde asesinaron a don Eddy Montes. Ahí nos bajan, nos apartan y miro que está lleno de personas. Después nos montaron a los buses y nos pusieron esposas. No sabía dónde íbamos.

¿Qué pensó que pasaría con ustedes?

Un guardia dijo que íbamos a fusilamiento y yo al venir de donde estaba, me lo creí. Yo empiezo a llorar con un compañero que tengo a la par. Cuando llegamos a la Fuerza Aérea solo escucho cómo cargaban las armas y todo mundo empieza a llorar. En eso escucho una avioneta y uno (de los presos) dice que nos van a mandar para Cuba. Lo único que yo pensaba era que solo faltaba que nos llegaran a encerrar a una cárcel clandestina y pensaba en cómo mi mamá me iba a llegar a ver. Y después cuando escuché Cuba, ¿cómo mi pobre madre me iba a ir a ver a Cuba?

Mi sorpresa es cuando me llevan a la pista y veo un avión inmenso, me dan a firmar un papel, firmo y luego veo a una persona vestida como marine de Estados Unidos y me pone la mano en el hombro y me dice: “Kevin, ya eres libre, no más sufrimiento. Se acabó todo”, me dice”. Fue el único momento en tres años en que yo me sentí feliz, caí de rodillas y agradecí a Dios. Ya no iba a volver a esa celda.

¿Cómo fue cuando subió al avión?

Ya estando en el avión me entró una rabia. Lloraba de felicidad, de tristeza, pero me entró una rabia porque estaba reaccionando que me están corriendo de mi país, y las palabras de don Arturo Cruz que me quebraron mucho. Él estaba a la par mía, y quedó viendo la ventana y con lágrimas en los ojos, la voz quebrantada me dijo: “Esta es la última vez que yo voy a ver tierra nicaragüense”. Y se puso a llorar. “Yo ya estoy muy viejo para estos trotes, pero vos sí la vas a ver. Echale un ojo por mí la próxima vez que vengás”, me dice. Se me hizo el corazón tan pequeño por cómo te corren de tu país por luchar por algo que es fundamental para cualquier ciudadano.

¿En qué pensó cuando lo desterraron?

Fue mi mamá la que me dejó pensando, pero al final del día yo sabía que iba a estar mejor. Para mi mamá no era fácil llegar y verme a través de un vidrio con la cara deformada, sin uñas en los dedos, vomitando sangre. Cada día que llegaba, para mi mamá, no era fácil eso.

Kevin Solís tiene planes para irse a España a estudiar. CORTESÍA/HOUSTON CASTILLO

¿Cómo nació su relación con Samantha Jirón?

En el avión ella me abrazó y me dijo: “Mirá Kevin, mi mamá me llegaba contando todo lo que te hacían. No hay una cosa más linda que verte libre”. Me pareció muy tierno. Ella es un ser muy lindo. Tiene un corazón inmenso. Pero en ese momento yo no vengo pensando en relaciones. Yo lo que menos vengo pensando es en eso. Ya en Washington ella me invitó a pasear y después me invitó a una reunión en su habitación donde estábamos alegres, estábamos todos tranquilos, y ahí empezó pues (la relación) y nunca se acabó y aquí estamos, ya más de un año después.

¿Cómo han hecho ambos para sobrellevar en su relación los traumas que cada uno acarrea?

Es muy difícil porque los dos estamos mal, pero no hay mejor forma de sanar que con una persona que te entiende y ha vivido lo mismo. Samantha sí se ha sometido a atención psicológica. Actualmente está llevando un proceso con la Universidad de San Francisco. Está trabajando en su salud mental y me ha apoyado mucho. No es lo mismo levantarte en las madrugadas, gritando y encontrarte solo, que encontrar un refugio, que te abrace y te diga que todo está bien, que ya no estás ahí.

¿Tiene planes de retomar sus estudios de Derecho en algún momento?

Estamos tratando de obtener una beca. Ya está bastante avanzado. El problema son mis notas porque pues no hay un comprobante de notas mío porque todo fue borrado. Solo tengo fotografías de mi diploma. Queremos irnos a España a estudiar. Yo ya no voy a estudiar Derecho, voy a estudiar una doble titulación en Economía y Relaciones Internacionales. Samantha va a continuar con su pasión que es el periodismo y esos son los planes, tratar de crear un futuro más cómodo para nosotros y seguir trabajando por lo esencial, que para mí, lo esencial es la libertad de los presos políticos.

¿Piensa regresar a Nicaragua en algún momento?

Yo voy a regresar a Nicaragua. Tengo que regresar, pero para esto hay que presentar las condiciones. Tampoco puedo ir a entregar mi vida porque ahora no sé si es que me van a meter un tiro, me van a meter preso, y no es justo porque ahora no solo estoy yo de por medio, sino que está Samantha y hacerla pasar por esto a ella, a mi familia, mis seres queridos, no es justo.

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