CONTENIDO EXCLUSIVO.
Cuando Rafael Solís aceptó hacer esta entrevista, a mediados de la semana, dijo que lo hacía porque el régimen de Daniel Ortega ya no tenía nada más que arrebatarle después de que varias propiedades suyas fueran confiscadas por la dictadura. Sin embargo, tras brindar declaraciones a otros medios de comunicación, la Policía sitió la casa de su madre y su hijo, según confirmó el mismo a La Prensa.
Rafael Solís asumió su magistratura en la Corte Suprema de Justicia en 1999 y en ese entonces dijo que llegaba a defender los intereses del Frente Sandinista. Fue negociador del Pacto, asesoró a Daniel Ortega en su defensa por el caso de abuso sexual a Zoilamérica Ortega Murillo, y fue artífice de la sentencia que permitió la reelección inconstitucional del dictador en 2011.
Tras 19 años en el poder judicial, Rafael Solís Cerda sorprendió con su renuncia a través de una carta con fecha de enero de 2019 en la cual señala que su viejo amigo, Daniel Ortega, había instaurado una dictadura y un “Estado de terror”.
En esta entrevista con DOMINGO asume su responsabilidad por el régimen que hoy existe en el país. El mismo que lo despojó de su nacionalidad y confiscó sus propiedades y las de su familia.
Permanece exiliado a sus 70 años y su caminado encorvado deja entrever las tres cirugías por hernia en la columna que ha tenido desde 2018. No hay rastro de la panza que alguna vez tuvo cuando fue magistrado. Desde que llegó a Costa Rica en 2019 ha perdido más de 80 libras. Teme morir, confiesa, pero no necesariamente de forma natural, sino por un atentado que puedan ejecutar en su contra.
En esta larga entrevista, Solís habla sobre la cercanía que tuvo con Daniel Ortega y Rosario Murillo. También nos habla sobre la boda de la pareja dictatorial, sobre sus razones para negociar el Pacto, además del caso de Zoilamérica del que dice que “hay una serie de circunstancias en las que podían ser incriminatorias” contra Ortega.
Se jacta de conocer muy bien a Ortega y Murillo, y por eso asegura que no saldrán del poder si no es por las armas. “Van a morir con las botas puestas”, insiste.
“Rosario a estas alturas tiene tanto o más poder que el presidente”, cree y según su análisis, Murillo le está ganando la partida a Daniel Ortega y el Ejército está empezando a subordinarse a ella.
¿Cómo se encuentra a más de cinco años de exilio?
Llevo cinco y medio. Yo me vine en enero de 2019 y ya he hecho mi vida en Costa Rica de alguna manera. Tenía mucha familia aquí. Hermanos, hermanas, parientes y me han acogido con mucho cariño.
¿De qué está viviendo?
He estado trabajando en asuntos legales, más que todo en asesoría. No he podido ejercer por mi edad. Cuando vine tenía 66 años. He servido de puente entre los distintos grupos de oposición que hay aquí. No me he incorporado a ningún partido, pero sí he tenido una buena relación con la mayoría de ellos en términos amistosos y de ver cómo va la cosa en Nicaragua.
¿Qué tan bien vista es la figura de Rafael Solís entre los opositores? Hace poco usted era parte del régimen
He logrado amistad con sandinistas y con algunos que no eran sandinistas. Liberales, conservadores, socialcristianos, incluso del sector empresarial. Por lo menos hemos logrado sentarnos a conversar. En su momento habrá que buscar una unidad más concreta, más fuerte, tal vez con el otro grupo que está en Estados Unidos. Ese grupo que preside Dennis Martínez es grande. Siempre hay su gente extrema que nos tira duro a unos y a otros. A mí por haber sido sandinista, a otros por haber sido somocistas. Esas son cuestiones de inmadurez que no deberían de darse. Deberíamos ir avanzando todos a un frente común o en dos grandes bloques que logren proyectar que sí estamos cerca de lograr la unidad y a lo que muchos creemos que debería ser la manera de derrocar a la dictadura, que no es la del diálogo o la negociación.
Si no es por negociación, ¿cómo debería ser?
Eso de la operación quirúrgica que dijo Humberto, yo sinceramente no la veo. En un gobierno demócrata no se va a dar y con los republicanos habría que esperar a ver si en el 2025, pero no creo que se vayan a meter a eso. Tampoco es una opción que me guste porque los problemas de los nicaragüenses los debemos resolver nosotros, aunque podamos recibir apoyo de otros países, pero no es que le vamos a dar el trabajo y la tarea de los nicaragüenses a los Estados Unidos. No estoy a favor de la intervención y creo que, desde las guerras civiles del siglo XIX, la intervención de William Walker y de los marines, no ha sido lo mejor para el país. Otra cosa es que nos ayuden a nosotros los nicaragüenses para botarlos a ellos.
Usted está hablando que la opción para botar a Ortega sería tomar las armas entonces.
Inexorablemente se va llegar a la lucha armada. Una caída cívica y pacífica del régimen, para mí, Rafael Solís, que lo conozco bien, no la veo bajo ninguna circunstancia. Ellos no van a ceder el poder electoralmente, ni por presión internacional. Por la vía pacífica, si la gente sale a la calle sin recursos, va a haber más muertos, mucho más terror.
¿Puede Nicaragua aguantar otra guerra?
Tampoco digo que va a ser una gran guerra. Si no se necesita volver a la época de las guerrillas largas de varios años, pero sí se necesita que haya gente en las calles con un respaldo mínimo, aunque sea militar, de armas, municiones y recursos económicos, para que tanto los jóvenes que están allá como los viejos que están aquí que debiéramos en su momento regresar a Nicaragua y a participar ahí con ellos, tengamos la posibilidad de hacer un frente que pudiera llegar a debilitar al Ejército o a la Policía y hacerlos pensar en las posibilidades de división, o llegar a situaciones en las que en algunas ciudades pequeñas se logre tomar el poder de la Alcaldía y ya con eso establecés una cabeza de playa y con eso podés pedir ayuda internacional.
En Nicaragua no ha habido caída cívica más que la de 1990. De ahí todas las demás, desde William Walker, desde mi tatarabuelo que es (Manuel Antonio) De la Cerda, todas han sido producto de la violencia y que es algo que el nica lleva. Hay que ir creando las condiciones e ir avanzando en esa dirección, de lo contrario aquí tenemos dictadura para rato y aquí nos morimos en el exilio.
Justamente por eso, ¿no cree más bien que este es el momento para no repetir la historia y hacer las cosas por la vía pacífica?
Una vez que lo hagamos sí. Ahí hay que abolir el Ejército y abolir la reelección.
¿Usted está dispuesto a tomar las armas e ir a combatir a Ortega?
Claro que sí.
¿Aún con su edad y enfermedades?
Aún con mi edad y lo digo sin vanagloriarme. Claro que tienen que haber las condiciones para que eso se dé. Si requiere mi presencia, yo voy y entro clandestino. Si me la jugué once meses clandestino teniendo 21 años, ahora que tengo 70 y voy de salida, pues que pase lo que pase. Tenemos que dar el ejemplo. Tiene que ser una combinación entre jóvenes y los viejos, independientemente que los jóvenes tengan mayor empuje, mayor fuerza, pero hay muchos de los históricos del Frente que podemos todavía hacer algo. En determinado momento va haber que llegar a ese tipo de violencia porque ellos dos, y a ella sola incluso, no se le ha pasado por la mente dejar el poder. Tenés que botarlos a como se ha botado en Nicaragua a todos los gobiernos dictatoriales.

¿Cree que será Rosario Murillo la sucesora?
Ninguna duda tengo. Si Daniel fallece antes de 2026, Rosario termina su periodo y se queda hasta 2031 y después van con Laureano hasta 2036. Eso es definitivo.
¿Podrá el Ejército subordinarse a Rosario Murillo?
En ese proceso está. Cuando yo me vine al comandante (Daniel Ortega) le quedaban el poder judicial y el Ejército. El poder legislativo ya lo manejaba la Rosario con Gustavo Porras, el poder electoral cien por ciento, la Policía cien por ciento (con ella). Secretarios políticos, toditos y alcaldías, toditas. Entes autónomos, la Juventud Sandinista, el Partido. Daniel había estado todavía manejando el poder judicial y tenía relación conmigo, pero a estas alturas para mí, el poder judicial ya lo maneja la Rosario. El Ejército me da la impresión que es un proceso en el cual ella ha ido avanzando, pero dentro de la inteligencia de la Rosario y que sabe que se puede dar un sandinismo sin Daniel Ortega y sin el respaldo de él, la Rosario tiene que ir buscando la consolidación del Ejército alrededor de su persona.
Existe una cacería en la Corte Suprema de Justicia, ¿por qué cree que está pasando esto?
Esto se originó alrededor del excesivo celo de Rosario Murillo con la presidenta de la Corte que siempre ha sido más cercana a Daniel Ortega y un poco más independiente de Rosario. A lo mejor hubo algo ahí que pudieron averiguar sobre conversaciones o comentarios de la Alba Luz y decidieron barrer completamente, no solo a ella, sino a todos los que trabajaban con ella. Fueron más de 900 los despedidos en la Corte y algunos de ellos sin liquidar.
¿Qué tan cierto es que Alba Luz Ramos en más de una ocasión le presentó su renuncia a Daniel Ortega?
Es cierto. La decisión de él fue que se esperara y no se la aceptó.
¿Por qué quería renunciar Alba Luz Ramos?
Porque tenía una presidencia muy limitada. La contraparte de ella era Marvin (Aguilar) en lo político y la relación entre ellos era muy mala, al contrario de la mía que cuando fui secretario político me llevaba muy bien porque estábamos al mismo nivel. La vivían bloqueando en muchas decisiones y también por los años que ya tenía. Eran 35 años en el poder judicial. Tal vez la magistrada más vieja en América Latina. Ya razones de fondo, como que se volviera antisandinista, no la veo a la Alba Luz en ese plan.
¿Usted se comunicaba con ella después de su salida de la Corte?
Directamente no, indirectamente sí. Jamás Alba Luz se expresó mal de mí y la verdad es que ni ella ni yo participamos en las operaciones que se dieron en 2018. Más bien mantuvimos al poder judicial fuera de las operaciones paramilitares y de la Policía. Tratamos de que el poder judicial tuviera otro perfil, independientemente de que algunos miembros del poder judicial pudieran haber participado a título personal.
Pero desde el poder judicial se acusó y se procesó a un montón de personas que solamente salieron a protestar.
Sí. Estaban en los juzgados, en primera instancia, pero no nos pronunciamos ni la Alba Luz ni yo en eso, pero sí había algunos juicios que estaban comenzando alrededor de julio y agosto de 2018, pero no hubo una persecución nuestra desde el poder judicial, sino que venía desde la Fiscalía y la Policía. Y es cierto, el poder judicial ya para entonces estaba con bastante subordinación al Ejecutivo, al presidente y la vicepresidenta desde antes de 2018.
A propósito de que mencionaba la reelección, ¿cuánta responsabilidad asume usted en la construcción de la dictadura que hoy existe en Nicaragua?
Yo asumo la responsabilidad de la reelección por el periodo de 2012 a 2017. Fue una sentencia que declaró inaplicable el artículo de la Constitución que prohibía la reelección. Asumo la responsabilidad histórica.
¿Cómo se fraguó esa sentencia? Se supo que fue una reunión secreta sin los magistrados liberales.
Es que fueron dos sentencias. La de la Sala Constitucional primero y después la de la Corte Plena. En ambas sentencias hubo liberales que colaboraron. Como ya estaba de por medio el pacto de Arnoldo Alemán con Daniel y ese pacto le permitió a Arnoldo salir de la cárcel, hubo liberales que tanto en la Sala como en la Corte la firmaron, hubo otros que no. El doctor Cuarezma se fue. No firmó. Había otro que no la quiso firmar. Eso en la Corte Plena, pero en la Sala Constitucional ahí sí teníamos la posibilidad de sacar la sentencia por mayoría. Estaba el doctor Rosales que la presidía, el doctor Juárez, la doctora Pérez, y estaban los liberales Manuel Martínez y Carlos Aguerri que hicieron voto razonado.
La sentencia fue específica que era para la reelección presidencial del siguiente periodo. Cuando el Frente gana las elecciones (de 2011), el Frente tenía más diputados en la Asamblea Nacional y ahí lo que hizo fue eliminar el artículo de la Constitución que prohibía la reelección. La idea que nos vendió Daniel era de una sola reelección.
¿Ortega les dijo que iba a ser solo un periodo?
Para un periodo.
¿Los engañó?
Yo me siento engañado. No hubo una discusión alrededor de una reelección indefinida. La reelección era para un periodo.
Por lo que cuenta, la reelección también fue producto del pacto.
Hubo un porcentaje alto, no quiero decir que el ciento por ciento, pero hubo un porcentaje alto.
Usted fue asesor de Ortega durante las conversaciones del pacto. ¿Asume alguna responsabilidad también por eso?
Durante las conversaciones había un grupo de asesores de Ortega. Éramos como unos 10 o 15 que creíamos que había que hacer el pacto con Arnoldo. Yo no estaba activo. No era ni diputado ni magistrado. Era un abogado que me había retirado y me habían mandado a llamar.
LEA TAMBIÉN: Humberto Ortega: «Han llegado a pensar en eliminarme»
Pero en 1996 usted fue candidato suplente al Parlacen por el MRS, ¿cómo aparece usted de regreso en el Frente Sandinista con Ortega?
Efectivamente. No estaba en el Frente Sandinista ni en las distintas corrientes, sino que tenía mi bufete. Estuve de acuerdo en ir de diputado suplente y me quedé ejerciendo la profesión (abogado) y un poco la pesca también porque me metí a eso, pero siempre con buenas relaciones con ellos (FSLN). Tanto fue así que me llamaron al tiempo para ser parte del grupo de asesores que trabajara en la reforma constitucional alrededor del pacto. Cuando el pacto se firma y deciden dividir los poderes del Estado mitad y mitad. Ahí sí me llamó Daniel y me dijo que si yo tenía interés en llegar a ser magistrado. Yo fui uno de los magistrados que subió a la Corte Suprema de Justicia después de que el pacto se constitucionalizó.

¿Por qué creyó que era necesario firmar el Pacto?
No es que esté justificando porque hay cosas que uno las ve en un contexto y ahora digo, a lo mejor hubiera sido lo más saludable no tener una participación política, pero yo creía que era necesario por la cuestión económica y de alguna manera, por el rumbo que llevaba el gobierno de Alemán, creí necesario que volviera el sandinismo al poder.
Cuando asumió su magistratura, usted dijo que llegaba a la Corte a defender los intereses del Frente Sandinista.
De alguna forma lo dije en público cuando llegué a la Corte Suprema y lo sostuve, pero con todo lo que ha sido la reelección indefinida y los cuatro periodos que lleva Ortega, tengo y tuve mis discrepancias y las mantengo. Me parece que no era ese el acuerdo ni la decisión que se había tomado y mucho menos el poder que iba a tener Rosario Murillo, que eso nadie lo vio venir.
¿Cómo conoció a Daniel Ortega?
Aquí (en Costa Rica). Lo fui a traer al aeropuerto en 1977. Él estaba en el norte que había habido unos combates pequeños en San Fabián y Daniel se vino de Tegucigalpa a San José. Humberto (Ortega) estaba en San José estudiando en Flacso y me pidió que lo fuera a recoger. Me dice: “Vos preguntá por Enrique”. Ese era su seudónimo, pero desde que lo vi en Migración supe que era Daniel Ortega. Nos fuimos a la casa de Humberto y ahí comenzó la amistad. Con la Rosario también fue bastante buena, aún con su carácter.
Usted fue el padrino de bodas de ellos, pero ¿fue real esa boda?
Esa boda fue real, pero fue en papel, sin inscribirse y sin nada, y sin tener facultades Gaspar (García Laviana, sacerdote y guerrillero sandinista) porque Gaspar no era sacerdote incorporado en la Diócesis de San José. Él lo hizo como sacerdote español. Me llamaron para que estuviera presente y estuvo también uno de apellido Benavides que después murió y Jacobo Marcos Frech que murió hace unos años.
¿Cómo fue esa boda?
Fue pequeña. Fue en la casa de ellos. Fue sencilla. Hubo poca gente. Al estilo de ellos dos la verdad. Creo que sí había una creencia en Dios, porque tampoco puedo decir que han sido ateos, pero había una creencia y llamaron al padre Gaspar para que oficiara. Dijo unas palabras y después “los declaro marido y mujer”. No fue desde el punto de vista formal. Tuvieron que haber llamado a un padre tico, sin embargo, le dieron carácter de boda y ya vivieron como un matrimonio.
¿Cómo fue la renovación de votos en 2006?
El único vivo de los tres testigos ahí era yo. Los otros ya habían fallecido y la segunda boda que fue la que ofició el cardenal Obando, fue una renovación de votos porque ellos le dieron a la primera boda un carácter religioso. Fue pequeña también en la capilla de la Unica y ahí nomás se hizo la civil con el doctor Estada (Hernán Estrada, exprocurador general). Daniel y Rosario me habían pedido a mí que la hiciera, pero yo como magistrado no podía.
¿Cómo fue su relación con ellos en los ochenta?
Yo estuve como embajador en Washington, después en el Ejército en la dirección política. Estuve en el Consejo de Estado representando al Ejército y después estuve en la Asamblea Nacional. Rosario en esos años estaba más dedicada a la cuestión cultural. La relación de amistad se mantuvo.
Con la derrota electoral usted se desvincula del partido, ¿cómo quedó su relación con ellos?
Nunca llegué a pelearme con ellos sinceramente. Siempre mantuve una buena relación y la forma en que ellos me trataron sí fue buena. No puedo decir lo contrario. Los conozco bien.
Usted fue parte del equipo defensor de Ortega para el caso de Zoilamérica. ¿Cómo se dio eso?
Yo no tomé mucha participación. Se fueron por la figura de la prescripción y la sentencia que hizo la Juana Méndez fue sobre eso. No se pronunció sobre el fondo. He visto unas dos o tres veces a la Zoilamérica y le dije que fue una manera de no llegar al fondo de un juicio que iba a ser muy sonado. Se declaró proscrito y lo cerraron a pesar de que había evidencia y las declaraciones de ella pesaban, aunque por el carácter de los hechos no son situaciones que se den frente a testigos. Si han tomado otra decisión, tal vez habría sido el fin de Daniel Ortega. O si la Rosario hubiera apoyado a su hija.
Si hubiese habido un juicio, ¿cree que se pudo haber encontrado culpable a Daniel Ortega?
Esas son preguntas difíciles de responder. Obviamente como me ha dicho la Zoilamérica, hubo violencia y era menor de edad, y hay una serie de circunstancias en las que podían ser incriminatorias para que él resultara con una sentencia en contra. Solo si se hubiera dado todo el proceso a lo largo del mismo uno podría decir si es culpable o no.
¿Cuál cree que va a ser el final de Ortega y Murillo?
Aquí hay gente que cree que a la hora de llegada si se llega a producir esa eventualidad de un levantamiento de la gente en las calles, y si se consiguieran armas, que Daniel y la Rosario van a agarrar un avión y se van a ir para fuera. Se equivoca la gente. Daniel Ortega y la Rosario van a morir con las botas puestas. No van a ser como Tacho que se fue a Estados Unidos. Yo los veo ahí en El Carmen con toda su gente peleando.
¿Usted teme por su vida?
Claro que sí. Yo había dejado de dar declaraciones por tres años por toda mi familia que está allá. Salvo mi mamá que no quiere salir y su pasaporte quedó en la casa que le quitaron. No creo que a los 93 años hagan la barbaridad de llevarla a una cárcel. Eso no quiere decir que no consideren hacer operativos militares contra algunas personas. Hay rumores de que en algunos casos sí lo han hecho, como con este muchacho Joao Maldonado. Puede ser que después de esta entrevista piensen: “A este jodido hay que matarlo porque está llamando a las armas”.
Ellos tienen gente aquí. ¿Qué le cuesta a uno de ellos salirte de frente y pegarte seis balazos? Pero hasta la fecha lo más que ha habido son llamadas. Que traidor y cosas así. El apelativo que usan ellos es ese y más contra de los que venimos del sandinismo, pero para mí los que traicionaron la revolución fueron ellos. El proyecto era de una revolución democrática, no de una revolución que desembocara en una sucesión dinástica de carácter familiar.
CONTENIDO EXCLUSIVO.