En la Avenida España, una de las arterias principales de Asunción, la capital de Paraguay, no hay nada que identifique que ahí la mañana del 17 de septiembre de 1980 fue asesinado el dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle.
«Tachito» arribó en Asunción en 1979, luego que fuera rechazado por Estados Unidos, Bahamas y Guatemala. En Paraguay fue protegido por el también dictador Alfredo Stroessner, que gobernó por más de 34 años.
Cuando Somoza fue asesinado por un comando del argentino Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), la Avenida España se llamaba Avenida Generalísimo Franco, en honor al dictador español.
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Somoza Debayle vivía a unos 300 metros de donde ocurrió el atentado, y casi siempre pasaba por la ahora llamada Avenida España en su carro Mercedes Benz blanco clase S con su chofer, para dirigirse al centro de Asunción.

El lujoso carro avanzó esa mañana por la calle América hasta tomar la Avenida Generalísimo Franco, en esos 100 metros que están entre la calle América y calle Venezuela fue que lo esperaba el comando con fusiles de asalto M-16 y un lanzador de cohete RPG-2.
¿Qué hay ahora?
Hoy en día, en esos 100 metros solo existen algunas viviendas y muchos establecimientos comerciales: un banco, una tienda de conveniencia, una óptica, bienes raíces, una compañía de software y una farmacia.
La casa desde donde el comando salió para atacar al dictador ya no existe. Esa vivienda fue conocida como la casa de Julio Iglesias, porque los guerrilleros argentinos dijeron a la dueña que el cantante español filmaría una película en Paraguay y necesitaban rentarla con total discreción.


El inmueble fue rentado en 4500 dólares. De ahí salió el vehículo que le cortó el paso al Mercedes Benz conducido por el chofer de Somoza, el nicaragüense César Gallardo. También salieron los guerrilleros con los rifles de asalto y el que luego le tiraría el bazukazo.
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«La casa nadie la quiso después, o sea de hecho yo entrevisté a la señora que alquiló la casa, que trabajaba en la inmobiliaria y lo que ella planteó fue que después el gobierno se quedó con esa casa y después no pudieron la alquilar más», cuenta la periodista e investigadora paraguayo-nicaragüense Mónica Zub Centeno, quien escribió el libro Somoza en Paraguay: Vida y muerte de un dictador.
Donde estaba esa casa ahora hay un predio con varias carpas donde venden comidas por las noches. Uno de los negocios es una lomitería, un carrito de comida rápida donde venden los lomitos paraguayos (sándwiches de lomo).


La que sí se mantiene en el lugar es una casa blanca en cuya cuneta fue a parar el carro de Somoza después de los disparos y el bazukazo. Luego de 44 años del atentado, esa casa —con algunos cambios—es la que ha sido el testigo más longevo del atentado.
«Pudimos haber estado ahí»
La periodista paraguaya Magdalena Riveros, quien ya está jubilada, pero trabajó por varias décadas en el diario Última Hora, cuenta que esa mañana del 17 de septiembre de 1980 ella junto con un equipo conformado por un conductor y un fotógrafo pasaron por la Avenida Generalísimo Franco unos 20 minutos antes del atentado.
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Riveros cubría la fuente municipal y la habían enviado al Jardín Botánico, en ese entonces en las afueras de Asunción. «Nos estacionamos y recibimos un llamado por el radio, el walkie talkie, y ahí nos dan la orden de ir a Generalísimo Franco y casi (calle) Venezuela, especialmente el fotógrafo, que tenía que ir porque fue asesinado Somoza y nos quedamos todos como no puede ser, porque en una dictadura y matar a una persona que estaba protegida por el gobierno era algo impactante y lo que más también dijimos ‘ay por Dios, pudimos haber estado ahí en el momento'», recuerda la periodista.

La reportera también cuenta que a como en la actualidad esa vía era muy transitada, y ellos fueron enviados al lugar porque estaban más cerca que los equipos que estaban en el diario. Asimismo recuerda que esa zona era netamente residencial, «las casas lindas», pero ahora muchas se han convertido a comercios.
«El comentario a nivel popular, hablando con la gente, era que cómo es posible que haya ocurrido un atentado así en una avenida tan concurrida, una zona así, Generalísimo Franco y casi Venezuela, y Venezuela era otra arteria importante, también hoy en día», rememora Granados y agrega: «Porque ellos eran muy rigurosos para perseguir a sus enemigos políticos locales» y Somoza era el gran protegido de Stroessner.

Mientras que Zub Centeno explica que después del atentado hubo lo que se conoció como el rastrillaje, «que era como un rastrillo, ir sacando toda la basura para dejar limpio el país, era un poco la idea, buscando a los que cometieron el atentado, los del ERP, fue un motivo para acusar, encarcelar, hostigar a disidentes del stronismo, para un poco también maltratar, torturar a opositores del stronismo».