El fin de semana pasado, el régimen orteguista ordenó a su militancia y funcionarios públicos participar en actividades políticas del gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), entre estas, el Repliegue El Vapor de Managua, en el que participaron transportistas, trabajadores de la salud, docentes, funcionarios públicos y universitarios.
El repliegue a la hacienda El Vapor fue una operación táctica que consistió en la retirada de población del barrio San Judas y otros barrios aledaños en junio de 1979.
A consideración de disidentes sandinistas, esta actividad es una de las muestras de cómo el régimen orteguista ha degradado sus mismas actividades partidarias.

«El orteguismo anuló al sandinismo. Las celebraciones conmemorando y celebrando lo que fue una victoria del pueblo fue totalmente desvirtuado. Eso se dio en un proceso de ruptura que se aceleró después de 1990 por la derrota electoral. Todavía en la década de 1980 se celebraban de manera espontánea», dijo el excarcelado político y disidente, Irving Larios.
El aniversario de la revolución convertido en actividad privada
El 18 de julio de 2017, los periodistas mexicanos Edgar Hernández y Pedro Talavera llegaron a Managua luego de que la Revista Domingo de LA PRENSA publicara un reportaje sobre ambos reporteros, quienes produjeron uno de los más famosos videos sobre la insurrección en 1979 en contra de la dictadura somocista, denominado La ofensiva final. Ambos participaron en la celebración del 38 aniversario de la revolución popular sandinista, la última antes del estallido de la crisis sociopolítica, misma que fue abierta al público.
En 2017 fue el último acto del 19 de julio en el que asistieron los presidentes aliados de Daniel Ortega: Evo Morales, de Bolivia; Miguel Díaz-Canel, de Cuba; Salvador Sánchez Cerén, de El Salvador; y los expresidentes de Honduras, Manuel Zelaya; y de Guatemala, Álvaro Colom.

La celebración del 19 de julio en 2018 contó con una menor afluencia que en años anteriores, en parte, por la crisis sociopolítica que estalló en abril de ese año. En esa ocasión, entre los asistentes que llamaron la atención estuvo el nuncio apostólico monseñor Waldemar Stanislaw Sommertag, junto a su secretario monseñor Andrea Piccioni, en el contexto de la represión armada contra las protestas civiles que iniciaron el 19 de abril de ese año, dejando más de 300 muertos, según informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
En 2020, debido a la pandemia de covid-19, la celebración cambió aún más. De realizarla en la Plaza la Fe, con mayor capacidad para personas, pasó a la Plaza de la Revolución, donde la dictadura colocó una estrella de cinco puntas y sillas en círculo. Además, restringió el ingreso a la celebración.

En 2021, el régimen repitió la ubicación y parte de la escenografía: una gigantesca estrella en el centro de la Plaza de la Revolución con los números «42/19», en referencia al 42 aniversario de la revolución sandinista.
Ese año, el único invitado internacional fue el canciller de la República de Abjasia, Kove Daur, quien asistió al evento. Abjasia es un país que no cuenta con el reconocimiento de las Naciones Unidas y Nicaragua es uno de los cinco países en el mundo que lo reconoce, para congraciarse con Rusia.
En 2022, el acto que se realizó en el mismo lugar y con extremas medidas de seguridad, se caracterizó por la participación del primer ministro de San Vicente y las Granadinas, Ralph Gonsalves, quien también dio un largo discurso. Ortega le entregó la Orden Augusto Sandino en su máximo grado Batalla de San Jacinto.
Y en 2023, el régimen realizó el acto frente al antiguo Estadio Nacional Dennis Martínez, en Managua y el invitado destacado fue Apollinaire Joachim Kyélem de Tambéla, primer ministro de Burkina Faso, a quien le asignaron el micrófono para que diera un discurso que duró unos 15 minutos. Burkina Faso es un país sin litoral de África occidental.
El Repliegue Táctico en autobús
El Repliegue Táctico en 1979 a Masaya consistió en una retirada estratégica de los combatientes sandinistas y de la población civil desde Managua, la capital de Nicaragua, hacia la ciudad de Masaya, ubicada a unos 30 kilómetros al sureste.
Sin embargo, la celebración de esta gesta ha sufrido varios cambios desde el retorno del sandinismo en 2007. La ruta original del repliegue fue desde los barrios orientales de Managua, que estaban en insurrección, hasta Masaya, la ciudad que ya había sido tomada por los guerrilleros del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Cientos de personas fueron asesinadas en ese recorrido.
En los últimos años, el gobierno sandinista ha realizado la réplica del repliegue en diferentes fechas y saliendo de diferentes puntos de Managua, pero siempre hasta Masaya. No obstante, lo más criticado por los sandinistas que participaron en el repliegue original y que actualmente son disidentes del FSLN es el “bacanal de guaro y bailes” con que se conmemora esta fecha, encabezada por Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, actualmente gobernantes del país.
El 13 de julio de 2018, el dictador Daniel Ortega entró a la delegación de Policía de Masaya, donde realizó la conmemoración del repliegue rodeado de policías y paramilitares, pocos días después de haber ejecutado la «operación limpieza», con la que desmontó los tranques.

En 2019, el dictador Daniel Ortega y su esposa, la vocera gubernamental Rosario Murillo, encabezaron el Repliegue Táctico en una unidad de transporte de la empresa Nicabus. Esa sería la segunda ocasión en que Ortega participó en el repliegue a través de esta compañía, ya que en 2016 también lo hizo de esa manera.

En la “reedición” del 2023, los fanáticos del Frente participaron —sin la presencia de la pareja dictatorial— de una caminata de cerca de 5 kilómetros, desde el Reparto Schick hasta la comarca Los Mayales, en Managua.
Fanáticos del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) conmemoraron solos, sin la presencia de los dictadores la gesta del Repliegue Táctico a Masaya, en lo que llaman una “reedición” de dicho acto, que previo a 2018 consistía en una marcha masiva de simpatizantes, que culminaba con un discurso en la Plaza de Monimbó, en Masaya.
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Los medios oficialistas reportaron que en la caminata participaron unos 400 motorizados y “miles” de simpatizantes del partido dirigido por la dictadura. Sin embargo, la mayoría de las personas que participan de dichas actividades políticas partidarias, promovidas por el orteguismo, son trabajadores del Estado, que son obligados a ir, pues de lo contrario corren el riesgo de ser despedidos.
«Todo fue desvirtuado porque Daniel Ortega y Rosario Murillo nunca estuvieron en ninguno de los combates para derrocar a la dictadura somocista de manera frontal, nunca participaron en las acciones de los movimientos estudiantiles en las protestas callejeras que eran reprimidas por la guardia. Ellos se tomaron el Frente Sandinista y convirtieron esas celebraciones en algo privado», dijo Larios al respecto.
Orteguismo con temor a abrir actividades al público
A consideración de la disidente sandinista Lludely Aburto, el régimen orteguista tiene temor de abrir las actividades de su mismo partido, por lo que considera que de esta forma la dictadura podría perder el control de los espacios.
«Hay una resignificación porque es una dictadura que cometió crímenes de lesa humanidad, por lo que saben que cualquiera de estos eventos puede significar alguna manifestación de la población de alguna u otra manera», aseguró.
Aburto refirió que, aunque el régimen abra las actividades partidiarias, la población no asistiría.
«Creo que la gente no iría porque la gente rechaza al régimen. Ese es otro de los factores, porque la gente les ha cerrado las puertas. Es evidente que pueden quedar en ridículo (si abren los actos de forma masiva). Ya obligan a los funcionarios públicos que tienen que ir porque les exigen que vayan bajo el chantaje de que pueden perder sus plazas laborales», puntualizó.