En la Noche Buena de 1914, durante la Primera Guerra Mundial, sucedió uno de los momentos más significativos del corazón humano cuando unos cien mil soldados británicos y alemanes, que se encontraban en el frente occidental belga y que hasta entonces se estaban matando entre ellos, salieron de sus trincheras a tierra de nadie para estrecharse las manos e intercambiar regalos. Finalizaron este encuentro amistoso, en medio de tanto terror, cantando a viva voz Auld Lang Syne.
Fue un hecho asombroso que descobijó lo absurdo e ilógico que son las guerras. Auld Lang Syne cuya lírica pueden encontrar en cualquier referencia, es una canción de posible origen escocés que fácilmente podría tener al menos 400 o más años de existencia. Sin embargo, su versión actual se le debe al poeta también escocés Robert Burns cuando este en diciembre de 1788 en el reverso de una carta a su amiga Frances Dunlop, le escribe un borrador del poema donde al menos tres de sus versos eran de Burns; afirmando más tarde, que él anotó la canción de un anciano.
No hay dudas que el poema es eterno, una oda entusiasta, una celebración alegre de viejos y nuevos tiempos. Una canción que nos llena de esperanza que se traduce por su longevidad, ya que no sabemos a ciencia cierta cuándo ni quién la escribió; que nos confirma en cierta forma, que todas las épocas de la humanidad han tenido llantos y amarguras, así como también sonrisas y bienaventuranzas que valen la pena de ser recordadas. Recuerdos que acarician y calman nuestro espíritu con un bello poema cantado a viva voz; tiempos vividos amargos o dulces que aquellos que escriben tienen la obligación de dejar marcados para gloria de nuestra patria y de las generaciones venideras.
Podemos alterar la historia, como frecuentemente sucede, pero un poema que cantado y cantado durante años y quizás siglos por un pueblo que sabe reír y llorar, es bastante difícil de alterar. La poesía sale del alma, aún más, cuando de ella brota o se acompaña de música; mientras que la historia lamentablemente se escribe, la mayoría de las veces, dependiendo del estado de ánimo y/o del favoritismo personal del que la narra, condenando al historiador a crear mitos y falsedades.
Este poema se puede traducir en algunas de sus estrofas así: “Por los viejos tiempos, amigo mío, por los viejos tiempos, / tomaremos una copa de cordialidad por los viejos tiempos (…)” No en vano Robert Burns le dice en su carta a su amiga Dunlop: “¿No es la expresión escocesa Auld Land Syne sumamente expresiva? Hay una vieja canción que me ha entusiasmado muchas veces […] Que la luz llene el pecho del inspirado y celestial poeta que compuso este glorioso fragmento”. Así, Burns acepta que el poema no es totalmente de él.
La melodía original de la canción aún se escucha, pero la versión más frecuente aparece por primera vez en 1799 en A Select Collection of Original Scottish Airs for the Voice, de George Thomson. Su música, sin embargo, ha tenido muchas versiones. Tenemos como ejemplo, el arreglo que le hace Beethoven en 1818. Hay versiones cantadas maravillosamente por Mariah Carey (2010) y Emily Linge. Aparece en muchas películas (La quimera del oro, de Charlie Chaplin, 1925. Que bello es vivir de Frank Capa, 1946 y los Minions dirigida por Pierre Coffin and Kyle Baldade, 2015). Fue himno nacional de Corea del Sur entre 1945 y 1948 y de las Maldivas hasta 1972. Se enseñaba en muchos almacenes japoneses para avisar a sus clientes que iban a cerrarlos al finalizar el día e inspiró cánticos de futbol en países como Holanda, entre cienes de obras de arte musicales, de teatro y por sobre todo en los pueblos nórdicos de Europa y Estados Unidos cuando sus habitantes la cantan a viva voz especialmente para celebrar el último día del año.
Nicaragua no está exenta y tiene no uno, pero muchos Auld Land Syne en su poesía, música y cantos que han dejado marcados recuerdos imborrables de su existencia en las diferentes épocas de su vivir. Recitamos a Darío, Azarías H. Pallais, Claribel Alegría y Alfonso Cortés; oímos y bailamos a José de la Cruz Mena, Orlando Flores Ponce, Tino López Guerra y a los hermanos Godoy; cantamos con el corazón ardido de patriotismo y devoción los cánticos a La Purísima que marcan nuestras alegrías y tristezas.
Déjenme, pues terminar este escrito con mi Auld Land Syne, no parodiando, pero sí imitando, al estilo nicaragüense, este poema universal que salió de un alma iluminada por Dios; para que esa misma luz que es eterna, nos ilumine a todos, sin distinción de credos políticos, religiosos y/o clasistas, en mi querida Nicaragua: “Por los viejos tiempos, por los viejos tiempos, amigos. Tomemos unas copas de perdón, de amistad y de fraternidad. Por los viejos tiempos, por los viejos tiempos, amigos. Pensemos que todos somos hermanos. Por los viejos tiempos, por los viejos tiempos, amigos. Olvidemos el rencor, la venganza y la ira. Por los viejos tiempos, por los viejos tiempos, amigos. No hagamos llorar más a nuestras madres e hijos. Por los viejos tiempos, por los viejos tiempos, amigos. Construyamos una patria en paz, cordialidad y prosperidad. Aunque yo las pague, aunque tú las pagues, tomemos esas copas de amor y de reconciliación. Por los viejos tiempos, por los viejos tiempos, nicas de mi corazón”.
Ahora, quedaría pendiente completar la música que brota de esos versos; con ella, no dudo que el Auld Land Syne del alma nicaragüense se inmortalizaría para sellarlo con abrazos de paz, esperanza y hermandad.
El autor es médico.
Leesburg, Florida, EE. UU.