La historia en general está plagada de mitos; mentiras o narrativas inventadas, unas veces por razones políticas otras por ignorancia. En el caso de la conquista española de América, la historiografía izquierdista, en su afán por atacar lo valores occidentales y cristianos, se ha esmerado en presentarla como una colosal tragedia en la que el rapaz imperio español subyugó, sin misericordia, a indios inocentes que vivían existencias relativamente plácidas. La destrucción de muchas estatuas de Colón en distintas partes del mundo ejemplifica este sentimiento. Un examen imparcial de los hechos pone en entredicho la veracidad de dichas versiones. A fin de que el lector juzgue abordaré primero lo referente al mito del indio feliz. En posterior entrega examinaré lo referente al malvado español.
El mito del buen indio o del indio feliz
Un primer dato que contradice cualquier idealización de la vida indígena es el de los sacrificios humanos que asolaban la región. Si bien estos sacrificios han sido registrados en otras culturas, la magnitud que alcanzaron en Mesoamérica no ha dejado de asombrar a los antropólogos. Para aplacar la sed de sangre de Huitzilopochtli, dios de la guerra, los guerreros aztecas se lanzaban a capturar pobladores de tribus de la periferia a fin de ofrendárselos en masa —en el paroxismo de estos hasta más de diez mil por día—.
El horror de estas escenas está retratado con mucho realismo en la película Apocalipto. David Stuar, de Harvard(1) ha documentado que los mayas tenían prácticas similares. En Nicaragua, por su parte, los chorotegas, cuando tenían problemas con las cosechas o amenazas de guerra, sacrificaban hombres, mujeres y niños arrojándolos al cráter del volcán Santiago(2). Había además otros aspectos perturbadores. Las guerras inter-tribales eran frecuentes. Los vencedores solían matar a una parte de los vencidos, comiéndoselos o sacrificándolos a los dioses, y esclavizando a los más afortunados.
“Nuestros antepasados aborígenes”, comenta Emilio Álvarez Montalván: “Mantenían una vida tribal muy cerrada…Había mucha tensión entre los diferentes asentamientos indígenas antes de la venida de los españoles, permaneciendo en constante zozobra, temerosos de ataques sorpresivos de sus vecinos rivales, o la invasión masiva de oleadas de desplazados del norte, que llegaban periódicamente a invadir sus tierras(3).
Otra costumbre común, que muchos prefieren ignorar, era el canibalismo. Este se practicaba normalmente con los sacrificados y prisioneros, pero a veces incluía niños de la propia tribu, los cuales podían ser vendidos en los tiangues o mercados(4).
También eran muy común las borracheras. Eric Wolfe, entre otros antropólogos, advierte que en Mesoamérica los derivados alcohólicos del maíz eran consumidos intensamente antes del descubrimiento(5). Los indígenas carecían además de una teología que ayudara a distinguir entre conductas morales o inmorales. Su constelación de dioses y espíritus eran fuerzas irracionales y caprichosas incapaces de generar decálogos éticos, como la biblia hebrea. Su suerte individual, en esta o en otra vida, no dependía de su comportamiento, sino de ofrendas a los dioses, ritos y magia.
Cabe consignar, también, que a diferencia de los aztecas y mayas —que al lado de sus prácticas sangrientas habían logrado portentos arquitectónicos— las tribus ubicadas en la zona de Nicaragua eran muy primitivas. Ninguna había superado la etapa del neolítico —no fabricaban herramientas o armas de hierro, ni practicaban la escritura— como tampoco conocían el uso de la rueda, o la codificación de leyes.
Estas notas sobre la vida indígena dejan evidentemente al margen aspectos positivos de sus sociedades, pero se presentan para dejar claro aspectos negativos de tremenda importancia pero que suelen ser olvidados o desconocidos. Con una nota adicional de cierre: que no había perspectiva de que estas sociedades tribales los superasen en los próximos siglos. La misión del hombre precolombino sugiere Paul Westheim, no era cambiar el mundo, ni crear un nuevo orden, sino conservar rigurosamente el orden viejo y eterno(6). Esto implica que de no haber sido conquistados por los europeos los indios de nuestra zona todavía andarían en taparrabos.
NOTAS: 1. Stuart, en TerraAntiquae, 2005. 2. Kinloch Tijerino, Historia de Nicaragua, 2008. 3. Alvarez Montalván, Cultura Política Nicaragüense, 2000. 4. Warner P. Reflections on Nicaragua´s historiography, 2002. 5. Wolf, Sons of the Shaking Earth, 1964. 6. Citado por PAC, Ensayos 2003.
El autor es sociólogo, fue ministro de educación y autor de Buscando la Tierra Prometida, Historia de Nicaragua 1492-2019, de venta en Amazon y librerías locales.