Ganso y gansa
Una de las habilidades más notables de Daniel Ortega, si a eso se le puede llamar habilidad, es esa camaleónica capacidad reclamarle a otros como malo, malísimo, según su conveniencia, lo que él mismo hace y presume como bueno, buenísimo. O sea, lo que es bueno para el ganso no lo es para la gansa, en su mundo. Ortega usa dos varas: una para medirse él y otro parta medir a los otros, a los contrarios.
Hechos
En ese mundo alucinante, no juzga los hechos según lo que son, sino por quién los hace, en el entendido de que, si los hace él, en su discurso siempre estarán bien hechos, serán heroicos o dignos, y si los hacen quienes lo adversan, aunque sean los mismos hechos en circunstancias parecidas, serán maldades, vergüenzas, terrorismo o entreguismo. Aplaudible, si lo hace él; condenable si lo hace quien se le opone.
Humberto Ortega
Comencemos por lo más reciente. Daniel Ortega quiere descalificar las críticas que le hace su hermano, Humberto Ortega, y para exhibir su cabeza en público se va 30 años atrás y saca una medalla que su hermano le dio a un agregado militar de Estados Unidos, cuando Humberto Ortega era jefe del Ejército en el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro. “¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza!”, dice al borde del llanto, como si se acabara de enterar. Y basta mirar al lado para saber que, en su gobierno, ha entregado canastas de medallas a los agregados militares de Estados Unidos. ¡Qué vergüenza!
Medallas
El mismo jefe del Ejército que Ortega tenía sentado este martes a su lado, le entregó medallas al teniente coronel Cristhian Thomas Simon, el 19 de mayo de 2015; al teniente coronel Steven Michel Whitleman, el 12 de julio de 2017; al coronel Darren D. Lynn, el 9 de octubre de 2018; y al teniente coronel William Hogan, el 3 de diciembre de 2019. Y hay más, pero les dejo solo una última: el “muy antiimperialista” gobierno de Ortega y Murillo le entregó la máxima condecoración diplomática a la embajadora de Estados Unidos, Phyllis Power, en septiembre de 2015. ¿También va a anular esas entregas? ¿O esas no le dan vergüenza? ¿Eso no es entregarle su alma al diablo?
Cobardes
En la retórica sandinista siempre me ha llamado la atención que los guerrilleros que murieron en combate son “cobardemente asesinados”. Es un asunto de locos. Lo dijo Ortega de su hermano Camilo. Unos guerrilleros armados atacan un cuartel de la Guardia Nacional, con la intención, por supuesto, de matar a quienes lo defienden. Si los guardias al defenderse matan a alguno de los guerrilleros que los quieren matar, la retórica de Ortega dirá que fueron “cobardemente asesinados” por “la guardia genocida”. En otras palabras, debieron dejarse matar para no ser cobardes.
Terroristas
Para Daniel Ortega quienes salieron a marchar en 2018, quienes portaron una bandera azul y blanco, quienes criticaron su régimen y sus desmanes son terroristas, violentos, traidores de la patria y cuanta sandez se le ocurra a él y a su esposa, Rosario Murillo. En la mente del dictador, Alvarito Conrado, que solo quería llevar un par de botellas de agua a quienes protestaban en la Catedral es un terrorista, bien muerto está, pero no lo está su hermano Camilo Ortega, que lo matan cuando intentaba matar.
Dictaduras
Daniel Ortega ha perdido toda racionalidad en su discurso y forma de ver el mundo. Es capaz de decir cualquier cosa y luego decir exactamente lo contario, con la misma convicción. Habla como si él fuese la Patria, el Pueblo. Donde nosotros vemos un dictador decrépito, enclenque y desquiciado, él ve un gladiador de mil batallas. No entiende que alguien se oponga a su dictadura, que es, por mucho, peor que la dictadura de Somoza en la que él celebra que se haya enfrentado armada y que se matara a quienes la defendían. Mide todo con varas distintas.