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Mamá, ¿dónde estás?

Esta es una interrogante que no una vez he pronunciado con mis labios o elaborado en mi pensamiento, cuando en varios momentos o circunstancias de mi vida he escuchado su voz a manera de un suave susurro, tierno, que dulcifica mis oídos y fortalece mi corazón.

¿Cuántas veces he despertado de un sueño, buscándola para seguir escuchando sus consejos, atento a sus recomendaciones, embelesado y seguro con su presencia y figura, que trasciende la vida consciente y se cuela en la substancia e insubstancia de mi ser?

El susurro delicadamente se extinguió y el despertar me hizo ver que era un sueño nada más, pero la armonía de su voz y el candor de su presencia había cumplido con su misión de decirme: “Te amo mi muchachito, te sigo amando y te amaré por siempre”… y la seguridad y alegría rebosó en mi corazón. Supe sin necesidad de recurrir a la metafísica, religión o parapsicología que ella estaba conmigo. Mi actitud volvió a ser asertiva, mi fe creció al tamaño de un granito de mostaza y exclamé a todo pulmón: ¡Soy el campeón del mundo!

Estoy seguro que cada quien a lo largo de su vida, ha escuchado y soñado con la madre ausente y es que el amor de la madre traspasa las leyes de la naturaleza y vence la muerte y miserias humanas.

En el año 2011 mientras pasaba por una crisis en diversas facetas de mi vida, orando en la capilla del Santísimo de la Divina Misericordia, apareció el susurro suave de mi madre clamando ante el Señor por mí, episodio que recogí después en un escrito titulado Intercesión, dedicado a todos mis hermanos. Muy poco tiempo después de esta intervención de mi madre en el amor y la oración por su hijo, se aclararon los nublados y retornó el espíritu de lucha.

Hoy, en mi retiro activo, continúa acompañándome en mis sueños, me comunica su confianza, aparece en fiestas, reuniones, opina, orienta, ríe complacida al verme reunido con todos mis hermanos y bendice a mi familia.

¿Dónde estás mamá?… en nuestro grupo de hermanos hemos mandado “besos y todo nuestro amor hasta el cielo mamá”. Mas no vacilemos en besarla y abrazarla en el aire o cualquier espacio o medio, cuando experimentemos su presencia en la vida consciente y en los sueños, ya que su amor trasciende todas las dimensiones y magnitudes, ella está siempre allí.

Y la madre está en la miel de los buenos momentos con sus hijos, como en el vinagre de la ingratitud, las ofensas, maltratos y agresiones, llevando sanidad al hijo con su perdón.

¡Benditas sean todas las madres de la tierra!

El autor es médico.

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