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Yasmina Martínez, la migrante nicaragüense que emprendió vendiendo comida caribeña en Costa Rica

Es madre soltera de tres hijos, tiene más de 10 años en territorio costarricense y lucha por hacer crecer su emprendimiento Mi Sazón

En el barrio Concepción de Alajuelita, en Costa Rica, se encuentra Yasmina Martínez, una nicaragüense de 48 años que convirtió sus dotes culinarios, que son para ella una fuente de orgullo de sus raíces, en un medio de vida que desde hace dos años le ha permitido sacar adelante a sus tres hijos. Es oriunda de Rivas, pero vivió un tiempo en Bluefields, donde fue seducida por los sabores caribeños, los cuales hoy por hoy son el alma de su emprendimiento culinario, Mi Sazón.

La vida de Yasmina no ha sido fácil desde que decidió migrar. Salió de Nicaragua hace más de 14 años en busca de mejores condiciones económicas, cargando en ese entonces solo a uno de sus hijos. Es madre soltera de tres hijos, dos de los cuales nacieron en Costa Rica.

Desde sus inicios en territorio costarricense, Martínez luchó por establecerse y dar a sus hijos todo lo que le permitían sus ingresos. Hace unos diez años, trabajando en catering, descubrió su amor por la cocina y el deseo de ser su propia jefa. Este trabajo le enseñó valiosas lecciones y despertó en ella la idea de emprender.

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“Nació a raíz de los trabajos que he tenido. Anduve en restaurantes, en un catering, donde me llevé lágrimas, aprendí cosas que en mi país no. Tuve en realidad muchas experiencias que me ayudaron a formar esa idea, esa decisión de decir que no quería trabajar para nadie más, porque es duro”, explicó. 

Hace cinco años —detalló a LA PRENSA— tuvo la oportunidad de alquilar un local donde hizo su primer intento por emprender. Vendía comidas caseras, incluyendo platos nicaragüenses y, aunque al principio el negocio funcionó y las ventas iban bien, las dificultades con el local que le fue solicitado por sus propietarios y la falta de permisos de negocio la obligaron a cerrar. 

Posteriormente siguió trabajando en cocinas de varios restaurantes en San José, algunos de estos que incluso cerraron producto de la pandemia, hasta que fue diagnosticada con espolón y entonces decidió volver a intentar ser su propia jefa, con su emprendimiento de venta de alimentos con sazón nicaragüense, pero esta vez desde su vivienda.

Progresando en colectivo

En esta ocasión, Yasmina no estuvo sola para continuar con su meta. Encontró colectividad con otras nicas de la Red de Mujeres Pinoleras en el exilio, que aunque acoge mayoritariamente a mujeres nicaragüenses exiliadas, también ha sido fundamental en el crecimiento del emprendimiento Mi Sazón.

En esta Red, Yasmina resalta que encontró el impulso que necesitaba para retomar su sueño. Además de participar de las ferias de la Red, donde ofrece sus productos una vez al mes. También, empezó a cocinar desde su hogar y ha ganado popularidad entre su clientela en el barrio Concepción, donde oferta esos productos al menos dos o tres veces por semana.

“Se me vino una enfermedad que se llama espolón y me dije que no me iba a sacrificar, que trabajaría por sí sola. Entonces, conocí la Red, me integré, me involucré, emprendí con la comida caribeña; el rice and beans, el rondón, y también incluí el pescado a la Tipitapa, que a la gente le gusta. Además, desde mi casa también tengo el negocio de venta de comida, hago sopa, no frecuentemente, lo voy variando porque hay fines de semana que hago asados, pinchos, y también hago comidas por servicios o para eventos”, detalló.

Yasmina Martínez durante uno de los servicios que ha prestado a eventos en Costa Rica. Foto: Cortesía.

Explica que cada feria con la Red es un evento crucial para ella. La preparación comienza un día antes: comprando ingredientes, preparando la leche de coco, carnes y ensaladas, y avanzando con las bebidas. El día de la feria, destaca, se levanta a las 4:00 de la mañana para asegurarse de que todo esté perfecto, se mueve hacia al predio de la Red, ubicado en San José, donde les dan a las mujeres que la integran un puesto y acceso a mesas y sillas, para que impulsen sus ventas.

Yasmina afirma que las ventas en la Feria y en su casa pueden variar, pero nunca pierde el ánimo. Un pincho con tajadas y ensalada, afirma, lo vende en 1,500 colones (105 córdobas), mientras que un pollo asado cuesta 2,500 colones (175 córdobas), cuando los comercializa en su hogar, pero en las ferias explica que los platos pueden “subir un poco porque hay que asumir otros gastos de transporte para llegar al lugar”.

A pesar de las dificultades que todavía enfrenta a nivel migratorio, la emprendedora sigue adelante con optimismo y determinación.

Sus hijos tienen 23, 19 y 12 años. Los primeros dos han obtenido técnicos en diferentes áreas y apoyan en lo que pueden. Además, todavía viven con Yasmina y se apoyan entre sí con los gastos del hogar.

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Yasmina tiene la esperanza de expandir su negocio y llegar a más personas a través de las redes sociales.

“Los sueños sí se pueden cumplir. Yo, siendo madre nicaragüense, soltera, puedo decir que sí se pueden cumplir. En Nicaragua soñaba con tener mis cosas, mi refrigeradora, todas mis cosas y allá por situaciones económicas me vine para acá y en el transcurso de este tiempo he logrado muchas cosas. He sacado a mis hijos adelante”, remarcó.

Nacionales Migrantes nicaragüenses

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