La oposición venezolana aferrada a la ruta electoral

El viernes 19 de abril la oposición a la dictadura venezolana de Nicolás Maduro logró por fin escoger al candidato que la representará en la elección presidencial del próximo 28 de julio.

La candidata natural de la oposición es o era María Corina Machado, quien en octubre del año pasado obtuvo en una elección primaria opositora más del 90 por ciento de los votos. Además, de acuerdo con las encuestas, ella le ganaría ampliamente la elección al dictador socialista Nicolás Maduro.

Precisamente por eso fue que la dictadura descalificó arbitrariamente la candidatura de María Corina y después se negó a inscribir a la candidata opositora sustituta, Corina Yoris.

Sin embargo, la oposición se ha mantenido aferrada a la alternativa electoral y finalmente escogió al exdiplomático Edmundo González Mendieta, quien no tiene el carisma de María Corina, pero es un opositor confiable y auténtico demócrata.

Igual que las dictaduras de Cuba y Nicaragua, la venezolana es también de  naturaleza  totalitaria y por lo tanto tiene la misma pretensión de mantenerse en el poder para siempre y a como sea. Pero la situación de Venezuela se diferencia de la de Cuba y Nicaragua en que, a pesar de que hay una represión institucionalizada, existen todavía algunos espacios de participación política independiente, inclusive electoral, que la oposición democrática puede y está tratando de aprovechar.

No hay garantías de que las elecciones del próximo 28 julio en Venezuela serán limpias, ni de que el régimen respetará el resultado en el caso que gane la oposición. Pero, habiendo sido descartado el recurso de la violencia en cualquiera de sus formas el terreno electoral es el único donde la oposición puede darle la batalla al régimen.

Además de que durante los 25 años de dictadura bolivariana la oposición ha transitado prácticamente por todos los caminos de la lucha política, pero solo el electoral ha sido exitoso y le permitió obtener una victoria parcial, pero de una poderosa significación.

En efecto, en diciembre de 2015 la oposición ganó la elección de diputados nacionales y obtuvo el control del poder legislativo. Se dio así el raro fenómeno político de una transitoria dualidad de poderes, aunque el poder real de la oposición en el Legislativo era inferior al del Ejecutivo que controla los cuerpos armados y represivos del Estado. Pero en todo caso aquella victorial electoral ha sido hasta ahora el único triunfo político que han podido conseguir las fuerzas democráticas venezolanas.

Se entiende entonces por qué la oposición se aferra a la vía electoral, liderada por la carismática y valiente María Corina Machado. El razonamiento es el de que aunque no hay garantías reales de que las elecciones serán libres y limpias y que el régimen reconocería la victoria de la oposición, lo sensato y realista es participar así sea solo para movilizar a la población desafecta al régimen autoritario y para defender y mantener hasta donde sea posible los precarios espacios de libertad.

La alternativa a la participación electoral es la abstención que traería consigo la pérdida total de los espacios para la acción política. Y en ese caso a la oposición venezolana le pasaría lo mismo que a la de Nicaragua, que fue desaparecida por la fuerza del interior del país, enviada al exilio y ahora limitada a peregrinar internacionalmente pidiendo  solidaridad y sanciones más contundentes contra la dictadura.

Las sanciones causan satisfacción porque son como cachetadas que la comunidad democrática internacional le propina la dictadura. Pero en la práctica nunca han servido para sacar del poder a ninguna dictadura, ni siquiera para moderarlas porque más bien las radicalizan y endurecen más.

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