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El 9 de diciembre de 2021, Adrián Gómez sintió que su mundo se venía abajo. Llevaba dos años viviendo en Taiwán a donde llegó a estudiar Ingeniería Biomédica gracias a una beca otorgada por el gobierno de ese país.
La noche anterior, se había ido a dormir temprano como cualquier día normal, y a las siete de la mañana del día siguiente, una amiga lo llamó llorando.
—¿Qué te pasó? —preguntó Gómez.
—Mirá las noticias.
Nicaragua había roto relaciones con el Gobierno de Taiwán. “En el mundo existe una sola China”, dijo el canciller Denis Moncada. Nicaragua “rompe a partir de hoy las relaciones diplomáticas con Taiwán y deja de tener cualquier contacto o relación oficial”, agregó.
Para Gómez y más de 90 estudiantes nicaragüenses que se encontraban en Taiwán, esa ruptura solamente significaba una cosa: el fin de sus becas de estudios.
Ninguno de los estudiantes lo vio venir. Días antes, incluso se reunieron en la Embajada de Nicaragua en Taiwán para celebrar la Purísima y la entonces embajadora Mirna Rivera les dijo que habría una cena navideña y otras actividades para 24 y 31 de diciembre.
“Yo nunca entendí si eso fue solamente una mampara, si ella estaba enterada de que este rompimiento iba a suceder o si de plano fue tan súbito como se dio”, indica Adrián Gómez.
“Fue un cambio bastante brusco. De un día para otro sentirse tan dejado al aire. Como que nos estuvieran diciendo: ‘Ya no nos importan'», comenta el joven de 24 años, quien tras perder su beca, tuvo que ingeniárselas para poder seguir estudiando en Taiwán y no dejar sus estudios incompletos. Regresar a Nicaragua no era una opción para él, comenta.
Chino mandarín
Adrián Gómez es originario de Managua. Creció en el seno de una familia con raíces norteñas. En su infancia sus padres se preocuparon porque aprendiera inglés y además lo matricularon en cursos de música y deportes.
Su padre es médico y fue él quien lo motivó para estudiar esa carrera en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), aunque a Gómez en realidad no le llamaba mucho la atención.
Desde pequeño él se había interesado por otras cosas como la biología, la química y la bioquímica, pero al bachillerarse se dio cuenta que en Nicaragua no tenía muchas opciones para estudiar algo relacionado con esas disciplinas. “Mi plan era terminar la carrera de Medicina y usarla como puente para estudiar una maestría en Ingeniería Biomédica que es lo que siempre me interesó”, comenta.
Así, en 2018, Gómez ingresó a la UNAN y en diciembre de ese año su padre le habló del programa de becas de Taiwán.
Este programa empezó en 2003 con el propósito de colaborar en la formación de jóvenes profesionales de los “países amigos” de Taiwán. Nicaragua era uno de esos países desde que estableció relaciones en los años noventa, durante la Administración de Violeta Barrios de Chamorro y las cuales se mantuvieron incluso cuando Daniel Ortega regresó al poder en 2007.
Las becas llegaron a convertirse en uno de los programas insignias de las relaciones entre Nicaragua y Taiwán, beneficiando a 478 jóvenes nicaragüenses, según datos oficiales.
Inicialmente, Adrián Gómez no pensó que tendría oportunidad, pero terminó siendo seleccionado y en agosto de 2019 viajó a la isla asiática para cumplir su sueño de convertirse en ingeniero biomédico. La beca le cubría el traslado, los aranceles de la universidad, el alojamiento y manutención.
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El gran obstáculo que tuvo que enfrentar apenas llegó a Taiwán fue el del idioma. Aunque Gómez hablaba un excelente inglés, gran parte de los nativos taiwaneses no, de manera que tuvo que empezar a aprender chino mandarín porque le era muy difícil comunicarse. “Hasta el día de hoy hay lugares a los que voy y me siento desprotegido porque, aunque ya hablo chino, en Taiwán tienen un dialecto que se llama taiwanés y como es nativo, no hay muchos lugares donde lo pueda aprender”, detalla.
En sus primeros meses, en la Universidad Nacional Cheng Kung, Gómez se sentía “inútil” porque no entendía nada de lo que decían sus profesores ni sus compañeros. “Los primeros dos semestres yo llegaba a calentar el asiento. Algunas lecciones estaban en inglés, sin embargo, toda la clase, las preguntas, los ejercicios, eran en chino”, relata.
Mientras estudiaba su carrera, también empezó a aprender el chino mandarín en la Universidad Católica Fu Jen. Para cuando empezó el segundo año ya podía comunicarse mejor y se iba adaptando al ritmo de vida de Taiwán.
Gómez relata que en esta isla hay muchas cosas diferentes a Nicaragua, empezando por el nivel de seguridad, pues las personas pueden salir a altas horas de la noche y no corren riesgo de ser asaltados. También, indica el joven, los taiwaneses son personas muy respetuosas de las normas y el honor individual.
Sin beca
Después de que Nicaragua rompió relaciones diplomáticas con Taiwán y aproximadamente 90 estudiantes se quedaran sin becas, todos los afectados comenzaron a presionar y a preguntar en la embajada nicaragüense qué pasaría con su situación.
Muchos pensaron que, tras la ruptura de relaciones entra ambos países, su situación sería similar a la que vivieron los estudiantes salvadoreños cuando el gobierno de su país rompió relaciones con Taiwán en 2018. El Estado salvadoreño terminó de financiar sus becas y muchos pudieron terminar sus estudios y regresar con su título internacional.
Sin embargo, los días pasaban y los afectados aún no tenían una respuesta de las autoridades nicaragüenses. Gómez cuenta que en 2021 se había formado una Asociación de Estudiantes Nicaragüenses en Taiwán (Asenit) y él era el responsable de la zona sur del país, que es la región en la que vive y estudia.
Desde esa Asociación empezaron a presionar y enviaron cartas a la embajadora nicaragüense, a cancillería y a todo el que pudiera darles una respuesta, pero nadie les decía nada. Poco a poco, relata Gómez, algunos estudiantes dejaron de insistir y se fueron mostrando desinteresados. La razón es que las autoridades nicaragüenses le habían ofrecido a algunos estudiantes moverse a China continental para continuar con sus estudios.
Gómez señala que esto no se lo ofrecieron a todos, sino que fue a los que llegaron de 2020 en adelante, pero a los que habían sido seleccionados en años anteriores, no les dieron ninguna opción. “A mí no me lo ofrecieron y yo estaba terminando el segundo año (de la carrera). Nos dejaron completamente en cero. Se nos descartó. No nos dijeron absolutamente nada”, señala.
Según el joven, fueron unos 60 estudiantes los que finalmente se movieron a China, pero desconoce bajo qué acuerdo. El resto de afectados, unos 30 aproximadamente, quedaron olvidados por la dictadura de Daniel Ortega y tuvieron que buscar opciones por su propia cuenta en un país lejano y desconocido.
El gobierno taiwanés les mantuvo la beca hasta enero de 2022, pero fueron notificados que para febrero ya no contarían con esa ayuda y debían costear por su cuenta sus estudios, su alojamiento, su manutención y todo lo que necesitaran en ese país. La otra opción era regresar a Nicaragua.
“Yo no me iba a ir porque ya tenía mis estudios avanzados, ya había aprendido el idioma, así que me puse a buscar trabajo”, relata Gómez.

Docente
En enero de 2022, el joven se dispuso a trabajar de lo que encontrara. Estaba preparado para trabajar en servicios o algo más que le permitiera seguir estudiando en Taiwán.
Pronto se dio cuenta que en un colegio estaban buscando a un maestro de inglés, así que fue a preguntar y tras pasar el proceso de selección, quedó contratado como profesor de ese idioma para niños.
Con el tiempo y por sus estudios en Ingeniería Biomédica, le dieron la oportunidad de dar clases de Ciencias Naturales, Matemáticas, Física y Química. Eso le ha permitido mejorar sus ingresos económicos y costear sus estudios en Taiwán.
Gómez relata que otros estudiantes tuvieron que regresar a Nicaragua y algunos pudieron encontrar empleo en empresas fabricantes de microchips, en atención al cliente, como saloneros y en otros oficios.
Este 2024, Gómez tiene programado graduarse de su carrera, pero no tiene planes de regresar a Nicaragua porque dice que en el país no tendría en dónde trabajar. “No tenemos todavía el desarrollo tecnológico ni el espíritu de investigación para poder implementar este tipo de carreras”, señala.
Por otro lado, comenta que le gustaría llegar a Nicaragua y ser pionero en su disciplina. Sueña con algún día fundar un centro de investigación biomédica, “pero estamos hablando de un sueño que es casi imposible. Estoy claro que regresar a Nicaragua es tener cero oportunidades laborales”. Después de graduarse como ingeniero biomédico, Gómez quiere estudiar una maestría en Ciencias Naturales y luego un doctorado en Investigación. Su experiencia como docente en Taiwán le ha gustado tanto que aspira a dar clases en su materia algún día.
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