La vocera de la dictadura, Rosario Murillo, reaccionó molesta al recordar el sexto aniversario del inicio de las protestas antigubernamentales y culpó a la Embajada de Estados Unidos en Managua y a la Iglesia católica nicaragüense de haber provocado las manifestaciones.
Este mes de abril, Nicaragua cumple seis años del estallido de las protestas antigubernamentales que dejaron como saldo 355 asesinados, según informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
“Hace seis gloriosos años de triunfo de combate contra las tinieblas, contra el fuego del infierno, contra los tempestades del odio, los sembradores de perfidia. Hace seis años la cizaña y la guadaña pretendían penetrarnos por órdenes expresas de la embajada americana, otras comparsas y sectores de la Iglesia católica, de sectores de empresarios cobardes y de los heraldos negros que solo querían y presagiaban muerte, destrucción», dijo Murillo.
La vocera de la dictadura añadió que estas acciones fueron «por perversión, envidia, celos, egoísmo, avaricia y por representar a los mismos traidores que vendieron la patria y cumplieron misiones de serviles lacayos”.
Murillo se refirió a los que, según ella, manipularon mensajes bíblicos, calificándolos de estar marcados por «la estupidez de sus propias cobardías», en clara referencia a religiosos críticos a la dictadura.
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“Hace seis años iniciaban el asedio, el acoso, con campanas que no sonaban a fiesta, sino a muertes, asesinatos, torturas, barbarie, dolor (…) Son campanas de decadencia entonces y clamaban como vampiros por sangre, con la saña de los que esconden veneno detrás de la manipulación de los mensajes bíblicos y la estupidez de sus propias cobardías. Los hijos de satanás se quitaban la máscara de buena gente», dijo la vocera de la dictadura.
Le da vuelta a la historia
Murillo se refirió a los despojados de su nacionalidad y excarcelados políticos, haciendo alarde de que «se fueron y se siguen yendo los cuantitos puchos decrépitos y disminuidos que por ahí suenan y no pudieron ni podrán».
«Vimos la flagrante violación de todos nuestros derechos a manos de torturadores barbáricos que llenaron las redes, las llamadas redes sociales, de mensajes falsos, de escenarios ficticios, manipulación y rebelión. Esos torturadores que hacían lujo y se sentían orgullosos de torturar en vivo, de sacar ojos, de hacer burlas criminales de los compañeros y las familias inocentes», refirió Murillo.
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Además, tildó de «basura» a los desnacionalizados, desterrados, excarcelados y opositores a la dictadura.
“Ellos son la basura que pertenece al estercolero de la memoria. Allá donde están, donde nadie les escucha, donde viven mendigando, donde añoran estas tierras benditas que no les pertenecen, donde siguen jugando a la guerra mediática, donde no son nadie e insignificantes chingastes. Los apátridas: respeten nuestras banderas que no son suyas”, renegó.