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Hablar con las manos y con el corazón

Un deber del comunicador social es aprender a transmitir mensajes de diferentes maneras posibles. Hemos explorado y evolucionado en formatos como prensa, radio, televisión, podcast y multimedia.

Muchos comunicadores que tengo el placer de conocer, manejan el inglés a un nivel que parece que fuera su lengua natal, no como el mío que lo aprendí como las artes marciales: para defensa propia, pero me funciona para entender, darme a entender y claro, leer literatura en inglés, al menos lo básico.

Esta semana en redes sociales una publicidad llamó mi atención y me dispuse a aprender, no un idioma, sino un lenguaje, el lenguaje de señas y mi cabeza, que siempre ha tenido esa capacidad, pensaba en tres o cuatros cosas posibles a la vez. Pensé en lo importante de desarrollar contenido multimedia que incluya el lenguaje de señas, en lo bonito que sería poder hacer cuentos infantiles en video con alguien haciendo el lenguaje de señas, en fin, si algo he aprendido es que el cielo es el límite.

Siempre he creído que compartir las ideas no es “causar” que te las roben, al contrario, si alguien se anima a hacer esas cosas antes que yo, por favor me invitan.

Lo que me llamó más la atención es que, aunque siempre he tenido habilidades con las manos, gracias a una buena educación en casa trabajando la motora fina y desarrollando mi pasión por escribir en máquinas de escribir mecánicas, antes de que surgieran las eléctricas, que eliminaron el problema de que se colaran los dedos en los espacios entre las teclas, no había llegado a hablar con ellas y transmitir mensajes con movimientos sencillos me pareció simplemente hermoso.

Escuchar a personas que decían que estaban en la clase para aprender porque trabajaban en restaurantes o cuidaban personas con discapacidad y querían comunicarse, me dio un poco de pena al saber que era la única comunicadora tomando una lección que debimos tomar todos los que desarrollamos contenidos.

Este sentimiento de querer comunicarme con otro lenguaje es similar al que tengo de querer comunicarme en otro idioma, no el inglés, sino el miskito. Creo que todo nicaragüense antes de aprender inglés debería conocer las lenguas indígenas de su país.

Mi primer contacto con el lenguaje de señas fue en la escuela de Educación Especial Melania Morales, cuando hacía trabajos periodísticos y aunque aprendí algunas palabras no llegaba a formar frases completas.

Muchos creen que aprender el abecedario del lenguaje de señas es suficiente para poder tener una comunicación, pero es increíble cómo se deja para deletrear lo mínimo como los nombres y el resto se hace con señas que son reconocidas en varios países de Centroamérica.

Siempre animo a los comunicadores a aprender cosas nuevas y al ser formada por los jesuitas en el colegio y la universidad, además de haber nacido el día de San Ignacio de Loyola, les recuerdo que todo lo que aprendan debe ser puesto al servicio de los demás. Nuestros talentos profesionales no deben de alejarse del “en todo amar y servir”.

Hablar con las manos es algo tan hermoso y saber que hay miles de personas con las que puedo comunicarme de esa forma me hace creer que también se trata de hablar con el corazón.

No esperemos que algo pase para tener que explorar otras formas de comunicarnos, aprendamos a hablar con niños, niñas, adultos mayores, personas con discapacidad, con todos y todas. Si nos esforzamos en conocer a la “juventud” por ser nuestra audiencia recordemos que hay más audiencia esperando por nosotros.

Finalmente quiero decir que no se aprende un idioma, ni el lenguaje de señas de la noche a la mañana. Yo inicié un viaje que según me dicen tiene más de seis niveles. Pero hay que ir celebrando cada logro y pensando en lo bonito que es decir algo en diferentes maneras.

Recuerdo que alguna vez le dije a alguien que aprendiéramos a decir te amo de diferentes formas: te amo, en español; I love you, en inglés; Je t’aime, en francés; Ni mitz tlazohtla, en náhuatl, y gracias a Google, lamtuan sna, en miskito.

Para decirlo en lenguaje de señas es parecido a la seña de los roqueros, con el índice, el meñique y en  este caso el pulgar levantados y los otros dos acostados, siempre mostrando de frente la palma de la mano.

Como en ese caso, lo más importante es saber qué mensajes queremos transmitir, en qué idioma o lenguaje y querer llegar a una audiencia en específico. Miles de personas espetan que les hablemos con las manos, pero estoy segura que cuando aprendamos a hacerlo podremos también hablarles con el corazón.

La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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