Ayudemos a que se le haga justicia a un nicaragüense en California

El 23 de diciembre de 1999, una mala maniobra observada por una patrulla de policía en la ciudad de Los Ángeles, California, se convirtió en una pesadilla para cuatro jóvenes al intentar huir y evitar dicha infracción. En el vehículo viajaban un nicaragüense, un hondureño y dos afroamericanos.

Según me cuenta el padre del joven nicaragüense, uno de los jóvenes afroamericanos acababa de salir de prisión y portaba un arma de forma ilegal y urgió a su hijo a no detenerse por temor a que le encontraran el arma, eso dio lugar a una persecución y que uno de los afroamericanos tuviera la pésima idea de dispararle a la policía.

En el intercambio de disparos y después de un aparatoso accidente resultó muerto por las balas disparadas por la policía uno de los jóvenes de raza negra. Como era de esperar, los tres sobrevivientes fueron llevados a juicio y dos de ellos dejados en libertad luego de un acuerdo con las autoridades. Solamente el joven nicaragüense fue sentenciado a cadena perpetua, de eso hace ya más de veinte años.

Posteriormente por diligencias de los familiares, se abrió nuevamente la causa y en esa ocasión se demostró que el joven Paul Moreno iba al volante conduciendo el automóvil, por lo que era imposible que hubiese disparado contra las patrullas de policías que los perseguían, hecho que al quedar demostrado terminó quitándole la acusación de atentar contra la vida de los oficiales de policía.

Según me comenta mi amigo Tirso Moreno, padre del joven nicaragüense y quien  dicho sea de paso en Nicaragua es considerado por una buena parte de nuestros compatriotas como un héroe nacional por su destacada participación en la lucha que libramos los nicaragüenses en la década de los ochenta, en que fue conocido como “comandante Rigoberto”.

Pero vuelvo con la narración de cómo un joven al que le han desechado el principal delito que era el de disparar contra los oficiales de policía sigue actualmente en la cárcel cumpliendo la condena que le fue impuesta en la primera sentencia. He querido poner mi granito de arena aprovechando la oportunidad que me brinda LA PRENSA de exponer este caso, el que tengo la intención de hacer del conocimiento de senadores y congresistas, los que podrían apoyar a la familia y grupos de la sociedad que desde hace rato están abogando para que el joven Paul Moreno sea excarcelado, pues el error de juventud cometido hace más de veinte años ha sido pagado con creces a la sociedad. No omito expresarles que durante todo este tiempo lo ha aprovechado para graduarse de dos profesiones, además ha mantenido una excelente conducta en los centros de detención en donde ha estado.

El próximo 22 de marzo de este 2024, a petición de familiares y grupos de la sociedad de Los Ángeles Paul tendrá una nueva audiencia en donde se espera que el juez tome en consideración los resultados de las audiencias anteriores y permita que salga en libertad, ya sea deportándolo o permitiéndole quedarse en los Estados Unidos con su esposa quien es ciudadana americana. Esto sería hacer justicia con Paul pues ha quedado demostrado que él jamás disparó ni puso en peligro la vida de los oficiales de policía.

Quiera Dios que las autoridades de Los Ángeles, California, se hagan eco de esta petición de familiares y grupos de la sociedad civil de ese estado y pongan en libertad a Paul Moreno quien hoy es un hombre de más de cuarenta años que como dije anteriormente tiene dos títulos universitarios, para que pueda rehacer su vida al lado de los suyos. No omito hacer del conocimiento de los lectores, que el hermano menor de Paul, David Rafael Moreno, es un veterano de dos guerras, Irak y Afganistán, en donde defendió los valores que han hecho grande a los Estados Unidos de Norteamérica.

Para finalizar quiero referirme a una ley impulsada por Barack Obama en tiempos de su presidencia. En ese momento dijo lo siguiente: “Sin lugar a dudas, los que violan la ley deben de rendir cuentas y hay delincuentes tan peligrosos que deberían de estar en la cárcel por un tiempo muy largo. Pero tenemos que asegurarnos de que existe un sentido de proporcionalidad. El castigo debe ser proporcional al delito”, afirmó.

El autor es analista político y directivo nacional de las Fuerzas de Veteranos de Guerra de la Resistencia Nicaragüense.

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