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Denis Sáenz y Lilliam Miranda. ARTE DE LUIS GONZÁLEZ

Historia del nicaragüense que murió como esclavo en España

Denis y Lilliam, un matrimonio camoapeño, migró en busca de recursos para sus dos hijos. Hoy, él está muerto, tras intoxicarse en un lugar en el que trabajan bajo condiciones de esclavitud laboral

Fue Lilliam María Miranda quien incitó a su esposo Denis Sáenz a que se fueran a buscar mejor vida a España, pues la vida en Camoapa, Boaco, se les había puesto difícil económicamente, pasando dificultades para criar a sus dos hijos, de 8 y 7 años de edad.

Se fue primero ella, en septiembre de 2023. Su hijo mayor la mandó a traer y también la apoyaron unas hermanas que viven desde hace tiempo en el país ibérico.

Él se fue un mes después. Vendió cerdos y gallinas y prestó dinero para costear el pasaje y otros gastos. Lilliam también le ayudó porque, en su primer mes en España, trabajó cuidando a un anciano.

Casi cuatro meses después, el pasado 9 de febrero, Lilliam perdió a su marido, al padre de sus hijos menores, cuando, trabajando en una casa rural, en las afueras de la ciudad de Lorca, en la región de Murcia, se intoxicaron con monóxido de carbono tras encender una planta generadora de electricidad a base de gasolina, en un pequeño cuarto en el que también dormían.

Denis Antonio Sáenz, fallecido en Murcia, España, en un accidente cuando trabajaba bajo condiciones de esclavitud laboral.

Ahora, su esposo está en una morgue del hospital de Lorca y ella está sin empleo, todavía convaleciente por la intoxicación que la llevó a estar 11 días hospitalizada.

La muerte de Denis destapó un caso de esclavitud laboral, pues la “patrona”, a como Lilliam le llama, una ecuatoriana de nombre María, los mantenía trabajando casi permanentemente, solo descansaban para comer y dormir.

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Además, las condiciones del lugar en el que residían eran deplorables, sin agua, sin electricidad, sin letrina, soportando mucho frío y sin un vehículo para viajar a la ciudad por cualquier emergencia.

Lilliam está pidiendo ayuda para repatriar el cuerpo de su esposo, pero, muy a su pesar, no se vendrá con él a Nicaragua. “Debo trabajar aquí en España para mis hijos”, le dice a la Revista DOMINGO de La Prensa.

La vida en Camoapa

Lilliam tiene 42 años de edad y su esposo tenía 35. Se conocieron en Camoapa hace 12 años, cuando ella ya tenía un hijo de su primer matrimonio.

“Nos juntamos normal”, cuenta, y añade que procrearon dos hijos, Guadalupe, actualmente de 8 años de edad y Denis Santiago, de 7.

Su esposo Denis sabía albañilería, ebanistería, carpintería, fontanería, electricidad. “Trabajaba de lo que le saliera”, dice Lilliam.

Y, aunque ella era realmente ama de casa, en muchas ocasiones se fue a trabajar con él como ayudante. Por eso, cuando llegaron a España, y Denis fue contratado para construir una casa y un gallinero, ella estaba con él como su ayudante.

En la casa, en Camoapa, Denis había puesto un taller de ebanistería, en el que elaboraba muebles, pero no había mucha entrada de dinero.

Cuando las cosas se pusieron difíciles, porque no había mucho trabajo y la comida cada vez más cara en Camoapa —refiere Lilliam— ella le propuso a su esposo que se fueran a España, después de haber hablado con su hijo y sus hermanas que ya tienen tiempo de vivir en el país europeo.

Denis aceptó. “Me voy con vos”, le dijo. “Nos queríamos mucho. Él era muy tranquilo”, dice Lilliam.

A la niña la dejaron con los padres de él, en la comunidad Mombachito número Uno, en Camoapa, donde estudia segundo grado en la escuela de la zona. Al niño lo dejaron donde una hermana de ella, pero no está estudiando porque “la escuela queda largo y no hay quién lo vaya a dejar y a traer”, explica Lilliam.

En busca de un empleo

Ya en España, Lilliam trabajó solo un mes cuidando a un anciano, pero, cuando su esposo Denis llegó, ella se quedó sin ese trabajo. Tuvieron que ir a vivir donde una prima de ella.

Un día, en diciembre pasado, salieron a caminar por las calles de la ciudad de Lorca, no a pasear, sino a buscar empleo y así se encontraron con un señor que les dio el número de teléfono de una mujer ecuatoriana que tiene más de 20 años de vivir en España y que ha hecho dinero, a la que solo identifican como María.

La prima de Lilliam explica que Migración de Murcia no molesta mucho a los migrantes ilegales, pero lo que sí es difícil es encontrar un empleo bien remunerado y los indocumentados casi siempre se quedan con el primer trabajo que encuentran, aunque no sea favorable.

En el caso de Lilliam y Denis, ya estaban tramitando “un resguardo”, una figura legal que les permite trabajar sin problemas, pero tuvieron que aceptar el trabajo que les ofreció María: construir una casa, un chiquero y un gallinero en una finca en las afueras de Lorca, a 25 minutos en vehículo de la casa de la prima.

En la finca, María los puso a dormir en una casa vieja, de zinc, en la que solo había una cocina, pero no había luz, agua, letrina y tampoco tenían vehículo disponible para viajar a la ciudad.

Lilliam María Miranda, cuando habló con medios españoles sobre la muerte de su esposo Denis Sáenz. LA PRENSA/ TOMADA DE ELDIARIO.ES

Como Lilliam y Denis no podían viajar diario a la casa de su prima, María les ofreció quedarse en esa casa vieja de zinc para que así pudieran levantarse temprano a trabajar y también acostarse noche trabajando.

Otra responsabilidad que les endilgó fue cuidar los animales que había en la finca, como cerdos, gallinas, gatos, perros, y ocas. Todo por 250 euros cada uno en la semana. Es decir, al mes solo les pagó 1,000 euros a cada uno, un sueldo que la prima de Lilliam considera “muy bajo” y más por todo lo que hacía el matrimonio en la finca.

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El matrimonio cerró los dos meses trabajando en el lugar, pero Denis no estaba bien, quería encontrar otro empleo.

“Ellos estaban tristes. Aguantaban mucho frío y pasaban apuros, porque debían comprar hasta el agua. En esa casa no había nada. Querían otro trabajo, pero los ilegales aquí agarran cualquier trabajo”, indica la prima de Lilliam.

El trágico día

El día que ocurrieron los hechos fue un jueves, el 8 de febrero pasado. Lilliam y Denis no trabajaron porque fueron a Lorca adonde un abogado al que solo llaman Manuel, a dejarle 100 euros para que les agilizara el “resguardo” con el que podían encontrar un empleo formal.

Fue María quien los llevó y, luego, a las 3:00 de la tarde, los recogió para llevarlos de nuevo a la casa rural donde trabajaban.

Cuando regresaron a la finca, Denis quería trabajar, pero Lilliam no. Eran las 3:30 de la tarde y ella sentía dolor de cabeza. Denis se puso a trabajar solo, mientras ella hablaba por teléfono con la hermana que le cuida a su hijo menor en Camoapa.

Cerca de las 8:00 de la noche, Lilliam quiso cargar el teléfono celular, porque lo usó mucho y tenía la batería totalmente descargada. También quería cargar una lámpara para cuando se levantaran en la madrugada a orinar.

Le pidió a Denis que encendiera la planta eléctrica, a base de gasolina, con la que ponen a funcionar la mezcladora de cemento.

Tras encender la planta, Denis se acostó y Lilliam se quedó esperando a que cargaran los dos aparatos. Las dos puertas del pequeño cuarto estaban cerradas. No entraba ventilación.

“Al rato, apagué la planta, y me fui a acostar con mareo y dolor de cabeza. Sentí que comencé a enloquecer. Se me voltearon los ojos bien horrible”, relata Lilliam.

“Ay Denis, hoy me muero, no sé qué tengo, qué raro esto”, le dijo a su esposo.

Luego, ella vio cuando el marido cayó “redondito” al suelo.

“Denis, ¿qué te pasa?”, le preguntó. “No aguanto el dolor de cabeza”, le respondió el hombre.

En el cuarto no tenían ningún tipo de medicamento, por lo que Denis se untó gasolina en los sentidos, porque les habían dicho que la gasolina era buena para el dolor de cabeza.

“No teníamos ni Zepol”, cuenta Lilliam.

Al rato, los dos comenzaron a vomitar mucho.

“Ya después no me acuerdo qué pasó”, refiere la mujer.

Al día siguiente, 9 de febrero, cerca de las 11:00 de la mañana, llegó la ecuatoriana María a buscarlos. Les golpeó fuerte las puertas y los llamó a gritos por sus nombres. “Lilliam. Denis”, les gritaba la mujer, sin escuchar respuesta.

María procedió a romper un trozo de vidrio de una de las puertas, abrió y se encontró con Denis y Lilliam sin señas de vida. Pero, solo Denis estaba muerto.

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La ecuatoriana llamó desesperadamente a una ambulancia y los socorristas, al llegar, ordenaron que les echaran agua a los cuerpos. Solo Lilliam reaccionó, pero a los varios minutos.

La ambulancia —le contaron después— los trasladó casi “volando” al hospital, donde a Lilliam le pusieron oxígeno, pero por Denis no había nada que hacer. “Dios no quiso que yo me muriera, por mis niños, para que no se quedaran totalmente motos”, dice Lilliam ahora.

Un despertar doloroso

A la 1:00 de la tarde del pasado 10 de febrero, Lilliam abrió los ojos y lo primero que vio fue cortinas blancas. No lo sabía en ese momento, pero estaba en el hospital de Lorca.

“¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí?”, preguntaba, pero las enfermeras no le respondían. Una de ellas, después de tanta insistencia de Lilliam, le dijo: “A usted la trajeron más muerta que viva”.

Entrada al hospital de Lorca.

Luego, Lilliam notó que su esposo no llegaba a verla. “Debe andar trabajando y seguro que viene en la noche”, pensaba. Les preguntaba a las enfermeras por él, pero, igual, no le respondían.

Hasta que una enfermera le dijo: “Lo siento, pero su marido falleció”.

Lilliam no hallaba qué hacer. “Es mentira”, gritaba inútilmente.

Esclavitud laboral

“La situación en Nicaragua está muy dura. Entonces vinimos aquí mi marido y yo para darle una manutención a nuestros hijos”, dijo Lilliam después de salir del hospital, durante una rueda de prensa en la que un sindicato murciano denunció que Denis Sáenz había muerto por intoxicación en un lugar donde trabajaba bajo condiciones de esclavitud laboral.

La muerte de Denis Sáenz “tiene que ver directamente con las condiciones en las que se desarrollaba el trabajo y en las que residían estas dos personas”, denunció en la rueda de prensa Víctor Romera, secretario de Empleo de CCOO Región de Murcia, según publicó el medio español elDiario.es

Era una situación “completamente precaria”, ya no por el hecho de que carecieran de contrato y de alta en la seguridad social, “sino porque estaban desarrollando su trabajo sin las más mínimas condiciones de seguridad y salud”, dijo Romera.

Se quedará en España

Mientras Lilliam aún se recupera de la intoxicación, su esposo Denis está en una morgue, a la espera de que se le repatrie a Nicaragua.

“Yo no me voy. Tengo que trabajar aquí. No puedo irme ahí nomás”, dice Lilliam a la Revista DOMINGO.

Sus hijos están en Nicaragua y ella necesita enviarles dinero y también recoger otro tanto para construir su casa en Camoapa, explica.

La Prensa Domingo

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COMENTARIOS

  1. Hace 1 mes

    Simple y llanamente, En ninguna parte del mundo se prende algo para que genere monoxido de carbono y es mala idea irse a dormir dentro de un vehiculo por que los gases se filtran dentro del vehiculo y en cuestion de minutos palmarla, q.d.e.p Denis.

  2. Hace 1 mes

    Esto es lo que no comprendo. El Frente Sandinista criminal les prometió a toda estas gentes eliminar la pobreza. Llevan 44 años gobernando Nicaragua y existe pobreza peor de la que existía anterior a ellos. Es peor porque en la epoca del Somocismo nunca existieron estas migraciones masivas hacía el exterior. Había una clase media fuerte durante el Somocismo y oportunidades para que la gente surgiera de la pobreza. El Partido Liberal de los Somozas les construyó escuelas e institutos públicos por toda la nación para que tuvieran oportunidades ya que solo puedes surgir a través de la educación. En fin, pobres siempre han existido y existiran en el futuro. La pobreza nunca va a ser eliminada. Así que no se dejen llevar por los cantos de sirena de la extrema y moderada izquierda. En conclusion, permanece en tu país puesto que la ambición material muchas veces, como en este caso, puede resultar fatídica para tu famillia.

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