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La iglesia donde Vilma Trujillo fue torturada y finalmente quemada viva.

Fanatismo religioso en Nicaragua: una historia de exorcismos, estafas y muerte

Una joven quemada viva y otra desenterrada; un niño anémico “endemoniado”, más de 200 pastores muertos por covid-19 y un campamento con 650 personas hacinadas en espera del “rapto”. Estos casos son muestra de lo peligroso que puede ser el fanatismo religioso.

La libertad de culto es un derecho de todos los nicaragüenses. Eso no está en discusión. Sin embargo, todo fanatismo es negativo y más cuando es absoluto. Nicaragua ha pagado con creces las consecuencias del fanatismo político, pero también se han visto terribles casos de fanatismo religioso en los lugares más remotos del país.

Un video que se viralizó en redes sociales muestra el momento en que el niño es “exorcizado” en plena calle.

Niño “endemoniado” 

En mayo de 2017 medios nacionales reportaron que un niño había sido secuestrado en el hospital de Rosita, Región Autónoma de la Costa Caribe Norte, por su padre y un grupo de religiosos evangélicos. Según el director del centro, el menor presentaba anemia profunda y requería atención especializada en Hematología en Managua; pero las personas que lo extrajeron del hospital tenían otra opinión: creían que estaba poseído por un ente espiritual.

En redes sociales circuló el video donde se observa al niño en una calle del pueblo, aparentemente convulsionando, rodeado por al menos ocho personas adultas que ordenan “en el nombre de Jesús” la salida del demonio. 

“Lo que ahí pasó es que el niño se oponía a ser llevado a la iglesia por un grupo de evangélicos que tuvieron una revelación donde se les decía que estaba endemoniado y por eso había que sacarlo del hospital y llevarlo a la iglesia para sacarle el demonio”, dijo una fuente citada por LA PRENSA.

“Los demonios son ellos que quieren torturar al niño. Con solo llevárselo en contra de su voluntad es considerado un secuestro y por eso merecen la cárcel”, expresó el doctor Santos Reyes, de Rosita, al conocerse el caso. 

Un par de días después, el pastor de la iglesia Dios es Amor, Anastasio Paredes, dio su versión de los hechos, asegurando que el propio niño se había escapado del hospital. 

“No lo secuestramos. (Al contrario), le damos gracias al Señor que este niño no se desangró en el camino. Un grupo de hermanos se encontraron a este niño, oramos por él y se fue completamente sano”, dijo Paredes a un medio local. “El papá del menor dice que el niño se escapó. ¿Adónde estaban las autoridades del hospital? ¿Adónde estaban los médicos, las enfermeras en ese momento?”, cuestionó. 

Haya sido por negligencia del hospital o por secuestro religioso, lo cierto es que el niño terminó en medio de una sesión callejera de exorcismo. Se desconoce qué sucedió con su salud.

Unas 650 personas esperaban el “rapto” en una remota comunidad de Chinandega.

A la espera del “rapto”

En 2015 fue noticia internacional. Unas 650 personas procedentes de distintos departamentos de Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala lo habían abandonado todo y vivían precariamente en un campamento de Chinandega, a la espera del “rapto divino” o “arrebatamiento”. 

La congregación se hacía llamar “El cuerpo místico de Cristo” y era encabezada por el “siervo” Francisco Javier Sánchez, un zapatero leonés convertido en profeta, a quien sus seguidores entregaban el dinero de la venta de sus propiedades para que dispusiera de él como estimara conveniente. 

En el campamento “Futuro Hogar”, ubicado en la remota Venecia, municipio de El Viejo, vivían 311 menores de edad descalzos, hacinados y sin posibilidad de asistir a la escuela o recibir atención médica, pues sus padres solo creían en la sanación otorgada por Jesús. Cuando al lugar llegaron autoridades para supervisar las condiciones del asentamiento, encontraron niños con varicela, sarampión y piojos, además de desnutrición. 

Ese año un equipo de El Nuevo Diario ingresó al campamento y constató su precariedad e insalubridad. La periodista Carol Munguía describió a la BBC Mundo cómo los pastores que lideraban la comunidad residían en viviendas de bloques, con computadoras y acceso a internet, mientras que los demás debían conformarse con chozas hechas de palmas, plásticos y tablas y dormían en hamacas. 

En octubre de 2015 la Policía detuvo a ocho de los líderes de la agrupación. El 15 de febrero de 2016 una jueza los condenó a seis años de prisión y 500 días de multa por los delitos de tráfico ilegal de migrantes, construcción en lugares prohibidos y abandono de personas. No obstante, para muchos de sus seguidores la condena solo fue una señal más de que el “rapto” estaba cerca. 

Acusados por el asesinato de Trujillo. De izquierda a derecha: Esneyda Orozco, Tomasa Rocha, Franklin Jarquín, Pedro Rocha y Juan Gregorio Rocha, el pastor.

Vilma Trujillo, una historia de terror 

Los hechos ocurrieron el 21 de febrero de 2017 en la comunidad de El Cortezal, a 40 kilómetros de Rosita, en el Caribe Norte de Nicaragua. Vilma Trujillo, de 25 años, fue quemada viva en una hoguera, durante un rito para supuestamente “sacarle un demonio”.

Antes de decidir su suerte, sus victimarios la retuvieron contra su voluntad, desde el 15 de febrero, en la iglesia Visión Celestial de las Asambleas de Dios, situada en la misma comunidad y constituida por dos casonas de madera. 

Durante los seis días que duró su secuestro la ataron de pies y manos, amarrada a una hamaca de la casa pastoral, donde la sometieron a ayunos forzados y sesiones de garrotazos. A la cabeza de estas brutales prácticas estaban cuatro miembros de la iglesia, incluido el pastor, un muchacho de entonces 23 años llamado Juan Gregorio Rocha Romero. 

Fue él quien ofreció “ayuda” para Vilma cuando se enteró de su estado psicológico, por el que su esposo creía que había sido “embrujada” por parientes del hombre que tiempo atrás abusó sexualmente de ella. Antes de ser quemada viva, la joven se hallaba deprimida y meditabunda, lloraba sin razón y a veces decía “cosas raras”, como que estaba embarazada de “una serpiente”, señalaría después su tía Ángela García, testigo en el juicio por asesinato. 

Mientras la torturaban, Vilma lloraba y pedía a gritos que la dejaran ver a sus hijos, un varón de 5 años y una niña de 2. Decía que se quería ir de ahí porque la iban a matar. Y tenía razón. Su hermana, una adolescente de 13 años, fue testigo de su cautiverio, pero no estaba presente cuando finalmente la asesinaron. 

Un día la diaconisa Esneyda Orozco anunció que había tenido una “revelación” divina. Debían hacer una fogata en el patio de la iglesia y llevar hasta ahí a la “enferma” para que vomitara al “demonio”.  

Cerca de la 1:00 de la mañana del 21 de febrero, el líder del templo reunió a sus feligreses. Algunos se quedaron orando en la casona y una docena lo acompañó al patio, donde amarraron a la víctima. Tomasa Rocha Romero, hermana del pastor, recogió la leña y encendió el fuego. 

A eso de las 5:00 de la mañana, luego de muchas oraciones, Vilma fue lanzada a la hoguera y terminó con un 80 por ciento de su cuerpo quemado. Miguel Ramos Zamora, uno de los presentes, se conmovió al verla retorcerse gritando y la rescató de las llamas. “Vilma buscaba cómo salir del fuego. Tenía atadas las manos. La piel roja. Estaba quemada la ropa. No tuve más fuerza por lo que sentí por ella. Me puse a orar y a llorar por la desgracia. Solo yo la saqué del fuego. (Los demás) la dejaron ahí”, relató en el juicio. 

La joven miccionaba sangre y tenía la piel hecha jirones, con quemaduras de segundo y tercer grado en el tórax, piernas, brazos, manos y pies. Murió siete días después, a las 4:22 de la mañana del 28 de febrero, en un hospital de Managua. A comienzos de mayo cinco miembros de la congregación fueron declarados culpables por su asesinato. 

El pastor, sus hermanos Pedro y Tomasa Rocha Romero, y su cuñado Franklin Jarquín recibieron condenas de 36 años de cárcel por asesinato y secuestro simple. Esneyda Orozo, la mujer que recibió la “revelación”, fue condenada a 30 años de encierro, pues no la hallaron culpable por el delito de secuestro simple. 

El funeral de Vilma se realizó en otra comunidad y bajo supuestas amenazas de muerte contra su familia, por parte de parientes y seguidores del pastor “exorcista”. 

Una joven de 24 años fue desenterrada porque su familia sospechaba que seguía viva. Fotografía tomada de redes sociales.

En busca de un milagro 

La noticia apareció en medios de toda Latinoamérica. Una mujer de 24 años fue desenterrada porque sus parientes creían que podía seguir con vida. El hecho tuvo lugar en una comunidad cercana al río Coco, en el municipio de Waspam, Caribe Norte de Nicaragua. 

María Isabel López Francis, protagonista del suceso, murió el 12 de febrero de este año, en el Hospital Nuevo Amanecer del municipio de Bilwi. Ese mismo día fue sepultada en el cementerio municipal de Waspam, pero el 15 de febrero sus parientes decidieron exhumarla, tras recibir una supuesta llamada telefónica de alguien que aseguraba que la joven estaba viva. 

Llevaron el cuerpo de regreso a casa, en la comunidad de Saklin, donde lo velaron día y noche en espera de un milagro. Ni siquiera confiaron en el médico que revisó el cuerpo y declaró que la muchacha estaba muerta. Confiaron más en el “sudor” y las “lágrimas” que salían del cadáver. 

A los cuatro días, cuando se hizo evidente el estado de descomposición del cuerpo, volvieron a sepultarlo, en la misma tumba y con el mismo ataúd de la primera vez.

En 2006 hubo pánico en Bilwi, cuando unos pastores anunciaron el fin del mundo.

Pánico en Bilwi

En mayo de 2006, un grupo de pastores sembró el pánico entre los estudiantes de la ciudad de Bilwi, en el Caribe Norte nicaragüense. La razón fue que, durante servicios religiosos celebrados en colegios de primaria y secundaria, aseguraron que el fin del mundo ocurriría el 6 de junio de ese año. 

La “prueba” irrefutable de que la especie humana había llegado a su término era que en esa fecha se juntarían los tres 6, por el mes, el día y el año. Es decir, 666, “el número de la Bestia”. 

Estudiantes asustados recurrieron al Diario LA PRENSA para denunciar a los pastores, que también habían logrado preocupar a algunos comunitarios adultos, pues su profecía coincidía con la que divulgaba una página web. 

“El pastor dijo que habrá tres días de oscuridad y ese será el inicio del fin de la humanidad”, dijo un adolescente. En aquel momento LA PRENSA solicitó la opinión del sacerdote católico Flavio Murillo, quien expresó que esas creencias han surgido en toda la historia de la humanidad, pero que ni siquiera Jesús sabe cuándo será el fin del mundo, pues cuando se lo consultaron dijo: “Nadie sabe ni el día ni la hora, ni los ángeles ni yo”. 

Pastores víctimas del covid 

Durante la pandemia de covid-19, muchas iglesias evangélicas de Nicaragua se negaron a cerrar sus puertas, por lo que los feligreses continuaron aglomerándose en sus templos, desoyendo las principales recomendaciones para prevenir el contagio del virus. Esto fue visto con gran preocupación por expertos del sector salud y causó la muerte de más de 200 pastores en el país. 

“Hemos tenido no menos de 200 decesos desde que comenzó la pandemia, la gran mayoría son de la denominación más grande del país, estamos hablando de la Asamblea de Dios. Existe un concepto errado de la fe, porque una cosa es tener fe en Dios porque sabemos que es nuestro sanador, pero también Dios nos ha dado el entendimiento para saber lo que es bueno y malo”, admitió el reverendo Norman Marenco López, del Consejo Nacional de Pastores Evangélicos de Nicaragua (CNPEN), en agosto de 2021. 

Se desconoce el número de feligreses que se contagiaron del virus en una iglesia.

La Prensa Domingo

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COMENTARIOS

  1. Hace 3 meses

    Los seres humanos somos superticiosos además de gregarios. La gente del campo es blanco fácil de los lobos disfrazados de ovejas. Hay que digerir despacio cualquier información que nos den, no aceptar como verdad lo primero que nos digan. La mayoría de los humanos necesitamos un guía, un camino, somos presa fácil. Hay que documentarse de manera personal. Estos casos se ven también en los países del primer mundo (potencias económicas)

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