Este lunes 4 de marzo se han cumplido 41 años de la primera de las dos visitas que hizo a Nicaragua el papa Juan Pablo II, quien en 2014 fuera canonizado (santificado) por el papa Francisco.
Aquella visita fue de un solo día, el 4 de marzo de 1983, durante el cual el santo padre ofició dos mismas campales multitudinarias, una en León y otra en Managua que fue la principal actividad pública de su misión pastoral.
Juan Pablo II conocía el oprobio y la atrocidad de una dictadura comunista, pues la sufrió personalmente en su Polonia natal, donde fue impuesto por el Ejército de la Unión Soviética. Su posición pública anticomunista era conocida de manera que había mucha expectación por el mensaje que traería a Nicaragua donde y cuando la Revolución Sandinista de orientación marxista estaba en la plenitud de su furor.
En realidad, la Revolución Sandinista se desarrollaba en aquella etapa bajo las inspiraciones ideológicas simultáneas del marxismo-leninismo y la teología de la liberación que predicaba una denominada iglesia popular confrontada con la Iglesia católica tradicional. El régimen sandinista hostilizaba a la Iglesia católica de Nicaragua y cuando vino el papa Juan Pablo II adornó la plaza de Managua, donde se realizaría su principal presentación, con gigantescos retratos de Carlos Marx y Vladímir Ilich Lenin, junto a los de Augusto C. Sandino y Carlos Fonseca Amador.
Los organizadores del evento religioso popular lo dispusieron todo para que las masas sandinistas acudieran masivamente, mientras limitó la asistencia de los católicos fieles a la Iglesia. Y cuando el papa pronunciaba su homilía era interrumpido ruidosamente por la multitud de sandinistas vociferantes. El papa impuso el silencio con su tono enérgico de voz, pero la misa terminó de manera desordenada entre las consignas de los comandantes y sus partidarios, mientras sonaba el himno del Frente Sandinista.
Juan Pablo II volvió a Nicaragua 13 años después, el 7 de febrero de 1996, pero entonces la situación del país era muy diferente, gobernado democráticamente por doña Violeta Barrios de Chamo. A pesar de los sabotajes sandinistas a la transición democrática ya no había guerra, la Iglesia católica no era perseguida, no había presos políticos, no se practicaba la censura de prensa y los derechos humanos eran respetados. El país estaba iluminado por la luz de la libertad, por lo que Juan Pablo II al comparar las situaciones dijo la memorable frase de que su primera visita, en 1983, había sido durante “la gran noche oscura de Nicaragua”.
No podía imaginar el ahora santo Juan Pablo II que solo 11 años después Nicaragua volvería a estar en la oscuridad que produce la falta de libertad y democracia. Y que la Iglesia católica sería perseguida de manera tan despiadada como nunca antes había ocurrido en toda la historia nacional.