California. Las maras llegaron a El Salvador desde Estados Unidos en la década 1990, “tras la guerra civil que duró 11 años y que dejó más de 75,000 personas muertas y desaparecidas”, explica en un artículo Juan Martínez d’Aubuisson, antropólogo y periodista salvadoreño estudioso del fenómeno. La semilla se formó en California, donde ya existían pandillas conformadas por inmigrantes mexicanos entre los años 50 y 70. “Los niños y jóvenes que se fueron huyendo de la guerra civil a finales de la década de 1970 y durante la década de 1980, retornaron a través de deportaciones masivas desde Estados Unidos y llevaron con ellos un sistema de células extremadamente complejo”.
Enemigas. Las dos principales pandillas salvadoreñas son la Mara Salvatrucha 13 (número que proviene del conglomerado sureño de pandillas de California) y Barrio 18, que también es una pandilla 13. En los ochenta la MS-13 “era como una especie de hermano menor de la Barrio 18”, dice un reportaje del diario español Público. Sin embargo, en 1989 “hubo un conflicto de sangre y se inició una especie de guerra entre las dos pandillas”, que desde entonces se odiaron a muerte. El inicio de la guerra coincidió con el comienzo de las deportaciones.
Celulares. Con la aparición de los teléfonos celulares, a partir del año 2000 se consolidó la estructura piramidal de las maras, que ya podían coordinar mejor sus acciones criminales. Empezaron las extorsiones. Primero a los autobuses, luego a los negocios pequeños y finalmente a los negocios grandes. Fue entonces que el Estado salvadoreño comenzó a prestarles más atención.
Sistema complejo. Antes de la “guerra” de Nayib Bukele, la MS-13 fue la pandilla mejor implantada en El Salvador y sus “placazos” en las paredes de la ciudad datan de inicios de los 90. Pero no es muy preciso hablar de ella como una “entidad homogénea”, dice la BBC en un reportaje de 2020. Está integrada “por un crisol de programas y ciclas con autonomía operativa” y, aunque existe una especie de comandancia general, “no siempre reman en la misma dirección”. Dentro de la Barrio 18 también había diferencias y en la década pasada se partió en dos mitades: la 18-Sureños y la 18-Revolucionarios.
Acuerdo. En marzo de 2022 el presidente salvadoreño Nayib Bukele implantó un régimen de excepción que suspendió derechos constitucionales, como el derecho a la defensa, luego de que las maras mataran a 87 personas en un solo fin de semana. De acuerdo con investigaciones periodísticas, la medida que continúa vigente hasta la fecha habría respondido a la ruptura de un acuerdo secreto entre el mandatario y las pandillas, en el cual negociaron la reducción de homicidios a cambio de beneficios, entre los años 2019 y 2021.
Crímenes. Los secuestros, extorsiones y asesinatos eran parte de la agenda cotidiana de las maras, pero hay un crimen particularmente recordado por la saña con que fue cometido. El 20 de junio de 2010, en el municipio Mejicanos, una clica de la pandilla 18-Revolucionarios secuestró un microbús lleno de pasajeros que volvían de su trabajo, lo roció con gasolina, selló las entradas, le prendió fuego y disparó contra las personas que trataban de escapar por las ventanas. Hubo 17 muertos, la mayoría carbonizados, reportó la BBC.
Cárcel gigante. En febrero de 2023 Bukele presentó al mundo “la cárcel más grande de toda América”, bautizada con el elocuente nombre de “Centro de Confinamiento del Terrorismo” y construida en un espacio de 165 hectáreas adquiridas por el Gobierno central en las afueras de San Salvador. Ese mismo mes, alrededor de 2,000 pandilleros de distintas maras fueron trasladados al nuevo centro penitenciario, vestidos solo con blancos pantalones cortos y agrupados en una enorme masa humana.
Masivas. A principios de abril de 2022, según el propio Bukele, el número de pandilleros salvadoreños ascendía a 86 mil, de los que unos 16 mil estaban encarcelados. En enero de este año el ministro de Seguridad de El Salvador, Gustavo Villatoro, dijo que están «pendientes de capturar» entre 18 mil y 20 mil supuestos pandilleros en el marco del régimen de excepción.
En números. En 2015 la tasa de homicidios de El Salvador alcanzó un pico histórico de 106.3 por cada 100 mil habitantes. Fue cuando el país se consolidó como el más inseguro del mundo en tiempos de paz. En 2021 el indicador pasó a 18.1 homicidios por cada 100 mil habitantes y en 2023 cayó a 2.4. Según recientes datos oficiales del gobierno de Bukele, febrero de 2024 cerró con 0 homicidios en el país, convirtiéndose en “el mes más seguro” de la historia de El Salvador.
Barrera. Nicaragua es considerada la “barrera” que detuvo el avance de las maras en Centroamérica, el escudo de contención por el que no lograron llegar a Costa Rica, luego de haberse extendido por Guatemala, El Salvador y Honduras. Según un reportaje publicado por la BBC en 2013, esto se debió, entre otras cosas, a características propias de la sociedad nicaragüense y a que en los años ochenta los nicas recibieron mejor trato como inmigrantes en Estados Unidos, por lo que no ingresaron a agrupaciones criminales.
Nuevo orden. La estrategia de Bukele contra las maras lo ha colmado de popularidad entre un amplio sector de la población salvadoreña; pero ha tenido graves consecuencias colaterales, empezando por la concentración del poder en una sola persona, el presidente, y la creación de un Estado propicio para los abusos militares y policiales, además de la posible captura de personas inocentes. Según el periodista Juan Martínez d’Aubuisson, a quien los partidarios del presidente han calificado de “propandillas”, “las maras se vieron superadas y eventualmente desplazadas por una forma criminal mucho más eficiente, más organizada y con un poder bélico superior: la mafia de Estado bajo el mando del presidente Nayib Bukele”.