LA PRENSA, una historia de resiliencia, resurrecciones y tenacidad en la lucha por la verdad

A lo largo de su historia de 98 años, LA PRENSA ha demostrado tener una gran capacidad de resiliencia. Ha debido navegar casi siempre contra la corriente, reinventarse, sobrevivir en condiciones muy adversas y renacer después de que la han matado.

Desde su fundación el 2 de marzo de 1926 LA PRENSA enfrentó y debió vencer grandes obstáculos. El país estaba gobernado por el caudillo conservador Emiliano Chamorro Vargas, quien el 25 de octubre del año anterior había dado el golpe de Estado conocido como “el Lomazo” para derrocar al presidente constitucional también conservador, Carlos José Solórzano. Y solo dos meses y medio antes EE. UU. había puesto fin a su segunda intervención militar en Nicaragua.

Faltaba la tercera. El 2 de mayo de 1926, dos meses después del nacimiento de LA PRENSA estalló la guerra civil “constitucionalista” y EE. UU. para proteger sus intereses imperiales invadió militarmente el país por tercera vez.

En ese ambiente de caos e incertidumbre política, LA PRENSA inició su andadura en el ejercicio de un periodismo que desde sus primeros balbuceos quiso ser libre e independiente.

Por eso no pasó mucho tiempo para que LA PRENSA sufriera la represión del gobierno de José María Moncada, quien, a pesar de ser un intelectual, era alérgico a la crítica y la denuncia pública, quería que el periodismo nacional fuese sumiso e indiferente a los problemas de la República y de la gente.

LA PRENSA sufrió también las consecuencias devastadoras del terremoto de Managua del 31 de marzo de 1931, que destruyó sus instalaciones y obligó a suspender sus operaciones. Sin embargo, aquella calamidad natural creó también la oportunidad para la primera gran reinvención de LA PRENSA, cuando don Pedro Joaquín Chamorro Zelaya pasó a ser el único propietario del periódico y le imprimió el sello personal de su sabiduría y su responsabilidad intelectual.

LA PRENSA fue reconocida como defensora de la paz nacional después del fin de la guerra civil y de la tercera intervención militar de la gran potencia norteamericana. Pero además se erigió en crítica del naciente régimen dinástico de la familia Somoza y abanderado de las ideas democráticas y progresistas. Por eso sufrió una nueva y peor represión del poder político que en 1944 la cerró por la fuerza y mandó al exilio a su director propietario, don Pedro Joaquín Chamorro Zelaya.

Sin embargo LA PRENSA volvió a renacer con más ímpetu y se reinventó otra vez al incorporarse al trabajo de codirección el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien trajo de México amplios conocimientos de un periodismo más dinámico y profesional. Tras la muerte de su padre, el joven Pedro Joaquín Chamorro Cardenal asumió plenamente la dirección de LA PRENSA y le dio al periódico una fisonomía moderna, agilidad en la recolección y presentación de las noticias, pero sobre todo identificación con las mejores causas del pueblo nicaragüense.

En ausencia de un Estado republicano LA PRENSA se convirtió en la República de Papel de Nicaragua, conciencia moral de la nación y guía en sus aspiraciones de justicia y libertad.

Por eso fue que al ser asesinado el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el 10 de enero de 1978, su martirio encendió el fuego de la rebelión nacional que no paró hasta poner fin a la dictadura somocista en julio de 1979.

Lamentablemente la caída del somocismo no sirvió para establecer la república democrática que soñaba y por la que luchó el doctor Chamorro Cardenal. A pesar de la inmensa contribución intelectual y moral de LA PRENSA al derrocamiento del somocismo, y de que su directora y viuda del doctor Chamorro Cardenal, doña Violeta Barrios de Chamorro, fue incorporada a la Junta de Gobierno sandinista, no hubo en Nicaragua  libertad ni democracia republicana. Por el contrario, LA PRENSA fue sometida a nuevas prácticas de censura y represión gubernamental, peores que las de la época del somocismo.

Doña Violeta tuvo que renunciar temprano a la junta sandinista de gobierno y solo al llegar a ser presidenta de Nicaragua, en 1990, cuando por fin pudo haber una elección libre en el país, floreció la libertad de prensa como nunca antes la hubo desde que LA PRENSA fue fundada en 1926.

Por desgracia la transición democrática de Nicaragua se frustró en 2007 con el regreso de Daniel Ortega y el FSLN al poder. Y la libertad de prensa comenzó a desaparecer igual que todos los derechos y garantías indispensables en una auténtica democracia.

Así llegamos a los 98 años de LA PRENSA, en la situación más difícil y dramática de su historia casi centenaria. LA PRENSA no solo ha sido censurada y prohibida, también sus instalaciones han sido robadas, sus periodistas exiliados y su gerente general y otros directivos desterrados y privados de su nacionalidad nicaragüense.

Pero LA PRENSA palpita en el corazón y vive en la conciencia del pueblo nicaragüense, está presente en la realidad periodística publicándose en línea y las redes sociales todos los días. No dejó de publicarse ni siquiera el día nefasto cuando la fuerza policial se apoderó de sus instalaciones.

Hoy, la celebración del 98 aniversario de LA PRENSA es una oportunidad para proclamar nuestra fe, esperanza y convicción de que LA PRENSA renacerá otra vez de sus cenizas y que ¡Nicaragua volverá a ser República!

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