Acerca del despotismo y el totalitarismo

El reconocido periodista y escritor franco-estadounidense Guy Sorman, considera que la Rusia dominada de Vladímir Putin no es totalitaria. Dice que “empequeñecida tras la caída de la URSS, Rusia es simplemente despótica”.

Sorman es autor de varios libros de amplia divulgación internacional como El imperio de las mentiras, un profundo estudio sobre China comunista y Una defensa del libre mercado, entre otros.

En un artículo publicado esta semana en el periódico español ABC y reproducido por El Nacional, de Venezuela, Sorman asegura que “la muerte premeditada de Alexéi Navalni revela la verdadera naturaleza del régimen ruso actual… distinto de lo que fue el totalitarismo soviético”.

“En la época de Stalin —dice Guy Sorman— el nombre de Navalni nunca se habría mencionado; le habrían deportado o asesinado antes incluso de que pudiera pronunciarse. Por lo tanto, podemos entender la nostalgia de Vladímir Putin por el imperio soviético, que no dejaba margen para la libre expresión de los disidentes y que, curiosamente, gozaba de cierta legitimidad ideológica en el mundo, conferida por el marxismo. La Unión Soviética no solo dominaba medio mundo, sino que cosechaba considerables apoyos entre intelectuales, artistas y partidos políticos de todos los rincones del planeta”.

Explica el analista franco-americano que “el totalitarismo se basaba en una ideología y en unas creencias; el despotismo se basa únicamente en el miedo a la policía y a los servicios secretos. A diferencia de la Unión Soviética, la Rusia contemporánea pretende ser un régimen político normal, que obedece las leyes y cuenta con tribunales, juicios y abogados. Stalin no se preocupó por todos estos adornos de la democracia”.

Es importante mencionar que el enciclopedista político Rodrigo Borja define el totalitarismo como “el sistema político agudamente autoritario que despliega sobre las personas un poder ilimitado y envolvente. Poder que se introduce en todos los resquicios de la trama social. Nada deja de ser competencia estatal. No hay razonables esferas de derechos para las personas. Ni sus manifestaciones más íntimas escapan al control del poder estatal”.

En cuanto al despotismo, ya Montesquieu (1689-1755) lo definió desde el siglo 18 como “aquella forma de gobierno en que uno solo rige y gobierna, sin otra ley que su voluntad y capricho”. Para Montesquieu la causa del despotismo era —y sigue siendo, sin duda, con tanto déspota que hay en el mundo actual— la concentración de poder. Y para prevenirlo propuso su famosa teoría de la “división de poderes”, pues dividida la autoridad pública no puede convertirse en despotismo, cesarismo o dictadura en cualquiera de sus variantes.

Continuando con su tesis sobre el despotismo de Putin en Rusia, Guy Sorman asegura que “es el poder de un hombre sin ideología y sin legitimidad, ni nacional ni internacional… pero quiere el respeto de la comunidad internacional, así que finge pertenecer a ella”.

Para el análisis intelectual y la formulación de las estrategias política sin duda que es muy importante distinguir las diferencias conceptuales y operativas que hay entre el totalitarismo y el despotismo. Y puestos a escoger, hasta se podría decir que el despotismo es preferible al totalitarismo.

Pero en la realidad son dos maneras abominables de sometimiento, dos sistemas de poder que eliminan la libertad de la gente y el ejercicio de los derechos individuales, dos sistemas de aplastamiento de la dignidad de las personas humanas que lamentablemente existen y persisten hasta ahora en distintas partes del mundo.

Editorial
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