Introducción. Siempre es difícil juzgar bien a los personajes históricos. Más aún cuando son puestos en un pedestal. Entonces las emociones y los intereses políticos tienden a distorsionar los hechos. Quien pretenda encontrar la verdad detrás de las fantasías que todo mito cultiva se expone a las furias de sus sacerdotes. Pero es necesario desafiarlas.
Las nuevas generaciones nicaragüenses necesitan tener un conocimiento veraz de quien es presentado como su más grande héroe y símbolo de su nacionalidad. Obtenerlo exige abrirse a un espíritu crítico y no dejarse llevar por la propaganda o las leyendas. También un esfuerzo por entender las circunstancias y complejidades de las cuales surgió Sandino, tarea que requiere abordar el tema en varias entregas.
- Antecedentes; la Guerra Constitucionalista
El actuar de Sandino solo se puede valorar en el contexto de la Guerra Constitucionalista, el conflicto que estalló en Nicaragua a raíz del golpe de Estado dado por el caudillo conservador, Emiliano Chamorro, en 1925. Los liberales, armados por el presidente Calles de Méjico, se alzaron en guerra desde mayo de 1926. Estados Unidos, que en dichos tiempos tenía grandes rivalidades imperiales, veía con mucha preocupación la inestabilidad de Nicaragua; tanto por ser una posible ruta canalera como por estar cerca del nuevo Canal de Panamá. Se propuso entonces restaurar la paz. Presionó a Chamorro para que renunciase y en octubre invitó a los líderes de los bandos rivales a su barco Denver para proponerles como salida elecciones supervisadas por ellos mismos. Estaba a punto de lograrse un acuerdo cuando los liberales, animados por Calles a seguir peleando, rompieron las pláticas.
La guerra volvió a encenderse con furia. El ahora presidente conservador Adolfo Díaz pidió la intervención estadounidense y el 23 de diciembre comenzaron a desembarcar los marines. Su propósito, empero, no era apoyar a ninguno de los dos bandos. Jamás se involucraron en combate. Buscaban lo mismo: un arreglo entre las partes que pacificara el país. El presidente Coolidge lo explicó: “Nosotros no estamos haciendo la guerra a Nicaragua, igual que los policías en la calle no hacen guerra a los que transitan”. En abril de 1927 envió al coronel Henry L. Stimson, ex secretario de defensa. Este volvió a convocar a liberales y conservadores para reiterarles la misma oferta hecha en el Denver: elecciones con EE. UU. como supervisor imparcial. Tras ocho meses de guerra fratricida con miles de muertos, más mucha ruina y destrucción, su mensaje al fin fue bien recibido. Stimson descubrió que “todos admitían que Nicaragua nunca había tenido una elección libre”. Existía, en realidad, un creciente consenso de que era preferible que el voto popular, y no las balas, eligieran las autoridades, y que sólo una fuerza externa neutral podía garantizar elecciones libres. También que la presencia norteamericana sería necesaria para pacificar el país ante el creciente bandolerismo armado.
Adolfo Díaz aceptó las elecciones y también, en el famoso pacto del Espino Negro del 4 de mayo de 1927, el general Moncada, comandante supremo de los liberales, Es un revelador dato histórico que su decisión fue respaldada por 14 de los 15 generales de su estado mayor. La única excepción fue Sandino. ¿Por qué rechazó algo que parecía lógico y era respaldado por casi todos sus correligionarios? La repuesta oficial es porque no aceptaba la violación a la soberanía que representaba una potencia extranjera, con tropas en el suelo y pretensiones de árbitro.
La principal razón la reveló el mismo Sandino: más que rechazo a la intervención era su odio visceral hacia Adolfo Díaz, quien seguiría de presidente provisional hasta las elecciones. En carta del 24 de mayo a la comandancia norteamericana, alegó que con Díaz no podrían garantizarse comicios libres y que este, con sus vejámenes, llevaría a una nueva guerra civil. Propuso, por tanto: “Como condición sine qua non para deponer nuestras armas, que asuma el poder un gobernador militar de los Estados Unidos, mientras se realizan las elecciones presidenciales supervigiladas por ellos mismos”.
En su decisión obraron también factores como su resentimiento contra Moncada y otros de su psiquis que analizaré próximamente. Adelantando: hubo elecciones libres el 4 de noviembre de 1928. La ganaron los liberales. Una pregunta para el lector: ¿Qué decisión hubiera respaldado, la de Moncada o la de Sandino?
Humberto Belli, sociólogo, fue ministro de educación y autor de “Buscando la Tierra Prometida”, Historia de Nicaragua 1492-2019, de venta en Amazon y librerías locales.