Abandonar un gran amor

La comunicación es el amor de mi vida, al menos la relación más duradera que he tenido. Siempre soñé con ese matrimonio de hasta que la muerte los separe, en envejecer con alguien tomando café en una hamaca y comentando las noticias, las películas, los libros…, la vida, pero no se me ha dado y no me quejo porque amo lo que hago.

Cuando algún colega me dice que deja la profesión para dedicarse a otra cosa, no puedo más que pensar en lo duro que debe ser abandonar un gran amor. Y creo que en el fondo para los enamorados de la comunicación y el periodismo es así, porque nos enamoramos de lo que hacemos, de contar historias, de cumplir con la misión de informar, educar y entretener.

Más de una lágrima he visto en el rostro de periodistas a los que admiro al decir que el periodismo ya no da, que estamos “sobreviviendo”, dejando a un lado la valentía de decir “resistiendo” y dando ese permiso de sentir, y es que el dolor demanda sentirse.

Por qué duele tanto dejar una profesión y me pregunto si es igual con los médicos o los maestros, con otras carreras en las que siempre nos dicen que son de “vocación”. Al menos yo comprendo las lágrimas de alguien que se enamoró del mejor oficio del mundo y dice que por la crisis, por la carestía de la vida, por sus hijos, por ellos mismos se dedicarán a “cualquier otra cosa”, y lo dicen, así como si realmente no importara a qué, mientras rinda mejores frutos económicos.

Recuerdo la primera vez que me animé a pedirle a mi jefe un incremento de salario, le dije “de amor se viven los tres primeros meses y yo ya te di tres años”. Ahora que llevo más de 20 años haciendo periodismo y comunicación me doy cuenta que es realmente así. Uno puede decidir amar mucho, porque el amor es una decisión, pero también debe amarse uno mismo y eso pasa por cubrir tus propias necesidades básicas.

Se dice que estamos en una época de ruptura de relaciones, en que cuesta que una pareja se valore el uno al otro. Pienso que no es que el periodismo nos pague mal, es más como cuidar a la pareja cuando se enferma, cuando flaquea. Uno no se enamora solo del rostro sonriente del ser amado. Recuerdo unas tarjetas de mi niñez que decían “amor es” y una de mis favoritas era “amor es… cuidarse el uno al otro”.

El periodismo nos dio un nombre, en algunos casos era más fácil que con otros, porque Arlen Pérez hay un montón y comunicadoras más de un par, la comunicación nos dio el amor y satisfacción, pocos llegan a amar su trabajo como comunicadores y periodistas, digamos que es nuestro turno de cuidar a ese gran amor.

A veces se hacen muchos sacrificios, conozco colegas con no dos, ni tres, sino con cinco o seis trabajos para pagar lo caro que les ha resultado el exilio. Hay imágenes que la vida te ayuda a comprender mejor con la experiencia. Recuerdo que miraba las vasijas rotas unidas con oro y decían que era para demostrar que aún roto puedes valer más.  Y luego vi una de un corazón unido con oro y me di cuenta que cuando nos rompen el corazón a veces Dios lo une con el valioso metal para demostrarnos lo amado que somos y cuánto valemos.

Espero que en este momento periodistas y comunicadores estemos remendando con oro este amor por la profesión, para que cuando la crisis termine se muestre lo valioso de nuestro trabajo, lo enamorados que estamos y que supimos realmente lo que “amor es…”.

Para los que por el amor a sí mismos, por razones económicas, han abandonado este oficio con lágrimas en los ojos, quiero pensar que es como otra frase famosa: “Si amas algo déjalo libre, si regresa es tuyo, si no, nunca lo fue”. Surgirá algún proyecto, algún medio que les dará cancha de regresar a esa relación tan bonita que tenían con contar historias.

Al iniciar el mes del amor y la amistad espero mis colegas se sientan un poquito más enamorados de esa carrera que no dudaron en escoger, a pesar de la fama de que no es una profesión que uno estudia para ganar dinero, diría que con mucho esfuerzo se estudia para ganarse la vida.

La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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